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La locomotora del oeste

“Los de la colectividad nos conocíamos todos”

Armando Daude destacó el trato cordial que existía entre las distintas familias de origen árabe en nuestra ciudad.

 

   Del matrimonio que conformaron Miguel Daude y Emilia Jorge, nacieron Alfredo, Teresa, Floro, Ismael, José, Eduardo, Delia, Siria y Armando.

   Fue justamente Armando quien contó los principales hechos de una historia familiar que comenzó a escribirse en Gorostiaga, cerca del arroyo Las Saladas.

   “Tanto mi padre como mi madre vinieron de Siria. Los presentó mi tío, el hermano de mi madre, que a mi papá ya lo conocía. Antes los paisanos se presentaban así”, explica.

   “Cuando yo era muy chico, vivíamos en Gorostiaga, donde mi padre salía a vender ropa en el charré. Vivimos en el campo de los Mora, que quedaba pasando Las Saladas. Después nos vinimos a Chivilcoy, al Barrio del Pito, al famoso Barrio del Pito. La casa estaba en la avenida 22 de Octubre y Brandsen. A mi madre la conoció en Buenos Aires, cuando ella vino con el hermano”, cuenta Armando.

   “Con lo que vendía en el recorrido que hacía por el campo, ganaba el sustento para la familia. Mi mamá tenía demasiado trabajo en la casa. Algunas veces papá tardaba una semana en volver. Mi hermano Emilio hizo el mismo trabajo que mi padre, hasta que falleció. Mucho tiempo salió en jardinera con dos caballos. Yo era chico y le abría el portón. Recuerdo que muchas veces se llevaba por delante el tapial con la jardinera y lo volteaba. Emilio domaba animales. Después se fue modernizando y compró una camioneta. Con los años fue cambiado los vehículos. Tenía mucha clientela y mucha gente conocida, en las localidades de la zona que siempre visitaba. Emilio tenía gallos de raza, participaba en las exposiciones y sacó muchos premios”, recuerda.

   Y continúa el relato: “En la época de cosecha íbamos a juntar maíz. Lo hacían más los italianos, pero también iban muchos árabes, porque había poco trabajo. En Chivilcoy, los de la colectividad árabe nos conocíamos todos y nos tratábamos siempre con ese respeto que nos daba la convivencia de muchos años. Acá cerca estaba Maizú, que para mi era como un hermano. Con los Salomón siempre nos tratamos como primos. De los once hermanos quedamos dos: Delia y yo. Somos familiares de los Jorge, de la Plaza Mitre. Los mayores han fallecido y han quedado los sobrinos y nietos”, agrega.

   Entre sus primos de apellido Jorge, menciona a Ernesto, Floro, Juan Carlos (‘Catuto’) y ‘Ñata’, hijos de Domingo.

   María Inés Coviello, esposa de Armando, también aporta sus recuerdos de otros inmigrantes de origen árabe: “Nosotros vivíamos en la quinta de mis abuelos Coviello, en la calle Laprida al 900, que todavía está. Pasaba en jardinera don Fortunato Cura, creo que una vez por semana. ¡Qué buena persona que era! Un hombre muy respetuoso. Le comprábamos cosas que él llevaba y, a su vez, le sabían vender gallinas y huevos. También solía ir don Jacinto Elías, que vendía hilos y llevaba una canasta grande. Cuando él iba, yo ya era grande y cosía. Como estábamos en la quinta, los esperábamos y sabíamos el día en que vendrían. ¡Qué cosa distinta a lo de ahora! Tenían un trato especial; eran muy amables y muy cariñosos. Nosotros éramos chicos y los esperábamos”, finaliza.

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