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La locomotora del oeste

Opinión

Piña por acá, universidad por allá: nunca tan claro

            La trompada que la diputada peronista disidente Graciela Camaño le propinó a su par kirchnerista Carlos Kunkel es una muestra más de la intolerancia con la que se manejan algunos sectores de la oposición, frente a una realidad que muestra la consolidación del proyecto nacional y popular, a partir de un renovado apoyo de la mayoría de la población.

            Paradójicamente, esta oposición nucleada en el Grupo A –espacio que comparten radicales, peronistas disidentes, socialistas, Gen, cívicos, juecistas y macristas- le reclamaba a un gobierno “soberbio y crispado”, nada menos que “apertura, tolerancia y diálogo”. Este acto brutal es la consumación de la impotencia de esa construcción legislativa, que fracasó en sus intentos por marcar agenda, en pocas ocasiones tuvo posiciones unificadas y sucumbió por sus propias diferencias internas.

            Tan denigrante fue la actitud de la diputada Camaño que ni los medios opositores pudieron ocultarla; en todo caso, buscaron disimularla y justificarla. Cabe preguntarse qué tratamiento le hubieran dado a un hecho de características similares, pero con roles invertidos en la relación agresor/agredido. No costaría demasiado imaginar tapas con títulos catástrofe en Clarín y Nación o escuchar voces horrorizadas frente al espanto en boca de los Castro, Ruiz Guiñazú o Morales Solá, por nombrar sólo a algunos de los habituales detractores del gobierno.

             Llama la atención, asimismo, la falta de condena de los diferentes bloques que componen la Cámara de Diputados. Esa actitud puede leerse como un aval a la conducta de la diputada; una suerte de “vale todo” o “aquí no ha pasado nada”. Grave actitud, porque esa pasividad naturaliza prácticas de los representantes del pueblo que no son ningún buen ejemplo para sus representados. El pedido de renuncia a la presidencia de la comisión de asuntos constitucionales, por parte del bloque oficialista, suena demasiado liviano. La diputada púgil merece ser expulsada de la Cámara de Diputados. O, para no llegar a ello, por su propia dignidad y respeto a la ciudadanía, debe hacerse cargo de su exabrupto y presentar la renuncia.

            Es de esperar que si ninguna de estas cosas ocurre, como todo parece indicar, reciba una condena social cuando su nombre figure en alguna lista sábana en comicios próximos.

            Luego del repudio y el análisis de las repercusiones mediáticas y legislativas, es necesario recordar que a pocas horas de la trompada, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguraba en Florencio Varela la Universidad Nacional “Arturo Jauretche”. Nada menos que en Florencio Varela, quizás el distrito del sur del conurbano bonaerense con mayores niveles de pobreza. Nada menos que Arturo Jauretche, el forjista que primero fue yrigoyenista, luego peronista, siempre nacional. Lo primero es una clara apuesta a la educación y la inclusión social. Lo segundo, a la memoria y al rescate de nuestras mejores tradiciones del pensamiento.

            Sí, la piña y la nueva universidad pisándose los talones en el espacio y en el tiempo. Dos modelos de país frente a frente. Dos discursos sobre una realidad marcada por un cambio de paradigmas, de donde emerge un modelo basado en la inclusión, la participación, la distribución del ingreso y la progresiva recuperación del patrimonio nacional.

            El modelo de la piña es el que mandó a los científicos “a lavar platos” en la década del ’90; el de la nueva universidad repatrió a más de 700 investigadores a través del Programa Raíces, creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y recuperó la actividad nuclear.

            El modelo de la piña es el de las jubilaciones congeladas/descontadas y el que legitimó la timba de las AFJP. El de la universidad es el que recuperó los fondos jubilatorios y promovió la ley de movilidad para los haberes de nuestros viejos y abuelos.

            El modelo de la piña es el que gritó a coro “retenciones cero” con la Mesa de Enlace y las corporaciones mediáticas aliadas. El de la universidad, garantizó “la mayor rentabilidad de la historia” para el sector agropecuario y terminó con el flagelo de los remates, como bien recordó el dirigente ruralista de Morteros durante el velatorio de Néstor Kirchner.

            El modelo de la piña es el que marcó Ezeiza como única salida para nuestros jóvenes. El de la universidad, el que los volvió a convocar para las nobles causas, les dio trabajo y posibilidades de estudiar.

            El modelo de la piña es el que cerraba todos los días una o varias fábricas y generaba desocupación y pobreza. El de la universidad, el que reactivó la industria, creó 4 millones de puestos de trabajo y redujo a una cuarta parte la tasa de desocupación.

            Sí… la piña en el Congreso y la nueva universidad en el conurbano sur. Dos modelos diferentes de país. Dos relatos contrapuestos sobre la realidad.

            Pocas veces tan visible. Nunca tan claro.

José Yapor

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Las netbooks de los pibes

            La celebración de los veinticinco años de egresados de la Escuela Normal, fue una buena excusa para estar algunas horas en Chivilcoy el sábado 13 de noviembre. En las instalaciones del campo hípico del Centro Tradicionalista “El Fogón”, unos cuarenta integrantes de la “promo 85” compartimos un rico asado, con entrada de empanadas y chorizos, regado por buen vino tinto.

            Son las ocasiones propicias para el reencuentro con tantos compañeros y amigos que, por esas cosas de la distancia, uno ve de tanto en tanto o, en algunos casos, casi nunca. En fin, una velada muy emotiva, con muchos recuerdos, canciones y baile hasta bien entrada la madrugada del domingo.

            Previo a todo esto, aproveché la tarde del sábado para visitar a familiares y gente amiga, como es habitual en cada visita al pago chico.

            En uno de esos lugares, mientras el anfitrión preparaba el mate que siempre oficia de testigo en nuestras charlas, apareció su hijo adolescente junto con otros dos pibes. Fue luego de los saludos cuando advertí que sobre la mesa del comedor había una netbook, esa computadora portátil que por su tamaño pequeño y escaso peso puede ser trasladada con facilidad de un lugar a otro.

            Como sabía que en esa última semana se entregaron computadoras a alumnos de escuelas secundarias chivilcoyanas –hecho reflejado por la prensa local en sus ediciones virtuales-, le pregunté al pibe si era una de las computadoras del Programa Conectar Igualdad. Cuando me respondió afirmativamente, fue muy grande mi alegría y sólo me salió decir: “¡Vamos todavía! ¡Esto es inclusión social!”. Y el papá y yo coincidimos en que es muy bueno esto de “poner guita” en este tipo de emprendimientos.

            Este programa, implementado por el gobierno nacional a poco de iniciado el actual ciclo escolar, prevé la entrega de más de 3 millones de netbooks hasta 2013. Cuando finalice el año en curso, unos 500 mil chicos en edad escolar habrán recibido las suyas. Los objetivos, financiamiento, aplicación y metodología se pueden consultar en el sitio de Internet especialmente habilitado (se puede acceder desde cualquier buscador ingresando simplemente conectar igualdad).

            Luego de la visita, y antes de la cena, empecé a pensar en muchas de las cosas que sucedieron en este cuarto de siglo que separa mi época de adolescente de la que transitan estos pibes. No es oportuno hacer comparaciones de tipo tecnológico, porque los momentos son totalmente diferentes. A mediados de los ‘80, la gran novedad informática era la Commodore 64, aquella de los jueguitos que muy pocas familias tenían.

            Lo interesante pasa por otro lado. Y se me ocurre pensar que nuestra generación estuvo atravesada por el proyecto pedagógico de la dictadura militar. A los que andamos un poco por encima de los 40, el golpe nos cayó por tercer grado, Malvinas nos encontró en segundo año y dimos la bienvenida a una democracia que no conocíamos, en pleno tránsito entre tercero y cuarto. Para estos pibes, en cambio, es natural que el pueblo elija a sus gobernantes y que funcionen las instituciones de la democracia. Muchos de ellos, incluso, tendrán grabadas las imágenes del fin de la tragedia neoliberal (diciembre de 2001), donde un gobernante tomó el helicóptero en un escenario de represión y hambre, donde hubo más de treinta personas asesinadas por las que nadie respondió en una década. 

            Hoy, estos pibes ven cómo desfilan por los juzgados oscuros dictadores genocidas y sus cómplices civiles. Estos pibes viven en un país que ha recuperado la cultura del trabajo y al que retornaron desde el exterior más de 700 científicos, para seguir investigando y creando conocimiento aquí. Viven en un país donde sigue habiendo pobres, pero también políticas activas para terminar con ese terrible flagelo o, al menos, mitigarlo en el corto plazo.

            Son los pibes que vienen pidiendo pista con sus ganas de participar y comprometerse en proyectos de transformación social. Son los pibes que llenan recitales y plazas, con esa actitud desafiante y sus consignas que invitan a soñar nuevamente.

            Son los pibes que ayudarán a profundizar con nuevas ideas y renovadas energías este proyecto nacional y popular, que avanza a paso firme para construir un destino de grandeza que nos comprenda a todos.

José Yapor

¡Hasta la victoria siempre... Compañero Néstor!

   Estaba cumpliendo con mi labor de censista en un edificio de la calle Vidal, en el barrio de Núñez. Trabajo novedoso, que emprendí con mucho entusiasmo. Habían quedado atrás las dos primeras viviendas censadas de la esquina y los tres primeros departamentos del edificio. Fue justo en un intervalo entre un censado y otro cuando Hortencia –la gentil encargada- me puso al tanto de “la novedad”.

   Aunque me dijo que “todavía no había nada confirmado”, la noticia me paralizó por un instante y sentí una rara mezcla de sorpresa, incredulidad y desazón. Mediaron pocos minutos entre la versión y la confirmación oficial. Desde la mesa de trabajo instalada en el pasillo de la planta baja, de la radio de una vecina se escuchaban algunas voces que delataban estupor y congoja. Sin vacilar, tomé el celular y escribí simplemente “puto día…”, como una forma de compartir tanto dolor con mi esposa, compañeros de ideales, familiares y amigos.

   No fue nada fácil sacar fuerzas para remontar la cuesta. A pesar de que todo marchaba viento en popa con el censo, las encuestas recién empezaban y todavía quedaba por delante mucho trabajo. Algunos encuestados compartían su sorpresa por la mala nueva y resultaba inevitable abstraerse del otro gran tema dominante de la jornada.

   Néstor Kirchner ya no está entre nosotros, pero nos deja su legado de militancia, lucha y compromiso con una causa, que es nada menos que la del pueblo y de la Patria.

   El día después del censo, el jueves, con pocas horas de sueño abordé el micro que diariamente me lleva a Campana. Los rostros de tantos laburantes que esperaban el micro en la parada de Panamericana y Ruta 197 eran una verdadera postal de lo que vivía el país en ese mismo instante. Hablo del país real, no de aquel que los multimedios intentan forjar a la medida de sus mezquinos intereses corporativos. Porque tienen memoria, esos trabajadores recuerdan que en el país anterior a 2003 no había tanta gente en las paradas ni tantas fábricas con persianas levantadas. Y recuerdan también que un día patrio de aquel año la historia cambió y que un hombre de las entrañas de la lejana -pero muy nuestra- Patagonia, fue su principal artífice.

   Las noches del miércoles y jueves, lo mismo que la mañana del viernes, pude contemplar y compartir desde la propia “Plaza de Perón” tantas muestras de dolor y resignación. Gente de todas las latitudes, argentinos y hermanos de Suramérica, formamos largas filas para rendir nuestro póstumo homenaje al hombre que la historia ya le reservó un lugar de privilegio. Y porque la historia es un relato pero también una metáfora, otra vez la lluvia acompañó la congoja popular, como en aquella jornada del gris julio de 1974, cuando un pueblo volcado a las calles con paraguas y pilotos saludó por última vez al argentino más grande del Siglo XX. Guardo un particular recuerdo de aquellas imágenes, que a Chivilcoy llegaban mediante la repetidora de Canal 7, el único de aire que podíamos ver sin dificultades (los otros sólo se veían “cuando estaba bien el viento”).

   Nada será igual sin Néstor. Su ausencia es un espacio muy difícil de llenar, pero al fin y al cabo, el movimiento nacional en su trayectoria épica está acostumbrado a enfrentar la adversidad y sobreponerse. ¿O fue fácil revertir el silencioso destierro de José de San Martín, forzado por la deserción política de los poderosos del puerto? ¿O fue fácil sobreponerse al definitivo destierro de Juan Manuel de Rosas tras los sucesos de Caseros? ¿O fue sencilla la tarea de reconstruir la mística luego de la muerte del General Perón? Pero desde esa adversidad el movimiento nacional construye y sigue adelante en su derrotero histórico, en busca de la definitiva emancipación de la Patria y la felicidad del pueblo.

   Con el dolor a cuestas, y aunque todavía no terminemos de reaccionar, ahora se trata de mirar hacia adelante y bancar con todas nuestras energías a la compañera Cristina, a quien le espera la nada sencilla tarea de asumir la conducción del movimiento nacional. Su coraje, su temple, sus ganas que siempre contagian y sus profundas convicciones ideológicas son las mejores reservas con las que cuenta para emprender la función que la historia le acaba de encomendar.

   Y grito con la multitud: “¡Néstor con Perón. El pueblo con Cristina!”.

Autor: José Yapor

Justicia para Mariano

   Ante los hechos de violencia producidos días atrás en el barrio de Barracas, donde fue cruelmente asesinado el militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, exigimos que la Justicia actúe rápidamente y condene con duras penas a los autores intelectuales y materiales para que el crimen no quede impune.

   Los hechos de violencia sacaron a la luz el perverso sistema de las tercerizaciones, que somete a los trabajadores a situaciones de explotación y semiesclavitud, propias de los tiempos del neoliberalismo y ejecutadas por dirigencias sindicales que traicionan los intereses de sus representados.

   También dejan entrever el serio déficit en materia de políticas de recuperación de los ferrocarriles argentinos, tema al se refirieron en este espacio el sindicalista Elido Veschi (Apdfa) y el ingeniero Sergio Klimovsky (recomendamos ver las entrevistas publicadas en Ferrocarriles Argentinos).

   Sólo pedimos un rápido esclarecimiento de los hechos y hacemos votos para que nunca más la violencia política tenga lugar en nuestra sociedad.

  

Bancamos a Correa

   Ante un nuevo intento golpista en el continente, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo ecuatoriano y nuestro más enérgico repudio a quienes encabezan esta aventura destituyente contra el gobierno de Rafael Correa.

   Estas acciones deben interpretarse en el contexto de la escalada de la derecha neoliberal en América latina, que tienen como tristes antecedentes el golpe contra el gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, la masacre de Puente Llaguno en Venezuela, los planteos secesionistas de “la media luna” boliviana y las proclamas golpistas que los argentinos sufrimos durante el conflicto fogoneado por las patronales sojeras.

   Por todos los medios, los grupos de poder de la región –montados en el éxito electoral de Sebastián Piñera en Chile- buscan disciplinar a los gobiernos que quieren conducir soberanamente los destinos de sus países, sin subordinaciones de ninguna clase. Y hablamos de Lula, Evo Morales, Hugo Chávez y Cristina Fernández.

   Así como en la Argentina quisieron pero no pudieron, tampoco pasarán en Ecuador, país devastado por las políticas neoliberales de los ’90, que hoy quiere volver a escribir su destino de grandeza junto a sus hermanos de Iberoamérica.  

   Una vez más, frente a estos abominables acontecimientos, la República Argentina vuelve a ser el epicentro de la solidaridad regional. Y no es casualidad que hayan arribado de inmediato a Buenos Aires mandatarios de países vecinos para analizar la situación y definir acciones conjuntas. No es casualidad y, a la vez, debe llenarnos de orgullo, porque desde 2003 el país abandonó la política de “relaciones carnales” y construyó una agenda común con sus hermanos de América del Sur. El máximo reconocimiento a ese cambio de paradigma fue el voto unánime que meses atrás coronó al ex Presidente Néstor Kirchner secretario general de la Unasur y, hace pocos días, a Cristina como máxima referente del Grupo de los 77.

   En cada país los pueblos deben ganar la calle y permanecer en vigilia el tiempo que haga falta, porque sólo la solidaridad internacional con el pueblo ecuatoriano puede cerrarles las puertas a estos aventureros golpistas, que quieren llevarse puestos a los gobiernos progresistas del continente.

   Es oportuno recordar las palabras de la ex secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice, cuando allá por 2005 manifestó: "Para que el Sur del continente pueda ser asimilado, éste debe alejarse de la figura de Perón. Sí, de aquel nazi demagogo llamado Juan Domingo Perón".

   Justamente, gobiernos como el de Correa han rescatado el legado del tres veces Presidente de los argentinos y hoy los enemigos del pueblo quieren gestar un nuevo septiembre de 1955, pero esta vez no podrán.

   Y con Evita les decimos que “a la fuerza brutal de la antipatria opondremos la fuerza popular organizada”.

   ¡Fuerza Ecuador! ¡Fuerza Rafael! ¡Viva la Patria Grande Latinoamericana que hoy, de pie, rescata la lucha de los Libertadores!

Autor: José Yapor

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Ahora que salió la ley, hablemos todos

   Era octubre y viernes. Atrás quedaban los ecos del Nobel de Literatura para la escritora rumana Herta Müller, mientras las primeras noticias de la jornada daban cuenta de que Barack Hussein Obama era el nuevo Nobel de la Paz. En Kraft continuaban las negociaciones por la reincorporación de los operarios despedidos. El fútbol, ¿cuándo no?, también era noticia: la noche anterior, Boca vencía a Racing en el Cilindro de Avellaneda, Caruso Lombardi renunciaba sin más vueltas a la dirección técnica de la “Academia” y ya se palpitaba el partido que un día después disputarían las selecciones de Argentina y Perú en el Monumental.

   Sin embargo, no era un viernes más. Era el día en que la democracia argentina tenía la posibilidad de saldar una de sus tantas deudas, después de veintiséis años de marchas, contramarchas, concesiones y claudicaciones en materia de legislación de medios audiovisuales. El día en que podía quedar atrás el Decreto Ley Nº 22.285, surgido de un poder ilegítimo y hecho a la medida de los intereses de las grandes corporaciones.

   Después de su paso por Diputados, donde se alcanzaron importantes consensos entre el bloque oficialista y diferentes expresiones del espacio de centroizquierda, la decisión estaba en manos del Senado. Ese ámbito donde suelen hacerse fuertes las expresiones conservadoras de la sociedad; donde cualquier iniciativa transformadora puede llegar a quedar en el camino, con muy pocas posibilidades de revancha. Donde cualquier eventual empate, es derrota segura…

   A pesar del optimismo que, en cuanto a los cálculos previos, mostraban los integrantes del bloque del Frente para la Victoria, ni el más osado analista se animaba a afirmar que en la madrugada del sábado el proyecto se convertiría en ley. A diferencia de lo que había ocurrido en la Cámara Baja dos semanas antes, la oposición anunciaba que no se retiraría del recinto y que intentaría modificar una serie de artículos para que retornase a Diputados.

   Afuera, en la Plaza de los Dos Congresos, una verdadera multitud se congregaba desde las cinco de la tarde para seguir las alternativas del debate, en respuesta a la convocatoria a una radio abierta realizada por la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Ese espacio de convergencia de 300 organizaciones de la sociedad civil, de donde surgieron los 21 puntos que la nueva normativa contempla.

   Alrededor de las diecinueve, el marco era imponente. Había columnas de partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, núcleos estudiantiles, grupos religiosos, radios comunitarias y pueblos originarios. Por los altavoces, la gente de la Coalición informaba que había más de 40.000 personas. Salvando tiempos y distancias, pero siempre en octubre, se respiraba un aroma al scalabriniano “subsuelo de la Patria sublevado”. Los bombos, redoblantes, pancartas y banderas aportaban  ritmo y color a un atardecer caluroso. En el escenario se sucedían artistas populares y oradores. Entre unos y otros, los locutores leían adhesiones de organizaciones y personalidades de la cultura, el arte, la educación, la ciencia, la política, el movimiento obrero y los derechos humanos.

   La madrugada, por fin, marcó la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (la mal llamada “Ley K” por Clarín y América), primero en general y horas más tarde en particular.

   La nueva normativa abre el espectro del sistema de medios audiovisuales para que participen nuevos actores: además del Estado y las empresas privadas podrán ser titulares de licencias las cooperativas, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, los pueblos originarios y los sindicatos.

   La aplicación estará a cargo de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, integrada por representantes del Poder Ejecutivo Nacional (2), el Congreso (3) y el Consejo Federal (2). Este último estará compuesto por representantes de cada provincia y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entidades empresariales y del sector social, universidades nacionales con facultades y/o carreras de Comunicación Social, emisoras universitarias, medios públicos, sindicatos de trabajadores de medios, sociedades gestoras de derechos y pueblos originarios.

   Una ley que prevé un rol activo del Congreso de la Nación, mediante el funcionamiento permanente de la Comisión Bicameral de Promoción y Seguimiento de la Comunicación Audiovisual. Una ley que impide las posiciones dominantes en el sistema, mediante el límite en la asignación de licencias.

   En fin, un instrumento legal perfectible, que debe entrar en vigencia en forma rápida para que la democratización de la palabra deje de ser un mero enunciado y se traduzca en una práctica concreta. Para que no tengamos que esperar otro cuarto de siglo.

Autor: José Yapor

Nota escrita en Octubre de 2009, tras la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en el Senado.

El contraste entre dos épocas

   Los datos que arrojó el muestreo realizado recientemente en nuestra ciudad, con vistas al próximo censo nacional, revelan que Chivilcoy transita por una senda de crecimiento sostenido, con inclusión social y altos índices de ocupación laboral.

   El trabajo desarrollado por profesionales y técnicos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) proyecta una población cercana a los 73 mil habitantes y un 4% de desocupación en la población económicamente activa. Este último guarismo es un 50% menor a la tasa de desempleo que, en promedio, registran las diferentes regiones del país.

   Voy a contar una anécdota que refleja el contraste con lo que sucedía hace exactamente una década en el país y en la propia ciudad: como es habitual en cada verano, estaba de visita por aquí y, un sábado, entré a un quiosco céntrico cerca de la medianoche para efectuar alguna compra. Recuerdo que le manifesté al comerciante mi sorpresa al encontrar tan poca gente en la plaza y tan escaso movimiento. Resignado, el hombre me respondió: “Está todo tan mal, que la gente perdió hasta las ganas de salir. Son muy pocos los que pueden entrar a una confitería a tomar algo”.

   Esas crudas palabras definían una realidad y preanunciaban lo que sucedería tiempo después, en los recordados acontecimientos de diciembre de 2001.

   Un país se caía a pedazos, como consecuencia de las políticas de ajuste, recesión y entrega del patrimonio nacional. Y la ciudad, que nunca fue una isla, acompañaba ese tránsito a un naufragio inevitable.

   Pero un buen día, el sol del 25 volvió a asomar y, poco a poco, la actividad productiva se fue recuperando y abrió paso a seis años consecutivos con índices de crecimiento del orden del 9%.

   Y llegó el aluvión de obras públicas: el anfiteatro, los bulevares, la puesta en valor de edificios públicos, la segunda circunvalación, la ampliación del Parque Industrial, la extensión de las redes de agua y cloacas, los programas de vivienda social, el centro universitario, los nuevos accesos y trabajos de pavimentación en distintas calles del sector urbano.

   Como contracara de aquello, un país que retomó la senda de la producción y el trabajo y, como fiel testigo, una ciudad que recuperó el orgullo de ser la Perla del Oeste.

   Pero a no confundir…

   Afirmar que “aquí no hay problemas” sería propio de una actitud de tipo fundamentalista. Las necesidades siguen existiendo y habrá que darles respuestas a los sectores de la población que las padecen. Pero para lograrlo, lo indicado es profundizar  el camino emprendido, con un Estado presente que cumpla con el rol activo que le compete en materia de diseño y aplicación de políticas de inclusión e igualdad de oportunidades.

    En definitiva, los datos del muestreo, al igual que los del censo municipal realizado en 2009, posicionan a Chivilcoy como uno de los partidos más prósperos de la provincia de Buenos Aires y, por qué no, de la Argentina.

(Nota editorial del programa difundido el 31/01/10 - "La locomotora" - Radio Local FM 103.7 - Chivilcoy - B.A. - Argentina)

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Presentación primer programa del 2º ciclo

            Otra vez en marcha. Sí, otra  vez surcando rieles cargados de sueños, proyectos y utopías.

            Otra vez en al aire, pero con los pies sobre la tierra y las ganas de seguir avanzando juntos.

            Otra vez con la voluntad a cuestas y la maleta cargada de ilusiones.

            Otra vez con nuestras broncas y alegrías, nuestras marchas y contramarchas, nuestros más y nuestros menos.

            Otra vez con eso que mantenemos en lo alto y que, pese a todo, no nos pudieron quitar: la esperanza, la capacidad de creer en nuestras propias fuerzas.

            Decir “otra vez” es decir “estar de nuevo” y estamos de nuevo porque, en definitiva, nunca nos fuimos. Porque al llegar a la última estación dijimos que en un tiempo más reanudaríamos la marcha. Ese tiempo llegó y es este mismo que empezamos a compartir.

            Es el tiempo de seguir apostando por la cultura del trabajo, la única que hace grandes a las naciones y felices a los pueblos.

            Tiempo de seguir bancando a la memoria, para que ni el olvido ni la impunidad vuelvan a reinar en estas tierras.

            Tiempo de democratizar la palabra, con nuevas voces y nuevos medios, para que nunca más los monopolios mediáticos puedan imponer sus mezquinas verdades y pensamientos hegemónicos.

            Tiempo de darle dura pelea al flagelo de la pobreza y la exclusión, objetivo que sólo se conseguirá con un reparto más justo de la riqueza. Tiempo, también, de enfrentar poderosos intereses corporativos, esos que siempre van por más y ahora vienen por todo.

            Tiempo de entender que Argentina es parte de la Patria Grande Iberoamericana y que su destino está inevitablemente atado a la suerte que corran las naciones hermanas del continente, con quienes debemos construir una verdadera comunidad cultural, social, política y económica.

            En marcha. Sí, otra vez en marcha.

            La locomotora volvió y avanza con todo. No te decimos: “Correte que te pasa por encima”. Preferimos decirte: “Vení… estás invitado a viajar; enganchate, que hay lugar para todos”.

(“La locomotora” - Presentación programa inicial ciclo 2010 – Radio Local – FM 103.7 Chivilcoy – B.A. - Argentina)

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