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La locomotora del oeste

Chivilcoy de antaño

El intendente que volvió a los andamios

Anticipo del libro de José Yapor sobre las memorias de Edgar Angel Frígoli

 

   Angel Frígoli nació en Pizzeghetone, provincia de Cremona, localidad del norte italiano ubicada cerca del Río Po, de la frontera con Suiza y de los Alpes. Finalizada la Primera Guerra Mundial, aquel joven que estuvo alistado en el frente de combate y fue prisionero durante poco más de un año, buscó mejores horizontes en América del Sur, siguiendo consejos familiares. Se estableció en Moquehua, partido de Chivilcoy, donde trabajó como constructor.

   Teodora Aurea Aire (Airé por su fonética) nació en Norberto de la Riestra, partido de 25 de Mayo, localidad vecina de Moquehua. Descendiente de vascos por la vía paterna, Teodora se crió en un campo donde su padre, Saturnino, se desempeñaba como encargado.

   El destino quiso que ambas historias convergieran en un poblado pequeño de la pampa bonaerense. Angel y Teodora fueron los pilares de una familia numerosa, que vio la luz y creció en Moquehua. De esa unión nacieron cuatro mujeres y un varón: Lidia Regina, Nélida Ester, Angela Paulina, Elva Natividad (“China”) y Edgar Angel.

   En aquel hogar donde todo se conseguía gracias al esfuerzo, al menor de los hermanos – nacido el 22 de noviembre de 1932- lo llamaban “El Nene”, expresión cariñosa que se convirtió en una suerte de apodo que lo acompaña desde hace ocho décadas. Además de su segundo nombre, Edgar heredó de su padre el oficio de albañil. La temprana partida del inmigrante italiano, convirtió al hijo adolescente en su natural heredero y también en el principal sostén de la familia.

   “Pasé una infancia bastante buena, para aquellos tiempos en los que afloraban la humildad y la pobreza –cuenta Edgar-. Los que se veían bien eran las personas que tenían bastante campo y venían al pueblo lógicamente con otras perspectivas. Mi papá era constructor y, así y todo, no podíamos nadar en la abundancia ni mucho menos. Llevábamos una vida muy austera. Eramos cinco hijos –cuatro mujeres y yo- y en un momento fuimos los cinco a la escuela. Y claro, se ponía pesado para mi viejo, que era el único que trabajaba afuera. Mamá, a la fuerza, tenía que estar en la casa. Los cinco en la escuela significaban cinco guardapolvos, cinco libros y cuadernos”.

   Al recordar el Moquehua de antaño, Frígoli comenta que “los principales negocios eran las casas Méndez, Falabella y Cavallieri. Las tres tenían la sección de mercadería que la gente compraba a diario. Todas trabajaban muy bien. Tenían libretas y los chacareros sacaban todo el año. Tanto Méndez como Falabella tenían más de cuatrocientas libretas cada uno; clientes firmes. Había una casa más chica, que también compraba cereales. Era de Aurelio Balbín, primo de Ricardo (el líder radical). Un hijo, que se llama Raúl y en la barra le decíamos ‘Cacho’, se fue para La Plata. Primero estuvo radicado en Merlo y ahí tuvo un diario”.

   “Llegaba el tren de Buenos Aires a las doce –precisa Edgar-. Nos juntábamos todos en la estación. Recibía los diarios Miguel Ampudia, que era un ídolo en Moquehua por sus famosos cuentos. ¡Si habrá contado cuentos Miguel! A veces, el tren venía con una hora de atraso y Miguel contaba cuentos apoyado en una ventana. A las dos de la tarde pasaba el otro tren, que iba para Buenos Aires. A las seis de la mañana llegaba ‘el local’, como le decíamos nosotros. Corría todos los días y oficiaba de carguero. Cargaba leche en todas las estaciones y tardaba como cinco horas”.

   En el mes de junio de 1961, el gobierno provincial encabezado por Oscar Alende dispuso la creación de la escuela secundaria en Moquehua, mediante el Decreto Nº 2.459. En 1965, egresó la primera promoción de maestros y Frígoli fue uno de sus integrantes.

   Para poder asistir diariamente a las aulas, el joven albañil tuvo que ingeniárselas: “Compré un caballo en lo de Follis, que ya no usaban más para trote, porque estaba medio viejón. Estaba el chico de Peña, muy apto para todas esas cosas, y le digo: ‘Mirá… me tenés que hacer de chofer. Cuando lleguemos a casa hay que desatar el charré, guardar los aperos, bañar al caballo y llevarlo al potrero. Yo no voy a tener tiempo, porque tengo que saltar del charré para ir a lavarme la cara, aunque sea un poco, y luego poder ir a la escuela’. Pude ir a la escuela, porque se cursaba de noche”, destaca.

   Previo a los sucesos de octubre de 1945, en una obra sintió hablar de “un tal Perón”, hecho que reconoce como la primera referencia al líder popular con el que se identificaría toda su vida. Como protesta frente a los sucesos de septiembre de 1955, osó poner a media asta la bandera que se encontraba en el mástil de la plaza. Aquel hecho le valió una seria advertencia del funcionario policial a cargo del destacamento moquehuense. Desafiando a la proscripción dispuesta por las autoridades de facto, en los años posteriores siguieron celebrando el Día de la Lealtad, con asados y discursos. Esos hechos fueron forjando su perfil de referente peronista en su pago chico. Su mentor político fue Pascual Mazza, a quien en la villa apodaban “Cuito”.

   Tras una fugaz experiencia como concejal a mitad de los ’60, con la reapertura democrática de marzo de 1973 es elegido intendente municipal por el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), gracias al decisivo apoyo del sector gremial.

   Entre los principales logros de su gestión, Edgar Frígoli repasa: “Largamos con el pavimento del Barrio Obrero, porque la obra ya estaba aprobada y tomada por licitación. Fueron dieciocho cuadras. De salida, ‘Quique’ Devito me dijo: ‘Edgar, tenemos que luchar por la Ruta 30’. Ese era mi objetivo mayor y se tenía que hacer, porque era una obra impostergable. ‘Está en las puertas de Chivilcoy; así que tenemos que seguirla’, le dije. Todas las semanas íbamos a La Plata a pedir que la obra se concretara. Conseguimos que la alambraran y la marcaran. Se pavimentó Moquehua. ¡Eso es tan importante hasta el día de hoy! Conmigo se hicieron treinta y tres cuadras, con desagüe pluvial. Fue una obra hecha a todo costo, a todo nivel”.

   En aquellos, además, Chivilcoy amplió su oferta educativa gracias a la apertura del Centro Regional de la Universidad Nacional de Luján (Unlu). “Buscamos una casa grande y la conseguimos en la calle Pellegrini. No estaba en muy buenas condiciones, pero se le hizo un retoque y enseguida empezaron las clases. Venían muchachos de toda la zona: de 25 de Mayo, de Alberti y de Moquehua mismo. Fue una estampida de cultura y de progreso”, asegura Frígoli.

   El 17 de diciembre de 1975, en lo que constituyó el capítulo más triste y lamentable de su administración, un grupo parapolicial secuestró y asesinó a los abogados peronistas Obdulio Aníbal De Vito (“Quique”) y Oliverio Luis Capellini (“Piti”). Esa misma noche, se produjo una fuerte detonación en la sala del Teatro El Chasqui, que causó importantes daños.

   Desalojado del poder semanas después del golpe cívico-militar de marzo de 1973, Edgar volvió a su oficio de constructor, hecho que la ciudadanía chivilcoyana siempre reconoció como prueba irrefutable de su honradez en el desempeño de la función pública. En el ciclo democrático iniciado en octubre de 1983, luego de resultar derrotado en las internas partidarias, ocupó una banca en el Concejo Deliberante hasta fines de esa década.

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La Sección Segunda

Me he preguntado muchas veces si nosotros tuviéramos que fundar un pueblo: ¿lo fundaríamos en un lugar donde a cinco cuadras del centro hubiese una cañada inundadle? Definitivamente no. Hay muy pocos pueblos que dentro de la planta urbana tienen una corriente de agua, con inundaciones periódicas. Entonces, en esto tenemos que hacerle algún reproche a los fundadores. Si bien en alguna medida parece que fue accidental, porque no se ponían de acuerdo aquel 22 de Octubre de 1854 sobre el lugar y, entonces, se hacía tarde. Esa impaciencia llevó a Valentín Fernández Coria a clavar la pala simbólica en un lugar no adecuado para el centro de un poblado.
Había razones para fundarlo en este lugar. No era este un lugar desierto; no era campo limpio. Había mucha población que se había ido asentando de manera caótica. Es decir, buscando fundamentalmente las fuentes de agua para el abrevadero de las haciendas. La cercanía de cañadas y riachos era fundamental. Además, en esta zona confluían caminos y rastrilladas muy antiguos. Tenemos que tomar en consideración que el doblamiento indígena de esta zona data de aproximadamente 10.000 años antes de la llegada de Colón. O sea que hoy estamos hablando de 10.500 años. Ya estaban trazados los caminos y esas rastrilladas, especialmente la de los chilenos –que partiendo de Luján se extendía hasta Chile- pasaba donde hoy está la Ruta 5 y tenía también derivaciones que se fueron trazando con mayor frecuencia a partir de 1604, cuando pasa Hernandarias. Después, las expediciones de Manuel Pinazo, cuando iban a las salinas grandes a buscar sal para la industria del saladero en Buenos Aires.
Por la actual avenida Suárez llegaban las carretas y diligencias. La parada era una especie de estación de diligencias y estaba donde hoy están las Aguas Corrientes. Hay un mapa de Julio Suffert de 1880, donde está la playa con algunas construcciones para equipajes o quizás alojar momentáneamente a la gente.
De todas maneras, han pasado los años; los pequeños riachos y cañadas que estaban alrededor de la ciudad se fueron secando, naturalmente y, además, por el dragado que se fue haciendo en forma permanente. La cañada de Montenegro, que hoy es la Diagonal Evita entubada, dejó de constituirse en un peligro para esta zona.
Me refiero justamente a la zona de la Sección Segunda porque hay un club de los más antiguos de Chivilcoy. Se llamó originariamente All Boys (Todos Jóvenes) y se transformó luego en el Club Argentino.
Una sección que, en aquel tiempo, en la década de 1930 y mucho más en el Siglo XIX, era inundadle. En 1860, don Manuel Villarino designa con el nombre de Plaza Florencio Varela a la que estaba precariamente trazada en esta sección. Por aquellas razones –terrenos bajos e inundables-, su valor de venta era el más bajo del pueblo.
Fue habitada por la gente más pobre, conservando aspecto humilde, hasta casi el Siglo XXI. Como ejemplo, podemos citar el rancho de don Alejandro Amaya, gallinero o mercachifle de profesión, ubicado en la esquina de Lamadrid y Suipacha (hoy Club Argentino), el que conservaría su vetusta y pintoresca fisonomía criolla hasta la década de 1940.

Autor: Juan A. Larrea

1º de marzo: aniversario de hechos históricos destacados

Un 1º de marzo de 1947, se nacionalizaban los ferrocarriles. El primer gobierno peronista los compró a los ingleses en 2.460 millones de pesos. Esto fue saludado por Forja como un paso significativo en cuanto a la independencia argentina.
¿Quién iba a suponer que después de tanto tiempo íbamos a llegar a una realidad tan triste? Los ferrocarriles argentinos están prácticamente destruidos y, además, se destruyen muchas vidas porque las rutas están sobresaturadas de automóviles y camiones y tenemos horrores todos los días.
Después iban a venir las nacionalizaciones del gas, los teléfonos, la navegación fluvial y del Banco Central. O sea, se sentaron las bases para que se construyera un gran país. Seríamos un país extraordinario si hubiésemos seguido aquel derrotero; si no se hubiera quebrado la institucionalidad para servir a intereses espurios de ciertos grupos minoritarios del propio país y extranjeros.
El 1º de marzo es muy rico en acontecimientos. Por ejemplo, en 1877 se fundaba el diario La Reforma. Nicolás Fresier y Luis Alberto Mohr inauguraban este matutino chivilcoyano. Teníamos el antecedente de La Campaña, que había aparecido en 1875 y fue el primer períodico para transformarse después en diario.
El 1907, se fundaba el diario El Debate, dirigido por Antonio Seara y José Fernández Coria, con la redacción de Eduardo Fagnani. Funcionaba en la tercera cuadra de la avenida Villarino y asumió una posición claramente contraria a la política de Vicente Domingo Loveira. Cuando ocurre en 1910 el asesinato de Ortiz, este diario jugó un papel fundamental para lo que significó la muerte política de Loveira.
Tenía en el techo, en la terraza, una sirena y aparecían dos y, a veces, tres ediciones en el día. Pocos minutos antes de la aparición de cada edición, sonaba la sirena.
En muchos aspectos, Vicente Loveira fue positivo para Chivilcoy. Le debemos muchas obras y ha perdurado en el nombre de una calle y en el busto de la Plaza 9 de Julio.
En 1879, se fundaba la Escuela Nº 5, frente a la Plaza Colón. En 1945 se la iba a bautizar con el nombre de “Remedios de Escalada de San Martín”. Se trata de una plaza y una escuela que quiero mucho, porque pertenecen al barrio de mi nacimiento. Yo iba a la Escuela Nº 6 y, cuando empezó a ser demolida, allá por 1950 y tantos, una parte del alumnado concurrimos a la Escuela Nº 5 y otra parte a la Nº 1.
Es una escuela que conserva, como muchas otras de Chivilcoy, la arquitectura original. Las plazas son verdaderos monumentos históricos. El monumento a Colón, junto al de Monte Caseros (Corrientes), fue el primero en el país. Es uno de los más magníficos monumentos a Colón, con todo lo que podemos discutirlo y con todo lo que significó y significa el Día de la Raza. Está hondamente metido en el corazón de esa barriada y nosotros lo vemos así, a través de los sentimientos.
En 1909, se fundó la Escuela Nº 49, que luego sería bautizada con el nombre de “General José de San Martín”, en 1948. Originariamente no funcionaba en el lugar donde está actualmente. Funcionaba en una casona ubicada enfrente del actual edificio. La sede actual fue construida en la primera etapa del peronismo, con un criterio de arquitectura moderna. Pasado el tiempo, se iba a incorporar la sección secundaria, tan significativa para que los muchachos de esa barriada tengan a mano la posibilidad de concurrir a la escuela secundaria. Tal es así que ha quedado chica y un grupo de vecinos del Barrio Obrero están postulando la fundación de otra escuela secundaria.
Una escuela es un faro de luz civilizador. Civiliza el lugar donde se encuentra. Allá por la década del ’60, cuando ingresé a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, pude ver una ciudad con gente de mucha educación, porque la misma universidad irradiaba esa acción civilizadora.
Lo mismo atribuyo a los inmigrantes de Italia que vinieron de Salerno. Por lo menos, los que conozco, se trata de gente con una educación diferente a la de inmigrantes de otros lugares de Italia. Lo atribuyo a la influencia de la universidad, una de las primeras del mundo.
Autor: Juan Larrea

Los hoteles y las casas de pensión

Un 13 de enero de 1926, José Santos Blanco se hacía cargo de un tradicional hotel de Chivilcoy: el Internacional, ubicado donde hoy está el Club Gimnasia y Esgrima. Esa fue la casa de don Mariano Benítez, fundador de Chivilcoy.
Esta casona se transforma en hotel, con lugar para estacionamiento de carruajes y coches. Había gente que venía del campo y se quedaba dos o tres días. Es llamativo que en aquel tiempo hubiera cinco hoteles frente a la plaza principal. Hoy no tenemos ninguno. Estaba el Internacional (Moreno y Belgrano), el Vallerga (25 de Mayo y San Martín), el Buenos Aires (de planta baja y primer piso, pegado a la Municipalidad), el Restelli (Rivadavia y Pellegrini) y el Sportman (donde hoy se encuentra la Biblioteca Popular “Dr. Antonio Novaro”). El Buenos Aires era el único que no tenía estacionamiento para carruajes.

A pocos metros la plaza, pegado a la Escuela Nº 1 (actual correo), estaba el Hotel Iris. A su vez, a una cuadra y media estaba el Hotel Iglesias (calle Pellegrini) y a tres cuadras el Español, también de planta baja y primer peso.
Había una capacidad hotelera muy importante, además de las casas de pensión, como la Pensión Mazza, ubicada en la avenida Villarino, a una cuadra y media de la plaza.

Esto da una idea del movimiento comercial de Chivilcoy. Había muchos viajantes que llegaban por medio del ferrocarril. Hablamos de la década de 1920, cuando todavía no había sido asfaltada la Ruta Nacional 5. Además, en ese tiempo no era nada fácil hacer 160 kilómetros en automóvil por rutas de tierra.

Al viajante que bajaba en la estación Norte, le quedaba mucho más cómodo alojarse en el centro que en el Hotel Rambaldi, que estaba frente a la propia estación, o el 20 Septiembre, la casa de la familia Scetta, donde estuvo alojado Domingo F. Sarmiento en su última visita, en 1868.

El comercio y las industrias de Chivilcoy eran muy importantes. Aquí había fábricas de licores, carruajes, carrocerías para automóviles y camiones, cervecerías, panaderías, sastrerías, modistas, fabricantes de calzado, herrerías, talabartería y reparación de carruajes. En muchas leguas a la redonda, salvo en Mercedes, solo en Chivilcoy se podía cursar la carrera de maestro. Era en la Escuela Normal, desde 1905. Muchos alumnos y alumnas de localidades vecinas se alojaban en Chivilcoy. De ahí la cantidad de casas de pensión, que paulatinamente han ido desapareciendo por un proceso de encarecimiento del servicio, las comidas rápidas y la llegada de carreras e institutos a distintos lugares. Me acuerdo de Rosaura a las diez, de Marco Denevi, y La abadía de silencio, de Eduardo Mallea, donde aparecen aquellas casas de pensión que brindaban al pensionista un calor de hogar, porque la dueña los conocía y se reunían a la hora de cenar y en los patios en las noches de verano. Todo un fenómeno de un pasado desaparecido.

Si hablamos de la capacidad hotelera, ha sido suplida por los hoteles que funcionan en la actual: el Hotel Chivilcoy, el Chivilcoy Sur, El Petit Hotel, el Centro, el Patri y el Falcone.

La automatización, las maquinarias, el surgimiento de grandes fábricas, la invasión de productos elaborados extranjeros, hizo que desaparecieran todas aquellas industrias que se hicieron de Chivilcoy un centro industrial importante. Si se hubiera continuado con las fábricas de carrocerías, Chivilcoy sería una ciudad muy distinta. Lo mismo con las cervecerías Gandini y la de los hermanos Rothemburger.
Autor: Juan Larrea

Evocación del doctor Santiago Reyes Gómez

Hay siempre acontecimientos importantes en la historia de Chivilcoy. Hay un calendario que podemos manejar a nivel nacional e internacional, pero no hay un calendario local. He intentado hacerlo y para eso tengo fechas.
Por ejemplo, un 6 de enero de 1928 fallecía el doctor Santiago Reyes Gómez. Era médico y se había desempeñado en la llamada Conquista del Desierto, a partir de 1870 hasta 1900 y tantos. Después de haber tenido ese paso por un fortín en la provincia de Buenos Aires, llega a Chivilcoy y se casa con una señorita de la familia Ortiz, gente en ese tiempo adinerada, que jugaba y tenía un importante papel en la sociedad chivilcoyana. Tal es así que hay descendientes, por ejemplo Carlos Gómez Ortiz –excelentísima persona, gran amigo-, que me facilitó un libro que se lama Sangre nuestra, donde hay una referencia al asesinato del poeta Carlos Ortiz.
Se bautiza con el nombre de este médico el antiguo Hospital de Cirugía “José Inocencio Arias”. Arias militó en el Partido Autonomista Nacional, fue gobernador de la provincia de Buenos Aires, participó en más de cien combates y estuvo en Chivilcoy, donde se lanzó su candidatura. Estuvo también en Chivilcoy con las tropas oficiales cuando se produce el levantamiento de Mitre, en 1874, previo a la batalla de La Verde. Falleció en 1912. Una calle, que a partir de 1897 se había llamado La Plata, luego llevó su nombre: es la que actualmente se denomina Hipólito Yrigoyen
El hospital estaba ubicado donde hoy está el Museo “Pompeo Boggio”, entre las calles Bolívar y Salta, en esa esquina. Con anterioridad había sido un terreno baldío de Miguel Cibelli, tío abuelo de mi madre.
A este hospital venían a realizarse cirugías gente de Buenos Aires y de diversos lugares de la provincia. Entre sus médicos podemos citar a los doctores Santiago Fornos, Julio Zunino, Carlos Correa, entre otros de mucho renombre en aquel tiempo.
Paralelamente a la fundación del Hospital Municipal, en 1887, se fundaba también el Hospital “José Inocencio Arias”. Pero estamos hablando de clases sociales, de diversos sistemas de salud. Al Hospital “José Inocencio Arias” no se accedía con facilidad. Los “pobres de solemnidad”, como se los llamaba en ese tiempo, iban al Hospital Municipal, si bien los servicios del Hospital de Cirugía eran también gratuitos. En 1933 pasa a llamarse Asistencia Pública “Doctor Santiago Reyes Gómez”, cinco años después de su muerte. Y pasa a ser municipal.
Con posterioridad, pero no muy lejos de esa fecha, se iba a fundar el sanatorio social, pertenecientes a las asociaciones de socorros mutuos frente a la Plaza Moreno, donde después estuvo el Frigorífico El Triunfo. Era para gente que podía pagar una cuota social.
La actividad de la Asistencia Pública fue decayendo, no se renovó su instrumental quirúrgico, los elementos técnicos, y quedó reducida a un servicio de enfermería, donde uno podía ir a colocarse una vacuna o realizarse los primeros auxilios muy precarios.
Con posterioridad, a fines de la década de 1970, se instala la llamada Casa de la Cultura, que abarcaba un museo de artes plásticas, un archivo histórico y el Museo Histórico Municipal “Francisco A. Castagnino”. El museo de artes plásticas, que por iniciativa de Antonio Bardi es bautizado como “Pompeo Boggio”, sigue funcionando en el lugar. El archivo y el museo pasaron a la calle 9 de Julio 177, la antigua casa de Vicente Loveira.
Autor: Juan Larrea
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Aniversarios de estaciones y avenidas

El 7 de febrero se cumplieron 124 años de la inauguración de la estación de ferrocarril Máximo Benítez.
Siguiendo lo que es el calendario de fechas importantes de Chivilcoy, el 1º de febrero de 1910 se inauguraba la estación Chivilcoy Sur del Ferrocarril Oeste (luego Sarmiento), en esa tradicional barriada, que en aquel tiempo era prácticamente campo.
La avenida Mitre de acceso había tomado su nombre en 1906, año que recuerda dos acontecimientos relacionado con la nomenclatura de las calles: la calle Buenos Aires pasó a llamarse Carlos Pellegrini, porque justamente en 1906 fallecía Pellegrini; también ese mismo año fallecía Bartolomé Mitre y se bautizaba la avenida con su nombre.
Era una avenida de tierra. Hablamos de 1910, cuando el transporte era de tracción a sangre. De lo contrario hubiera sido muy dificultoso hacer todo ese trayecto a la flamante estación Sur para llevar las mercancías y los pasajeros.
Ya había un antecedente de algo importante en ese sector: el cementerio actual, inaugurado en 1893. El antiguo cementerio estaba en lo que es hoy el Barrio del Pito y había sido inaugurado en 1865, el mismo año en que se construye el Palacio Municipal.
A raíz del inconveniente del barro –no nos olvidemos de los zanjones de la avenida Mitre, que estuvieron hasta no hace tanto tiempo-, en 1815 se contruye el macadam, el empedrado. O sea, a cinco años de haberse inaugurado la estación. Esto facilitó enormemente el tránsito diario hasta la estación ferroviaria.
La estación Norte había quedado como punto terminal, ya que las vías no continuaban por el centro del pueblo. De ahí podemos deducir quizás un error de apreciación, una evaluación de futuro no demasiado correcta por aquellos que trazaron el ferrocarril hasta lo que era la estación Norte. Transitaba por una calle que, con el ferrocarril de un lado, resultaba demasiado angosta. La vía corría por un costado de la calle, prácticamente rozando las veredas. ¿Qué posibilidad había de poder ampliar ese recorrido para poder salvaguardar a las personas, los carruajes y el tránsito del paso del ferrocarril? Prácticamente había que demoler las viviendas que ya se encontraban en ese lugar, a lo largo de muchas cuadras; por otro lado, era imposible hacer un paso a nivel en cada esquina. Habría que haber construido un cerco que acompañara a las vías durante un trayecto considerable y esto interrumpía las comunicaciones entre las dos mitades del pueblo, porque lo dividía en dos. Estas vías fueron levantadas en tiempos del intendente Ernesto Barbagelatta, cuando pisaba fuerte Vicente Domingo Loveira.
Las vías que se instalaron para al estación Sur dejaron de ser aquellas primigenias. Estamos hablando del primigenio sistema Barlow, por aquel famoso ingeniero que había instalado aquellos rieles que se pueden ver en el Museo de Lujan. Los rieles que sostienen a La Porteña son del sistema Barlow. Eran para poco peso. Como el tamaño de los vagones y las máquinas fue aumentando, fue necesario desarrollar un nuevo tipo de rieles.
De esa forma se alejó de Chivilcoy aquel ferrocarril que teníamos a mano. Si bien venían máquinas a ese lugar, ya no cumplió el papel fundamental de otros tiempos. De ahí que esa zona, ese barrio que evolucionó rápidamente con la creación de hoteles, fondas y peluquerías, fue decayendo paulatinamente. Paralelamente fue creciendo el barrio de la estación Sur. Hablamos ya de una zona suburbana, a diferencia de la estación Norte, que estaba en plena planta urbana.
Autor: Juan Larrea

La trágica muerte de Juan Duarte

   El 8 de enero de 1926, hace 84 años, fallecía en nuestra ciudad una persona que no había tenido actuación pública ni había participado de ninguna iniciativa que tuviera que ver con la comunidad; simplemente se había dedicado a sus negocios particulares. Fue un acontecimiento sin relevancia. ¿Cómo poder citarlo? El fallecimiento de un ciudadano bien: don Juan Duarte.

   Tengo la partida de fallecimiento de Duarte y también el aviso fúnebre. Viene de la mano de Eva Duarte de Perón, una mujer que marcó una época en la política argentina, recordada con odio por una minoría reaccionaria y con cariño por las masas. Justamente, fue una de las hijas “ilegítimas” –vamos a emplear palabras antipáticas-. Tuvo once hijos Juan Duarte: seis legítimos y cinco ilegítimos. Dos fueron varones: Pedro Duarte, legítimo, y Juan Ramón Duarte, ilegítimo.

   La madre de Eva, Juana Ibarguren, era puestera en la estancia “La Unión”, en Los Toldos, y ahí conoce a Juan Duarte.

   Nacido en 1860, Duarte era hijo de inmigrantes vascos franceses. Se dedicaba a las tareas agropecuarias. ¿Dónde está esa constancia? Hay un registro donde figura como dueño de una trilladora, en la Guía Aramburú de 1907.

   ¿Cómo conoce a Juana Ibarguren si Juan Duarte estaba en Chivilcoy? Los dueños de trilladoras, en aquel tiempo, recorrían zonas muy amplias de la provincia y es muy posible que la haya conocido en una de esas giras.

   Son erróneos los datos que aparecen en Internet, por ejemplo, que indican que se había casado con Adela Grisolía. No hay ninguna Adela Grisolía. La señora se llamaba Adela Uhart. Una hija legítima de ambos se casa con un Grisolía y luego Juan Duarte va a vivir con el matrimonio de la hija, a la casa donde fueron velados sus restos, que todavía se encuentra igual a entonces. Una casa ubicada frente a la Clínica del Carmen, que, por la importancia asociada al apellido Duarte, tendría que ser declarada monumento histórico y conservar, por lo menos, el frente.

   Ocurre el accidente en la avenida Mitre, en ese tiempo empedrada, al mediodía, casi llegando a la Federación de Deportes (la cancha). En un automóvil Chevrolet de capota, venían del campo dos personas adelante y cuatro atrás. Eran dos mayores solamente: Duarte y su sobrino, Salvador Uhart, que manejaba. Uhart tenía problemas en una pierna, justamente en la que pisaba el acelerador. Venía a cierta velocidad y, por causas desconocidas, da varios tumbos, va a parar a la banquina y termina volcado en dirección contraria a como venía. Tengamos en cuenta que el empedrado es mucho más resbaladizo que el asfalto. Como resultado de este vuelco, Alcides Uhart –hijo de quien conducía- pierde la vida por un golpe en la cabeza; Juan Duarte sufre traumatismo de cráneo y la rotura de una costilla. Eso pasa el 7 de enero de 1926 y Duarte fallece un día después.

   La empresa Michellis se encarga del servicio de sepelio y está sepultado en la bóveda, la primera a la derecha en la entrada vieja del cementerio municipal.

   No sabemos si en alguna oportunidad los hijos ilegítimos, en especial Eva Perón, visitaron la bóveda del padre. Sí estuvieron en el velatorio en la avenida Villarino. Eva Duarte tenía por entonces seis años. Dicen algunos, pero son simplemente comentarios, que no dejaron entrar a la familia ilegítima en momentos en que estaban todos los demás parientes de Chivilcoy. Pero que, llegada la madrugada, les permitieron entrar. Nunca fue mencionado el nombre de Juan Duarte, que sepamos, por María Eva Duarte de Perón. Quiere decir que eran perfectamente conscientes de una situación en ese tiempo vergonzante por el vínculo extramatrimonial.

Autor: Juan Larrea

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Adolfo Alsina: figura emblemática de la política nacional

  La historia de Chivilcoy está también relacionada con la historia nacional. Y, en 1897, se le impusieron nombres a las calles de Chivilcoy, que hasta ese momento tenían solamente números. Todavía hay muchas que tienen número. Una de esas calles ha perpetuado la memoria de un político argentino: Adolfo Alsina.

   Hijo de Valentín Alsina y de doña Antonia Mazza, falleció el 29 de diciembre de 1877.  Fue nieto del doctor Vicente Mazza, que en el gobierno de Juan Manuel de Rosas desempeñó distintos cargos. Por ejemplo, tuvo a su cargo el juzgamiento de los hermanos Reinafe y Santos Pérez, a raíz del asesinato de Facundo Quiroga, en 1835, en Barranca Yaco. Mazza fue asesinado. No se supo quién lo hizo. Se supone que fue gente de la Mazorca, correspondiente al gobierno de Rosas, por la conspiración que había realizado su hijo.

   Domingo Faustino Sarmiento, dijo de Alsina -quien fue su vicepresidente- que “era un compadrito porteño”. Nunca se llevaron bien con Sarmiento. Hombres muy distintos en su forma de ser y pensar.

   Adolfo Alsina, campeón del autonomismo, quiso siempre mantener a Buenos Aires como capital de la provincia. Se opuso a su federalización. Tan es así que fue el fundador del Partido Autonomista, que luego sale del ámbito de la provincia de Buenos Aires y se transforma en el Partido Autonomista Nacional. El PAN es el partido triunfante, que luego se transforma en Partido Conservador. Podríamos decir que todos los gobiernos de la última parte del Siglo XIX y de la primera parte del Siglo XX –a excepción de los gobiernos radicales- correspondieron a esta tendencia.

   El Partido Autonomista, de ser un partido de avanzada, se transformó en conservador, tradicional, con ribetes de claro derechismo.

   El doctor Adolfo Alsina estuvo en Chivilcoy cuando llegó el ferrocarril, en 1866; fue ministro de Gobierno de Nicolás Avellaneda. Llevó a cabo aquel intento de conquista del desierto mediante avanzadas de fortines y la construcción de la famosa “Zanja de Alsina”. Todavía pueden observarse esos desniveles en lo que era la frontera sur y oeste de la provincia de Buenos Aires. También fue gobernador de la provincia.

   Su figura está unida al famoso Juan Moreira, quien fue su guardaespaldas. El caballo overo que montaba Juan Moreira y la daga que usó en sus andanzas y correrías, se los había regalado Alsina. No pudo retenerlo en Buenos Aires. El comité alquilaba la esgrima de guapo, que imponía respeto. Era un hombre de acción, sobre todo durante aquellos comicios signados por la violencia y el fraude. Eran elementos fundamentales en aquella época. Después Eduardo Gutiérrez lo lleva a las letras. Para algunos es un folletín y para una minoría, una verdadera novela, que fue despreciada por los literatos de cuello duro. Cuando Pepe Podestá le pone letra, diálogos y se transforma en pantomima, en Chivilcoy se convierte en piedra fundamental del teatro nacional. Se estrenó en la carpa de los Podestá – Scotti, frente a lo que era la Biblioteca Popular, en calle Frías, a metros de la avenida Soárez.

   La figura de Adolfo Alsina está aunada a la de Juan Moreira, así como la del “Gallego” Julio estuvo a la de Leandro Alem, como guardaespaldas. “Pero váyanlo sabiendo: soy hombre de Leandro Alem”, dijo Homero Manzi. Se lo hacía decir al “Gallego” Julio, a quien asesinó Ruggierito, que era hombre, a su vez, del Partido Autonomista Nacional.

   Alsina, figura clave en la política argentina, tuvo ribetes de bohemia, fue diputado y compartía ideas con Carlos Tejedor.

Autor: Juan Larrea

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