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La locomotora del oeste

Piña por acá, universidad por allá: nunca tan claro

            La trompada que la diputada peronista disidente Graciela Camaño le propinó a su par kirchnerista Carlos Kunkel es una muestra más de la intolerancia con la que se manejan algunos sectores de la oposición, frente a una realidad que muestra la consolidación del proyecto nacional y popular, a partir de un renovado apoyo de la mayoría de la población.

            Paradójicamente, esta oposición nucleada en el Grupo A –espacio que comparten radicales, peronistas disidentes, socialistas, Gen, cívicos, juecistas y macristas- le reclamaba a un gobierno “soberbio y crispado”, nada menos que “apertura, tolerancia y diálogo”. Este acto brutal es la consumación de la impotencia de esa construcción legislativa, que fracasó en sus intentos por marcar agenda, en pocas ocasiones tuvo posiciones unificadas y sucumbió por sus propias diferencias internas.

            Tan denigrante fue la actitud de la diputada Camaño que ni los medios opositores pudieron ocultarla; en todo caso, buscaron disimularla y justificarla. Cabe preguntarse qué tratamiento le hubieran dado a un hecho de características similares, pero con roles invertidos en la relación agresor/agredido. No costaría demasiado imaginar tapas con títulos catástrofe en Clarín y Nación o escuchar voces horrorizadas frente al espanto en boca de los Castro, Ruiz Guiñazú o Morales Solá, por nombrar sólo a algunos de los habituales detractores del gobierno.

             Llama la atención, asimismo, la falta de condena de los diferentes bloques que componen la Cámara de Diputados. Esa actitud puede leerse como un aval a la conducta de la diputada; una suerte de “vale todo” o “aquí no ha pasado nada”. Grave actitud, porque esa pasividad naturaliza prácticas de los representantes del pueblo que no son ningún buen ejemplo para sus representados. El pedido de renuncia a la presidencia de la comisión de asuntos constitucionales, por parte del bloque oficialista, suena demasiado liviano. La diputada púgil merece ser expulsada de la Cámara de Diputados. O, para no llegar a ello, por su propia dignidad y respeto a la ciudadanía, debe hacerse cargo de su exabrupto y presentar la renuncia.

            Es de esperar que si ninguna de estas cosas ocurre, como todo parece indicar, reciba una condena social cuando su nombre figure en alguna lista sábana en comicios próximos.

            Luego del repudio y el análisis de las repercusiones mediáticas y legislativas, es necesario recordar que a pocas horas de la trompada, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguraba en Florencio Varela la Universidad Nacional “Arturo Jauretche”. Nada menos que en Florencio Varela, quizás el distrito del sur del conurbano bonaerense con mayores niveles de pobreza. Nada menos que Arturo Jauretche, el forjista que primero fue yrigoyenista, luego peronista, siempre nacional. Lo primero es una clara apuesta a la educación y la inclusión social. Lo segundo, a la memoria y al rescate de nuestras mejores tradiciones del pensamiento.

            Sí, la piña y la nueva universidad pisándose los talones en el espacio y en el tiempo. Dos modelos de país frente a frente. Dos discursos sobre una realidad marcada por un cambio de paradigmas, de donde emerge un modelo basado en la inclusión, la participación, la distribución del ingreso y la progresiva recuperación del patrimonio nacional.

            El modelo de la piña es el que mandó a los científicos “a lavar platos” en la década del ’90; el de la nueva universidad repatrió a más de 700 investigadores a través del Programa Raíces, creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y recuperó la actividad nuclear.

            El modelo de la piña es el de las jubilaciones congeladas/descontadas y el que legitimó la timba de las AFJP. El de la universidad es el que recuperó los fondos jubilatorios y promovió la ley de movilidad para los haberes de nuestros viejos y abuelos.

            El modelo de la piña es el que gritó a coro “retenciones cero” con la Mesa de Enlace y las corporaciones mediáticas aliadas. El de la universidad, garantizó “la mayor rentabilidad de la historia” para el sector agropecuario y terminó con el flagelo de los remates, como bien recordó el dirigente ruralista de Morteros durante el velatorio de Néstor Kirchner.

            El modelo de la piña es el que marcó Ezeiza como única salida para nuestros jóvenes. El de la universidad, el que los volvió a convocar para las nobles causas, les dio trabajo y posibilidades de estudiar.

            El modelo de la piña es el que cerraba todos los días una o varias fábricas y generaba desocupación y pobreza. El de la universidad, el que reactivó la industria, creó 4 millones de puestos de trabajo y redujo a una cuarta parte la tasa de desocupación.

            Sí… la piña en el Congreso y la nueva universidad en el conurbano sur. Dos modelos diferentes de país. Dos relatos contrapuestos sobre la realidad.

            Pocas veces tan visible. Nunca tan claro.

José Yapor

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1 comentario

marce -

La diputada púgil...me encantó
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