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La locomotora del oeste

La Sección Segunda

Me he preguntado muchas veces si nosotros tuviéramos que fundar un pueblo: ¿lo fundaríamos en un lugar donde a cinco cuadras del centro hubiese una cañada inundadle? Definitivamente no. Hay muy pocos pueblos que dentro de la planta urbana tienen una corriente de agua, con inundaciones periódicas. Entonces, en esto tenemos que hacerle algún reproche a los fundadores. Si bien en alguna medida parece que fue accidental, porque no se ponían de acuerdo aquel 22 de Octubre de 1854 sobre el lugar y, entonces, se hacía tarde. Esa impaciencia llevó a Valentín Fernández Coria a clavar la pala simbólica en un lugar no adecuado para el centro de un poblado.
Había razones para fundarlo en este lugar. No era este un lugar desierto; no era campo limpio. Había mucha población que se había ido asentando de manera caótica. Es decir, buscando fundamentalmente las fuentes de agua para el abrevadero de las haciendas. La cercanía de cañadas y riachos era fundamental. Además, en esta zona confluían caminos y rastrilladas muy antiguos. Tenemos que tomar en consideración que el doblamiento indígena de esta zona data de aproximadamente 10.000 años antes de la llegada de Colón. O sea que hoy estamos hablando de 10.500 años. Ya estaban trazados los caminos y esas rastrilladas, especialmente la de los chilenos –que partiendo de Luján se extendía hasta Chile- pasaba donde hoy está la Ruta 5 y tenía también derivaciones que se fueron trazando con mayor frecuencia a partir de 1604, cuando pasa Hernandarias. Después, las expediciones de Manuel Pinazo, cuando iban a las salinas grandes a buscar sal para la industria del saladero en Buenos Aires.
Por la actual avenida Suárez llegaban las carretas y diligencias. La parada era una especie de estación de diligencias y estaba donde hoy están las Aguas Corrientes. Hay un mapa de Julio Suffert de 1880, donde está la playa con algunas construcciones para equipajes o quizás alojar momentáneamente a la gente.
De todas maneras, han pasado los años; los pequeños riachos y cañadas que estaban alrededor de la ciudad se fueron secando, naturalmente y, además, por el dragado que se fue haciendo en forma permanente. La cañada de Montenegro, que hoy es la Diagonal Evita entubada, dejó de constituirse en un peligro para esta zona.
Me refiero justamente a la zona de la Sección Segunda porque hay un club de los más antiguos de Chivilcoy. Se llamó originariamente All Boys (Todos Jóvenes) y se transformó luego en el Club Argentino.
Una sección que, en aquel tiempo, en la década de 1930 y mucho más en el Siglo XIX, era inundadle. En 1860, don Manuel Villarino designa con el nombre de Plaza Florencio Varela a la que estaba precariamente trazada en esta sección. Por aquellas razones –terrenos bajos e inundables-, su valor de venta era el más bajo del pueblo.
Fue habitada por la gente más pobre, conservando aspecto humilde, hasta casi el Siglo XXI. Como ejemplo, podemos citar el rancho de don Alejandro Amaya, gallinero o mercachifle de profesión, ubicado en la esquina de Lamadrid y Suipacha (hoy Club Argentino), el que conservaría su vetusta y pintoresca fisonomía criolla hasta la década de 1940.

Autor: Juan A. Larrea
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