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La locomotora del oeste

La rica experiencia y los ricos sabores de La Argentina

Beatriz Jacob y Magali Torres contaron la historia y hablaron del presente y futuro de la cooperativa gastronómica del barrio de Balvanera


Todos los días, después de las 12, el local de la calle Azcuénaga se puebla de clientes que optan por una alternativa saludable y, a la vez, económica para el almuerzo.
La propuesta de la Cooperativa de Trabajo La Argentina incluye panificados, sándwiches, minutas, comidas rápidas, tortas y postres, elaborados con productos frescos y de buena calidad, sumados a la dedicación constante de su gente.
Las empresas recuperadas tienen historias comunes, pero a su vez cada una de ellas tiene sus propias particularidades y es eso lo que las transforma en experiencias apasionantes, donde conviven el espíritu de lucha, la actitud de resistencia ante la adversidad y esas ganas de seguir poniendo el cuerpo para que todo siga adelante, a pesar de los obstáculos que aparecen en el camino.
Primero Beatriz Jacob, tesorera, y luego su presidenta, Magali Torres, contaron a “La locomotora” de qué manera se fueron dando los hechos que condujeron a la gestión por parte de los propios trabajadores.

¿Cuáles fueron los hechos que marcaron el nacimiento de la cooperativa?

Beatriz: Nosotros comenzamos en el año 2003. Quedamos seis compañeros solos. Los dueños la abandonaron y entonces, por decisión de los seis, se resolvió conformar una cooperativa. Hicimos todos los trámites ante el Inaes y la Municipalidad, en el año 2004, nos dio la expropiación. Desde el 2004 la fuimos levantando de a poco y llegamos al año 2009 con veintidós integrantes. Acá no hay personal contratado; todos somos integrantes de la cooperativa y estos es prácticamente una familia, porque están los hijos de uno y los nietros del otro. Trabajamos en familia.

¿Cómo era la situación cuando se hicieron cargo?

Beatriz: Cuando lo tomamos no había gas, agua, luz ni teléfono. Nada. Estaban cortados todos los servicios. No había materia prima porque el anterior dueño había dejado esto vacío. Eramos tres varones y tres mujeres. Los varones se quedaban acá y las mujeres éramos las únicas que íbamos a nuestros domicilios. Empezamos con una mano atrás y otra adelante comprando un poquito de harina, con lo que teníamos, y con eso se empezó a elaborar pan y facturas. En Disco vendían dos paquetes de harina por el precio de uno y era por persona. Los vecinos y nosotros íbamos varias veces para poder juntar harina y hacer la materia prima. Los vecinos colaboraron ayudándonos y comprándonos mercadería. Así la fuimos levantando. Hoy no digo que es un monstruo, pero está evolucionando cada día más.
El comerciante mayorista nos traía mercadería si teníamos la plata. Si no, nada, porque el anterior dueño le había dejado deudas. Entonces, teníamos que juntar pesito a pesito y comprábamos la harina, la margarina y la grasa con la plata en la mano hasta que nos fueron conociendo. Acá se compra al contado.
Magalí: Trabajábamos con tubos de gas, que en ese tiempo costaban cien pesos, y nos duraban un día o un día y medio. Los hornos son grandísimos y se consumían rápido. Había días que trabajábamos solamente para el gas, hasta que pudimos poner el gas natural.

¿Cómo anda hoy la cooperativa?

Beatriz: Desde que se puso el rubro comidas, por idea de un integrante de la cooperativa que conoce el ramo, esto ha evolucionado muchísimo. Dentro de un rato, usted verá gente hasta en la calle. ¿Por qué? Porque los precios son accesibles, la comida se elabora todos los días y a las dos y media o tres de la tarde prácticamente no queda nada. Al otro día se vuelven a elaborar las ensaladas, las milanesas y todas las otras comidas.

¿Cuánto hace que trabaja acá?

Beatriz: Estoy desde el año ’90. Cuando ingresé éramos setenta y dos empleados en los cuatro turnos, porque acá se trabajaba las veinticuatro horas del día. Se trabajaba a full. Pero el dueño se enfermó y dejó a cargo al hijo y esto fue cayendo y cayendo, hasta que llegó el 2003 y me dijo: ‘Bueno, Beatriz, cierre’. La gente se fue yendo porque no se le pagaba. A nosotros nos debían un año y pico de sueldos. A mí me debían diez años de aportes jubilatorios, que nunca los habían hecho. Sólo seis decidimos quedarnos, porque si nos íbamos, ¿dónde íbamos a ir? Cerrábamos acá y perdíamos todo. Empezamos llevándonos tres pesos por día nada más que para viajar, para ir y venir. Así, comiendo una vez por día lo que cocinábamos acá, empezamos a trabajar. Se amasaba, se limpiaba, se hacía todo entre los seis.

¿Tienen proyectos para seguir creciendo?

Beatriz: Pusimos una barra y dentro de algunos días vamos a poner mesas, vamos a hacer una confitería, tanto como para ir cambiando e ir buscando nuevos caminos para que esto se mantenga. Esto tiene cincuenta metros de fondo y dos pisos. Es muy grande y hay mucho lugar desperdiciado, pero de a poco lo vamos a ir cubriendo para que vaya generando más fuentes de trabajo.
Magalí: Tenemos muchos proyectos para el año que viene y pensamos que se van a dar. Tenemos muchas esperanzas, mucha fe para seguir trabajando. Podemos llegar a ser cuarenta personas, porque esto da para eso.

¿Con qué espíritu enfrentan el año que se avecina (2010)?

Beatriz: Con muchas esperanzas de que en el año 2010 seamos treinta o cuarenta y esto sea más grande de lo que es.

¿Qué significa para vos esta posibilidad de estar al frente de una cooperativa de trabajo?

Magalí: Es una experiencia muy linda la que tenemos. Es mucha la responsabilidad de estar al frente de un negocio como este, porque son muchas familias que dependemos de esto. Lo tomo como algo propio que tengo que hacer, así me toque quedarme todo el día en la panadería. Lo tomo como una responsabilidad única que tengo, porque sé que mis compañeros dependen de mi esfuerzo y trato de hacerlo lo mejor posible. La verdad que me gusta; estoy muy feliz de estar con ellos, de saber que soy un pilar para ellos, porque todos se apoyan en mí.

¿Pertenecen a algún movimiento de empresas recuperadas?

Magalí: Cuando comenzamos nos apoyó mucho el Movimiento de Empresas Recuperadas, pero después se abrió. En ese momento estaba el doctor (Diego) Kravetz, que hoy es legislador. Era el abogado de la cooperativa. Después que se desarmó el movimiento seguimos solitos caminando. En su momento fue una gran ayuda para nosotros, pero después el doctor se dedicó a lo suyo y nosotros seguimos solitos. Igual siempre estamos en contacto. Cuando tenemos un problema, lo llamamos al doctor Kravetz y tratamos de solucionarlo.

¿Reciben apoyo estatal?

Magalí: Del Ministerio de Trabajo nos están dando un subsidio que cobramos mensualmente. Ahora tenemos proyectados otros subsidios que da el Estado. Otra cosa no recibimos. Todo es a base de trabajo. Nosotros estamos siempre al pie del cañón y vamos a seguir estando, porque tenemos muchos proyectos con la panadería.
Autor: José Yapor
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