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La locomotora del oeste

“Trozos de una lejana historia”

Roberto Posik, hombre de reconocida trayectoria en el ámbito teatral, cuenta las historias de las familias Posik y Elías.

   Roberto Posik, descendiente de inmigrantes de Medio Oriente por las ramas paterna y materna, brinda un interesante testimonio sobre la historia familiar: “Juan Elías vivía con su familia en una aldea del Líbano, de cuyo nombre y ubicación no poseo datos. Tenía diez años y en una aldea cercana vivía la familia Nacme, que esperaba el nacimiento de una bebé, a la que  llamaron  Rosa”.

   “Tal como se acostumbraba en esa época y en esas culturas, la niña fue prometida a la familia de Juan. Pasaron  quince años y los jóvenes  nunca se conocieron. Rosa se había enamorado de otra persona, pero promesa en pie, fue obligada y preparada para concretar  el casamiento pese a las negativas y angustia de la adolescente. Parte de la ceremonia consistió en vestirla de novia, montarla en un burro, cubrirle la cabeza con un manto y, junto a sus parientes, iniciar el camino hacia la aldea, donde la esperaban el prometido y su familia. Los casaron”, relata Roberto.

   “A pesar de la llegada del primer hijo, ante las guerras, crisis y miserias vividas, Juan abandona a los suyos, va en busca de  nuevos horizontes y decide venir a la Argentina –prosigue-. Al llegar a Buenos Aires, se contacta con algunos paisanos que le sugieren trasladarse a Chivilcoy. Aquí realiza diversas tareas, hasta que le ofrecen arrendar una parcela de campo en la Estancia Del Socorro, en la localidad de Pla (Partido de Alberti). Era propiedad de los Alzaga Unzue. En tanto Rosa, que quedó sola, angustiada, sin recursos, observada por su comunidad y con un hijo al que llamaron Jorge, decide seguir el camino de su esposo y se embarca, con el apoyo de su familia, hacia la Argentina”.

   Roberto destaca que “ignorando el idioma, desconociendo esta cultura y -aún peor- el paradero de su esposo, con gran valentía y preguntando a sus paisanos, logra  llegar  al lugar donde vivía Juan. Nuevamente se une la pareja, y, a pesar de las tirantes relaciones en un primer tiempo, nacen  nueve hijos. Uno fallece al nacer y quedan Pedro, Juan, José, Antonio, Pablo, Cecilia, Ramona y María. El padre nuevamente abandona a su mujer y a sus hijos y compra una casa en la ciudad de Chivilcoy, frente a la Plaza Mitre. Algunos  de los hijos quedaron en el campo y otros llegaron a la ciudad, como Cecilia, que conoció a Domingo Posik, vendedor  de ropa que recorría las chacras. Nació entre ellos una relación”.

   “Domingo era inmigrante sirio –explica-. Vino de muy joven con su padre, Juan Posik, y su hermano, Salomón  Posik. Comenzó a trabajar vendiendo ropa que le proveían los paisanos que ya estaban instalados. Sus recorridos los realizaba en una bicicleta de reparto con una gran canasta. Luego compró una jardinera y amplió su clientela. Así llegó a recorrer la zona rural y poblaciones vecinas. Conoce a Cecilia Elías, se casan y  van a vivir a la casa que había comprado  Juan Eías, en el barrio de la Mitre”, añade.

   “Domingo  y Cecilia  abren una tienda, a la que llaman ‘La Rosada’. Gracias al esfuerzo, el empuje y honestidad de ambos, lograron prestigiar  este negocio y atraer  clientela de distintos barrios. De esa unión nacen cuatro hijos: Angelita, Juan Carlos, Roberto y Antonio. Siendo los hijos muy pequeños, Domingo contrae tuberculosis, para esa época una enfermedad incurable, y fallece a los treinta y tres años”, lamenta Roberto.

   “Cecilia queda sola, con una gran carga, sus hijos  y la responsabilidad del negocio al que no pudo seguir atendiendo. Se vio obligada a cerrarlo. Pasados algunos años, se casa con José Moyano. De ésta unión nace una hija, llamada Norma”, finaliza.

El Teatro atrae a los Posik-

   El apellido Posik está inconfundiblemente ligado a la historia del teatro. Juan Carlos, el que abrió el camino, fue convocado por integrantes de la Agrupación Artística Chivilcoy para integrar el elenco. Con su entusiasmo, contagia a sus hermanos Roberto y Antonio, quienes continúan  hasta hoy.

   Juan Carlos participa de varias obras y luego se traslada a Buenos Aires, donde se perfecciona con actores de primera línea, como Juan Carlos Gené, María Rosa Gallo y otros. Tiene la gran oportunidad de ingresar al elenco estable del Teatro San Martín. Desarrolla allí sus actividades durante más de diez años. Su carrera se vio interrumpida por un grave accidente, que redujo sus posibilidades artísticas. Igualmente se siguió perfeccionando como director y realizó varias puestas en escena, tanto en Chivilcoy como en Buenos Aires. Está casado con la licenciada Elena Marangoni y sus tres hijos son Laura, Damián y Julián.

   Roberto Posik continúa haciendo teatro en la Agrupación Artística Chivilcoy, con una trayectoria ininterrumpida de cincuenta y seis años. Dentro de la actividad teatral, se destaca como actor, director, autor y profesor de talleres teatrales. Realizó más de un centenar de puestas en escena y obtuvo premios a nivel local, regional y provincial. Actualmente se desempeña como presidente de la Agrupación Artística Chivilcoy. Está casado con la profesora María Ester Marangoni. Sus dos hijos son Daniel  y Eduardo Posik. El primero es profesor de teatro, actor y director de la escuela de teatro “La Casona de Moliere”. Eduardo es diseñador gráfico y posee una imprenta.

   Antonio Posik también fue seducido por la actividad teatral. Figura entre los fundadores del Teatro “El Chasqui”, donde dio sus primeros pasos en la actividad junto a su señora, Estela Callaci. Hoy,  después de  cincuenta años, continúan con la actividad en la Agrupación Artística Chivilcoy, como actores y directores. Obtuvieron premios a nivel local, regional y provincial. Tienen un hijo llamado Mariano, dedicado a las video-filmaciones.

   A modo de reflexión final, apunta Roberto: “Como la historia de tantos… desde aquel lejano día en que Rosa Nacme -montada en un burro, a ciegas-, iba hacia un incierto y oscuro destino, hoy se multiplicaron las familias, recordamos y atesoramos trozos de una lejana historia que nosotros seguimos contando”.

Autor: José Yapor

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