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La locomotora del oeste

“Ya no hay nadie que nos de órdenes”

Ernesto González cuenta la experiencia de la Cooperativa de Trabajo Chilavert Artes Gráficas, una empresa recuperada por los trabajadores.

 

   Con sede en el barrio porteño de Nueva Pompeya, la Cooperativa de Trabajo Chilavert Artes Gráficas es una de las empresas recuperadas por sus trabajadores, en 2002, en plena crisis económica.

   Ernesto González, secretario de la cooperativa, contó a La locomotora del Oeste cómo se fue dando el proceso que condujo al actual modelo de empresa autogestionada.

¿Cuál fue el origen de la cooperativa?

   La cooperativa se formó por la necesidad que teníamos de mantener nuestras fuentes de trabajo cuando en el año 2002 la empresa estaba a punto de quebrar e íbamos a quedar en la calle. El patrón quería vaciar la empresa, porque estaba en una situación bastante complicada. Ahí nosotros decidimos ocupar la planta, para evitar que vaciara la empresa, y eso fue sembrando la idea de no dejarlo que quiebre tampoco. No queríamos cobrar una indemnización, sino mantener nuestras fuentes de trabajo. Fue así que la historia avanzó y fuimos paso a paso animándonos a ponerla a producir. Logramos salvar los bienes que iban a ser rematados, con una ley de expropiación de la Ciudad de Buenos Aires. Ahora estamos trabajando en estas condiciones.

Una experiencia que se dio en plena crisis económica…

   La crisis económica nos ponía en una situación que, si perdíamos el trabajo, era muy difícil volver a insertarse en el mercado laboral. Una situación muy precaria. Había en aquel momento una situación de efervescencia social y movilizaciones, que nos animaba a hacer lo que hicimos, que era esta cuestión de ponerla a producir bajo nuestra gestión. Por suerte nos salió bien. Hoy día estamos trabajando y viviendo de esto.

¿Qué sucedió luego de la ocupación de la planta?

   Cuando ocupamos el taller nos ordenaron el desalojo. Era una situación de asedio legal a lo que estábamos haciendo; por eso buscamos la salida legal, que fue la expropiación. Por suerte tuvimos mucho apoyo de los vecinos de este barrio y muchos otros trabajadores. Con ese apoyo logramos que la situación se revirtiera y hay muchas anécdotas con respecto al apoyo que tuvimos. Gracias a la ayuda de mucha gente que pensó que era justo por lo que estábamos peleando, pudimos sobrevivir durante muchos meses sin contar con ingresos.

¿Cuántos trabajaban al momento de la quiebra y cuántos hoy?

   Al momento de quebrar la empresa habíamos quedado ocho empleados, que fuimos los que recuperamos este lugar. En el ’91, cuando entré a trabajar éramos dieciocho o diecinueve. Nunca fue un lugar muy grande y con la crisis se fue achicando. Ahora somos doce.

Hay una historia épica detrás de la impresión del primer libro. Contamos cómo fue.

   Por la orden de desalojo, que después se frenó, se mantenía una guardia permanente en toda la calle. Tenían la orden de no permitir que entraran ni salieran camiones de aquí. Teníamos un trabajo para sacar y no sabíamos cómo. El vecino nos dijo que hiciéramos un agujero en la pared, sacamos los libros por su casa y lo entregamos a tiempo. Era la situación extrema en la que estábamos, pero muestra cómo mucha gente se jugaba para que esto saliera bien. Creo que fueron dos mil ejemplares. Después tuvimos que seguir usando esa vía de escape para seguir trabajando de una manera muy dificultosa.

También les preguntaron por qué funcionaban las máquinas…

   Tuvimos que explicar que las máquinas estaban funcionando porque le hacíamos un mantenimiento para que no se estropearan. Dijimos que el mantenimiento era necesario e indispensable. De todos modos, es así, porque toda herramienta que no se usa se estropea.

¿Qué otras muestras de solidaridad tuvieron?

   Hay otras anécdotas. La energía, al momento de la quiebra, la habían cortado por falta de pago. Nosotros, con la plata que habíamos juntado, logramos arreglar con Edesur y reconectamos la energía. Era mucha plata y. en un momento dado, no teníamos con qué seguir pagando y la iban a cortar de nuevo. En ese momento, nos llega una carta de Estados Unidos de un estudiante que había estado unos días antes en el taller, comprando unos libros que había en stock. Nos había pagado con lo que nosotros dijimos que valían en Argentina, unos pesos. El nos dijo que esos mismos libros se los vendería en dólares a unos amigos y nos mandaría la diferencia. Nosotros pensábamos que fue un comentario, nada más. La cuestión es que nos llega la carta con un artículo que él escribió en una revista sobre las fábricas recuperadas. En el sobre viene el dinero con la diferencia que había logrado por la venta de los libros. Fue una cantidad importante, que nos permitió pagar la luz el mismo día en que vencía. Sin esa ayuda hubiera sido mucho más difícil.

¿De qué manera retribuyeron ustedes esas muestras de solidaridad?

   Aprendiendo de esto, cuando reabrimos la imprenta, decidimos abrir las puertas a todo aquel que quisiera visitarnos. En la planta superior inauguramos un centro cultural, donde funcionan talleres de serigrafía, teatro y fotografía. Además, hay espectáculos, obras de teatro y muestras.

   Hay un espacio destinado a un bachillerato popular para adultos, de tres años de duración. Es también una tarea militante. Es gratuito, pero no está bancado por el Estado.

¿Qué cosas cambiaron para los trabajadores a partir del paso de la gestión privada a la autogestión?

   Ya no hay nadie que nos dé órdenes. Tenemos que tomar decisiones, en forma colectiva y eso implica ponernos de acuerdo. Lo fuimos aprendiendo. Fue un shock y a los compañeros más viejos les costó más asumirlo que a los compañeros más nuevos. Pero, obviamente, como vos me decís, estamos en el marco de una sociedad capitalista y algunas decisiones que nos gustaría tomar, no podemos tomarlas. Por ejemplo, tener dos meses de vacaciones o ganar todo lo necesario para vivir. Nos pone el límite. Nosotros vivimos de lo que podemos vender, de los servicios que podemos vender de impresión. A veces estamos un poco mejor y a veces un poco peor, pero lo vamos resolviendo entre todos y entre todos vamos encontrando la solución en cada caso.

¿Cuál es en la actualidad la situación legal de la cooperativa?

   Desde 2004 hay una expropiación definitiva del lugar y la entrega a la cooperativa. De todas maneras, esa misma ley dice que la cooperativa debe reintegrarle al Estado el dinero que costó la expropiación, las indemnizaciones que tuvo que pagar. Hasta el momento, en este caso y en algunos otros, no fue llevado adelante. La Legislatura de la ciudad de Buenos Aires ordena al Ejecutiva llevarlo adelante. Por más que no lo haya hecho en los tiempos en que debería haberlo hecho, no tiene vuelta atrás. Desde el punto de vista legal estamos bastante tranquilos.

¿Tienen acceso al crédito?

   No existen líneas de crédito respaldadas en la producción. A esta propiedad no la podemos hipotecar ni prendar. Por lo tanto, el financiamiento hacia nosotros es limitado. Trabajamos con lo que tenemos. Por eso los plazos de pago que podemos brindarles a nuestros clientes son muy cortos. Trabajamos con pequeños clientes, que pagan al contado.

¿Qué esperan de cara al futuro?

   Esperamos consolidar este proyecto y tener mucho trabajo para poder darle trabajo a más compañeros, para que esto siga creciendo.

Autor: José Yapor

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