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La locomotora del oeste

No pueden “por derecha”

            La derecha no puede por derecha –ironía del destino- y apela a todos los recursos a su alcance para crear un clima enrarecido, que contribuya a debilitar al gobierno nacional.

            Cuando hablamos de la derecha, aludimos a ese bloque ideológico que representa al poder económico concentrado, que recuerda con nostalgia los oscuros años de la dictadura cívico militar y del neoliberalismo de los 90.

            Esa derecha tiene su versión patronal en entidades como la Asociación Empresaria Argentina, la Unión Industrial Argentina y la Mesa de Enlace agropecuaria.

            Tiene su expresión multimediática que, con el Grupo Clarín a la cabeza, se encarga de construir una realidad informativa hecha a la medida de sus intereses. En esa lógica, todo aquello que pueda reportar algún rédito para el oficialismo, pasará a un segundo plano, será seguido por un “pero” o, simplemente, invisibilizado. Por el contrario, todo lo que lo pueda erosionar, se potenciará.

            Tiene su versión sindical, encarnada en figuras como los llamados gordos, el gastronómico Luis Barrionuevo y el conductor de las 62 Organizaciones, Jerónimo Venegas.

            Tiene su pata clerical, en exponentes como los monseñores Jorge Bergoglio, Héctor Aguer y Jorge Casaretto.

            Y, por supuesto, su pata política en un variado menú de opciones que incluye a procesistas, cívicos, macristas, duhaldistas y ex aliancistas. Los mismos que participaron de la fallida aventura legislativa del Grupo A que “se fue a la B”.

            Esta última expresión, la político-partidaria, es disciplinada por las corporaciones patronales y mediáticas. Sólo basta recordar la foto de la mesa larga en la última exposición rural de Palermo, donde todos ellos se rindieron a los pies de Hugo Biolcati, y la cena que compartieron para recibir instrucciones en la casa del jefe de Clarín.

            En la jerga popular, “ir por derecha” significa actuar con apego a la ley y las buenas costumbres. En términos políticos, esto se traduce en respetar la institucionalidad, competir en forma leal y aceptar el veredicto popular por amargo que a veces resulte.

            Ellos saben bien que el clima político actual en nada se asemeja al que ayudaron a crear durante el conflicto por la Resolución 125 y que muy poco tiene que ver con el de mediados de 2009, cuando en plena crisis financiera internacional el kirchnerismo sufrió su primer revés electoral.

            Desde entonces, corrió mucha agua bajo el puente. En el Congreso demostraron que son incapaces de elaborar una agenda legislativa superadora y que a lo único que apuntan es a obstruir. El oficialismo demostró que, pese a no controlar las cámaras, puede seguir adelante con la gestión de gobierno y esa gestión hoy puede mostrar logros tan importantes como la creación de más de 4 millones de puestos de trabajo, la nacionalización de los fondos jubilatorios, la implementación de la Asignación Universal por Hijo, un ambicioso plan de obras públicas en plena ejecución, récord de ventas de automóviles, récord de ocupación hotelera en los centros turísticos, récord de cosechas, récord de consumo eléctrico y un crecimiento sostenido de la economía. Y el regreso de 700 científicos. Y los juicios y condenas a los represores. Y la ley de matrimonio igualitario. Y la ley de medios de la democracia, con nuevas voces y nuevos actores. Y el júbilo de los festejos del bicentenario. Y un largo etcétera.

            No pueden y, de ello, son conscientes. Quedó atrás el duro diciembre, con las inducidas tomas del Parque Indoamericano y del Club Albariño, con la inducida pedrada de Constitución, con los inducidos cortes de accesos a la capital.

            Atrás quedó el parate obligado que imponen las fiestas. “Disimulemos un poco. ¡No vaya a ser que resulte tan alevoso!”. Y, por fin, llegó el turno de las patronales rurales, con el anunciado cese de comercialización de cereales y oleaginosas. Esta medida debe leerse en línea con los hechos previos a las fiestas, que recién mencionábamos. Recuérdese que el líder de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, dijo alguna vez que su propósito consiste en “desgastar al gobierno”. Recuérdese el diálogo televisivo entre Mariano Grondona y Hugo Biolcati, donde ambos presagiaron una salida anticipada del poder de la presidenta Cristina Fernández.

            Desgastar, erosionar, obstruir, provocar. De eso se trata y todo vale. Estas acciones serán una constante en este 2011 electoral y, tanto el gobierno como los ciudadanos de buena voluntad, debemos andar rápidos de reflejos para cerrarles las puertas a tantos aventureros, que siguen dando vueltas por ahí como aves de rapiña.

Autor: José Yapor

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