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La locomotora del oeste

“La estación se llenaba cuando llegaban los trenes”

Alberto Andreozzi recuerda cómo era la vida en Ramón Biaus cuando corría el Belgrano y “había mucho trabajo en el campo”

 

La localidad de Ramón Biaus está ubicada a algo más de veinte kilómetros de la Ruta Nacional Nº 5 y se llega a ella bajando  por el camino que sale del Frigorífico y Matadero Chivilcoy.

Al llegar, lo que primero que se ve es la cerámica, la principal fuente de trabajo para los lugareños.

Hasta fines de los años ’70 corrieron los trenes del Ferrocarril Belgrano, aquellos que cubrían el trayecto entre Estación Buenos Aires y Patricios, en el partido de Nueve de Julio. Los más memoriosos recuerdan que aquel ramal, previo a la nacionalización de 1947, perteneció a la Compañía General Buenos Aires, de capitales franceses.

Desde que se interrumpieron los servicios de pasajeros, sólo hubo corridas eventuales de cargueros y algún intento fallido de reactivación allá por 1993, de efímera duración.

En la estación funciona la Delegación Municipal y todo su entorno luce muy bien cuidado. A unos doscientos metros, el galpón ubicado junto a uno de los pasos a nivel, fue reciclado y convertido en panadería.

El pueblo tiene casas en ambas márgenes de las vías. Frente a la plaza está la capilla, donde los domingos celebra misa el cura que viene de la vecina Moquehua. Cerca de allí están la escuela, el jardín y el Club Banfield, que alguna vez, en los ’70 y tantos, militó primero en ascenso y luego en la división mayor del futbol chivilcoyano. Los que domingo a domingo frecuentaban los tablones del desaparecido Estadio Federación recordarán las endiabladas gambetas de “Balá” Mendoza, un 10 de aquellos de buen pie, tanto como la sutileza de aquel menudo zaguero de apellido Benítez.

Del otro lado de la vía, está el dispensario y a pocas cuadras de allí vive Alberto Andreozzi, uno de los más veteranos vecinos. Uno de esos hombres que atesora en su memoria anécdotas, costumbres y hechos de un pasado tan distante en el tiempo y en el espacio como el esplendor perdido por los poblados de campaña

¿Cómo era la vida antes en Ramón Biaus?

Antes en el pueblito había mucha gente, porque había mucho trabajo en el campo. Estaba la junta de maíz y la cosecha de trigo. Los chacareros estaban muy cerquita unos de otros y con poquita tierra se arreglaban. No es como ahora que cuanto más tienen más quieren. La gente se mantenía con eso. Después empezó a fallar  el asunto del campo, con todo el progreso que ha habido de máquinas y todas esas cosas, la gente se fue y se fue achicando el pueblo. Algunos se fueron para siempre, para Buenos Aires y esas partes. Así es el asunto.

¿Dónde se reunían los parroquianos después de trabajar?

Había tres o cuatro boliches y los domingos la gente iba a jugar a las barajas. Estaba el boliche de Irrazábal, el de Guillermone, el de Burtín y el de Molinero. Hoy no ha quedado ni un boliche abierto. Había cancha de bochas y también se jugaba al sapo. Había unos bailes bárbaros en el club viejo, uno que está al fondo y tiene los vidrios rotos, porque los chicos los rompieron con la onda. Los días domingos había unos “matineses” bárbaros.

¿En qué lugares trabajó?

Estuve en lo del Hugo Isatis cuarenta años trabajando con él. También trabajé trece años en la cerámica. Ahora quedaron pocos, pero antes éramos muchos.

¿Qué hacían los vecinos cada vez que llegaba un tren?

 

Ibamos todos a la estación a ver qué pasaba, si venía algún amigo. La estación se llenaba cuando llegaban los trenes de pasajeros. A la mañana pasaba un tren temprano que venía de Buenos Aires y para Buenos Aires había uno a las dos de la tarde. Eran dos trenes de pasajeros. Después había uno que le decían el tren nocturno, que no me acuerdo si iba dos veces por semana. El tren de las doce era el que traía el diario y después seguía para el lado de Achupallas (al oeste). En la estación eran tres o cuatro. Estaba el jefe y el cambista. Había galpones grandes, que se llenaban. Embolsaban el trigo y el maíz. Un año me acuerdo que se llenaron los galpones y estibaban afuera. Unas estibas grandes. Después lo tapaban con lonas. Trenes de cargas pasaban muchos y muchos crotos también (risas).

¿Cómo lo ve hoy al pueblo?

El pueblito está lindo, está vistoso, pero no hay fuentes de trabajo. Eso falta. Menos mal que la cerámica tiene alguna gente. Los muchachitos que tienen quince años, cuando tengan veinte no sé. Antes había trabajo en el campo y uno se criaba y se iba al campo a trabajar. Ahora…. 

Autor: José Yapor

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