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La locomotora del oeste

Comentario inicial del ciclo 2011

 

   Hace dos años dábamos nuestros primeros pasos y en nuestra presentación convocábamos a la esperanza. No era fácil hacerlo, en un contexto en que el mundo se debatía en una de las más profundas crisis económicas de las últimas décadas. Y en ese desafío, decíamos que había que tener esperanzas, si… esperanzas… porque vivimos en un continente que no quiere seguir siendo furgón de cola o patio trasero de ninguna potencia imperialista.

   Esperanzas porque cuando los pueblos toman conciencia de sus destinos, nada ni nadie los puede detener.

   Esperanzas porque hay vida. Y si hay vida hay sueños, proyectos, debates y utopías.

   Esperanzas porque hay obreros que recuperaron fábricas y hoy las están haciendo producir con éxito.

   Porque volvieron al país seiscientos científicos, que quieren seguir investigando en la tierra que los vio nacer.

   Porque, a treinta años del horror, las madres y abuelas siguen luchando y noventa y seis nietos pudieron reconstruir sus propias historias.

   Esperanzas porque apostamos a la memoria y queremos ganarle definitivamente la batalla al olvido.

   Eso decíamos allá por comienzos de 2009. Y un año después, estábamos otra vez en marcha para seguir apostando por la cultura del trabajo, la única que hace grandes a las naciones y felices a los pueblos.

   En marcha, para seguir bancando a la memoria, para que ni el olvido ni la impunidad vuelvan a reinar en estas tierras.

   Para democratizar la palabra, con nuevas voces y nuevos medios, para que nunca más los monopolios mediáticos puedan imponer sus mezquinas verdades y pensamientos hegemónicos.

   Para darle dura pelea al flagelo de la pobreza y la exclusión, objetivo que sólo se conseguirá con un reparto más justo de la riqueza.

Para enfrentar poderosos intereses corporativos, esos que siempre van por más y ahora vienen por todo.

   Para ayudar a entender que Argentina es parte de la Patria Grande Iberoamericana y que su destino está inevitablemente atado a la suerte que corran las naciones hermanas del continente, con quienes debemos construir una verdadera comunidad cultural, social, política y económica.

   Eso decíamos, entre otras cosas, en las aperturas de nuestros dos primeros ciclos. Afortunadamente, siguieron llegando científicos y ya son más de 700. A los represores se les acabó la impunidad y los nietos recuperados superan los 100.

   El proyecto transformador que vio la luz en mayo de 2003 sigue avanzando a paso firme, con más inclusión, más trabajo, más escuelas, más viviendas, más hospitales, más salario y mayor bienestar. Todo a más, nada a menos. Todo ello a pesar de tantos obstáculos y tantos obstaculizadores. Siempre con el pueblo; nunca desde otro lado.

   Volver sobre aquellas palabras que marcaron nuestra identidad en la radio, y renovar nuestro compromiso con esas ideas, es el mejor tributo que le podemos rendir a ese gigante de estos tiempos, que fue el compañero Néstor Kirchner.

José Yapor

(26/12/10)

El Partido de Chivilcoy cumple 165 años

Fue creado por un decreto del gobernador Juan Manuel de Rosas, el 28 de diciembre de 1845

 

   El 28 de diciembre de 1845, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, crea por decreto el Partido de Chivilcoy y, por otro decreto, el 29 de diciembre designa a Lázaro Molina como el primer juez de paz del partido.

   Comienza, de esta manera, la vida institucional rudimentaria, como un territorio separado, con un nombre determinado y una incipiente autoridad que cumplía a su vez las funciones de juez de paz y una especie de comisario, con una pequeña fuerza a su cargo como para realizar una función de vigilancia y justicia.

   La creación del Partido de Chivilcoy, por razones administrativas y en razón de los pobladores que se iban afincando en esta zona, tiene sus antecedentes. Es semejante a lo que sucedió con el oeste norteamericano o, mucho más atrás, con el Tibet. Hubo avances de poblaciones que necesitaban ganar territorios para hacerlos productivos y fue indetenible.

   Comenzó por allá cuando, en 1755, se crea la Villa de Luján. El gobernador (José de) Andonaegui crea ese inmenso partido que tenía como límites las tolderías indígenas tierra adentro. Los límites eran imprecisos y, dentro de esa inmensidad, estaba lo que después sería el Partido de Chivilcoy. Luego se produce otra división, cuando se crea el Partido de la Guardia de Luján, actual Mercedes, en 1812.

   Los límites del Partido de Chivilcoy tampoco eran demasiado precisos. En 1852 se le quitan tierras para la creación del Partido de Bragado; en1865, para el Partido de Chacabuco y, finalmente, Alberti se separa de Chivilcoy en 1910.

   Este territorio se encontraba alejado de los grandes centros civilizados y librado a su suerte. Chivilcoy se le llamó a una inmensa extensión formada por la cuenca del Río Salado. Después el nombre se redujo y se perpetuó a raíz del reconocimiento que Rosas hizo de este lugar. Pareciera, de acuerdo a los escritos sobre Chivilcoy, que esta zona era la que recibía el nombre de Chivil-co. En realidad, era una inmensa zona que después quedó reducido a lo que es actualmente.

   Este 28 de diciembre, se va a conmemorar el 165º aniversario de aquel acontecimiento, mediante un acto llevado a cabo por la Municipalidad de Chivilcoy y la Comisión de Homenaje al Creador del Partido de Chivilcoy. Por la tarde, a las 20, va a dar comienzo esa ceremonia frente al busto a Juan Manuel de Rosas, que se encuentra  en la Plaza 25 de Mayo. Obra de la escultora chivilcoyana Beatriz Cánepa, este busto fue inaugurado en 1996. Además, va a haber algún número artístico con interpretación de danzas tradicionales, un trío de guitarras tocará el Himno Nacional y habrá una exposición de dibujos de mi autoría en el hall del Palacio Municipal. En el mes de enero, según lo que se ha conversado, se va a organizar otra parte de esta conmemoración, con un desfile criollo en alguna de las localidades del partido, presumiblemente va a ser Ramón Biaus. El año pasado se hizo en la localidad de La Rica.

   Lamentablemente, esto que tiene su trascendencia, se celebra en un período de receso escolar en el que prácticamente no se realizan actividades culturales y, generalmente, no tiene la repercusión que debería tener en cuanto a la asistencia del público. El año que viene, es muy posible que este acontecimiento se conmemore conjuntamente con la batalla de Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre, fecha que ha sido declarada como Día de la Soberanía Nacional.

Autor: Juan Larrea

El domingo 26/12 volvemos al aire

   Amigos de La locomotora del oeste:

   Desde el domingo 26 de diciembre estaremos nuevamente en el aire de la radiofonía chivilcoyana. Sí, en la frecuencia de 103.7 de FM Local, daremos el puntapié inicial de nuestro tercer ciclo.

   Para acceder a la radio vía internet, sólo basta ir a la opción Enlances de nuestro blog y desde allí seleccionar Radio Local. Luego, desde la página de la emisora, se deben seguir unas simples instrucciones para sintonizarnos.

   Continuaremos con las temáticas que tratamos en nuestras dos primeras temporadas: empresas recuperadas, economía social, ferrocarriles, pueblos de campaña, educación e historia chivilcoyana.

   Nuevamente estaré acompañado por Marcelo Lobo y Juan Larrea con sus habituales micros "El furgón de Cola" y "Viaje al Chivilcoy de antaño", como así también por Martín Lasala, desde el control técnico y puesta en el aire. Todo esto acompañado por la buena música que siempre compartimos con nuestros oyentes.

   La audición se extenderá todo enero y febrero, hasta el primer fin de semana de marzo de 2011.

   Vuelve La locomotora y es motivo de fiesta. Si estás dispuesto a viajar, enganchate que hay lugar para todos.

   Aprovechamos la ocasión para desearles una Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

   Los esperamos.

Marcelo Lobo - Juan Larrea - José Yapor

Palemón Huergo: un pueblo en el límite de dos partidos

“Marita” Zunino, hija de un ex jefe de estación, recordó cómo era la vida cuando corría el tren y la actividad tambera era el motor de la economía local

 

   “En el año 53 vinimos a Palemón Huergo. Mi papá vino como jefe de estación. Mi hermana y yo fuimos a la Escuela Nº 15, que en ese entonces estaba en el campo de Roger. Terminé sexto, a los dos años me puse de novia con mi marido, a los 17 años me casé y me fui a vivir donde actualmente está el jardín. Mi papá me consiguió el edificio y ahí vivimos. Tengo tres hijos, una casada en Chivilcoy y dos solteras que viven conmigo acá”, relata, a modo de síntesis, María Rosa Zunino.

   Palemón Huergo es uno de los pueblos de nuestra Argentina que está ubicado justo en el límite entre dos partidos (o departamentos, como los llaman en muchas provincias). El acceso, recientemente repavimentado, sirve de límite convencional entre Chivilcoy y Chacabuco.

   Hasta principios de 1993, la liquidada empresa estatal Ferrocarriles Argentinos corría un tren de pasajeros por semana en un sentido y otro: los viernes a mediatarde desde Once y los lunes por la madrugada hacia esa estación terminal capitalina. Es el ramal del Ferrocarril Sarmiento que se abre en Suipacha y llega hasta Colonia Alvear, en el sur de la provincia de Mendoza. Las vías y estaciones han quedado, pero el paso de trenes es un recuerdo cada vez más lejano. Muchas veces, quienes viajábamos a Chivilcoy, tomábamos este tren que se anunciaba “a Realicó” (La Pampa) y hacíamos trasbordo en Suipacha, a la espera de la formación que venía un rato después y tenía como destino Santa Rosa, capital pampeana.

   “Marita” –como todas la conocen en Palemón- aclara que “no he vivido mucho en las estaciones, porque mi papá fue primero cambista y luego ayudante. Cuando pasó a jefe, sí, vivimos en las estaciones. Vivimos en dos estaciones: (primero en) Quirno Costa y después en Palemón Huergo. Viví más o menos 8 o 9 años en las estaciones hasta que me casé. Fue una experiencia muy linda ver pasar el tren. Era la diversión que teníamos nosotros, porque era muy poco lo que había acá”.

   Recuerda que “en la época que vino mi papá había un ayudante, que pasó a ser cambista, y después mi papá quedó solo. Cuando se jubiló mi papá, hubo otro jefe de apellido Zubillaga. Después fue clausurada la estación. Ahora está alquilada por medio de la Municipalidad de Chivilcoy y hay un destacamento policial”.

   Todo era diferente cuando el servicio ferroviario llegaba al pueblo: “Acá el tren que había era el de pasajeros, que transitaba un día para Once y el otro para Lincoln. Había una estafeta de correos. El hombre venía a retirar las cartas. Se recibían muchas encomiendas. La gente viajaba muchísimo. No había colectivos en ese entonces. No había ruta; se hizo después y eso fue lo que mató también al tren. Había mucha carga de cereales y hacienda. Pasaba un tren todos los domingos que llevaba frutas de Colonia Alvear (Mendoza) a Buenos Aires”, apunta “Marita”.

                                                            “Muy familiar”

   En un relato que recorre los distintos momentos de la historia local hasta nuestros días, la entrevistada comenta que “los domingos era muy concurrida la estación, porque otra cosa no había. Todas estas casas que usted ve acá, en ese tiempo eran baldíos. Después la gente se empezó a hacer su casa y se hizo el club nuevo, porque el anterior era de chapa y se lo había llevado el viento. Ahora, dentro de los pueblos de campaña, es el pueblito que tiene más fuentes de trabajo y el que más se mantiene. No hay gente desocupada. Ahora hicieron el camino a Coronel Mom nuevo. Tenemos la Ruta 30 que va a Chivilcoy y a Chacabuco. El asfalto divide a Chivilcoy y Chacabuco. En la parte que vive mi hermana es Chacabuco y acá es Chivilcoy. Es un pueblito muy familiar. Nos hace falta una sala de primeros auxilios, una capilla y una plaza”, reclama.

 

   “Marita” extraña “los partidos de fútbol” que  “todos los domingos” se disputaban en el Club Juventud Unida. “Después se reunían todos ahí y había un matinée. Baile no; baile había solamente los tres días de carnaval. Ahora no hay bailes ni  reuniones ni partidos de futbol”, agrega.

   En coincidencia con lo que expresaron pobladores de otras localidades del partido de Chivilcoy, asegura que “en el campo no hay gente. Las casas quedaron todas deshabitadas. Los dueños viven en Chivilcoy o en Chacabuco. La escuela tiene pocos alumnos, porque la gente se fue del campo y en el pueblito somos todas las personas grandes y no hay medios de viviendas. Se formó un jardín de infantes, pero no sé con el tiempo qué va a pasar. Hace 21 años que soy portera de la escuela. Las maestras vienen todos los días de Chivilcoy, pero es muy poco el alumnado que hay. A la primaria van 19 y al jardín 14, cuando en una época hubo 60, 70, 100 o 40”, compara.

   “Le estoy hablando de 30 años atrás, por lo menos –calcula-. En la época en que vinimos nosotros, ahí donde está el jardín, en la esquinita, venían todos los tamberos con los sulkis, los caballos, a traer los tarros con la leche. Venía el camión, volcaban la leche y se iban.  Había quien ordeñaba un tarro, dos o tres. Todo eso desapareció”, finaliza María Rosa Zunino.

   Las principales fuentes de trabajo de Palemón Huergo son un establecimiento de acopio de cereales y una planta de incubación de pollos. De los numerosos tambos que existían en aquellos años de apogeo, quedaron solamente dos.

   En el acceso, a pocas cuadras de la Ruta Provincial 30, continúa con sus puertas abiertas el Almacén El Pardo, un típico negocio de campo donde los parroquianos hacen sus compras y, por las tardecitas, se reúnen para compartir algún trago.

   Al entrar, fue inevitable el recuerdo de tantas visitas de los años de adolescencia, en el primer lustro de los ’80, cuando “la barra del Normal” pasaba días o fines de semana enteros en el campo de los Poschenrieder, donde por muchos años funcionó la fábrica de quesos El Ovejero.

Autor: José Yapor

 

“En el pueblito seremos seis familias; nada más”

Indacochea perdió el servicio de trenes a fines de los ’70. A la escuela va un solo alumno. El viaje a Chivilcoy se complica cuando llueve. Paola Jover habló de la realidad de este pueblo de campaña que lucha por seguir existiendo.

 

 

   Indacochea es un poblado rural al que se llega por un camino de tierra ancho, luego de avanzar once kilómetros desde Ruta Nacional 5 hacia el sur, a la altura del Aero Club Chivilcoy. Es la zona de la ruta donde está “el curvón”, cerca del puente de la cañada que vierte sus aguas en el Río Salado.

   En tiempos mejores, todos los días llegaban los servicios del Ferrocarril Midland que cubrían el trayecto Puente Alsina - Henderson - Carhue. Si uno ingresa a la página “El ferrocarril en Internet”, del ingeniero Sergio Klimovsky, puede consultar los horarios de aquel ramal de trocha angosta que mantuvo sus servicios hasta fines de los ’70. Todos los días, a las 8:20, partía un tren mixto desde Puente Alsina que arribaba a Indacochea a las 13:35 (martes, jueves, sábados y domingos) o a las 14:30 (lunes, miércoles y viernes). Además, los lunes, miércoles y sábados llegaba cerca de la medianoche una formación de pasajeros, que salía de Puente Alsina a las 19:44.

   Los parroquianos que viajaban a Buenos Aires, abordaban el tren a las 11:13 (martes, jueves, sábados y domingos) o a las 13 (lunes, miércoles y viernes), mientras que en tres días de la semana también tenían la opción de hacerlo por la madrugada: a las 3:19 los lunes, miércoles y viernes.

   De aquella época de esplendor ferroviario, sólo quedaron en pie los edificios de algunas estaciones. Los ramales y puentes fueron levantados hace rato.

   Paola Jover vive junto a su esposo e hijos en la vieja estación, que ellos mismos acondicionaron con mucha paciencia. En una de las salas, convertida en cocina comedor, le contó a La locomotora cómo es la vida diaria para los pocos pobladores que siguen viviendo en Indacochea. El diálogo transcurrió en medio de un encantador fondo musical, aportado por los pájaros que deambulaban por los añosos árboles de los alrededores del edificio.

   “Hace ocho años que estoy acá, en la estación. Este es un pueblo chico, con muy poca gente. En el pueblito seremos seis familias; nada más. Soy la única que está con chicos en el pueblito. En la zona rural, hay gente que también tiene chicos”, relata Paola.

   Comenta que Indacochea se compone por “las casitas, el almacén de Giaccone, la escuela y listo; se termina el pueblo” y asegura que “el tema de la escuela es un problema. La tengo a dos o tres cuadras, pero llevo a los chicos a Achupallas porque no tenemos el Seim. No hay jardín. Sólo hay de 1º a 6º grado y va una sola alumna. La maestra se hace cargo de todo. Cuando la escuela precisa una mano se le da, pero es una lástima que no haya Seim, porque hay dos chicos más para el jardín. No quiero que con esto se ofenda nadie, pero ¿por qué siempre la gente del campo, y más (aún) los chicos, quedan a un costado? Es como que siempre los del pueblo tienen más derechos y no es así”, protesta.

   Diariamente, en época de clases, debe recorrer seis kilómetros para llevar a sus dos hijos a la escuela de Achupallas, localidad del vecino partido de Alberti.

   “Es un sacrificio enorme, pero no puedo dejar que el nene pierda el jardín. Entonces, para hacer un viaje por uno lo hago por los dos y llevo al nene y a la nena. Queda a seis kilómetros, más o menos. Voy todo por tierra, porque me queda más cerca”, explica.

                                               De ayer a hoy

   Aunque “llegó de afuera”, Paola se interesa por la historia de Indacochea e indaga sobre el pasado de este pueblo de campaña. “Siempre le pregunto a la gente grande de acá. Antes había muchísima gente. La escuela, cuando vine hace ocho años, cuando la nena empezó el jardín como oyente, tenía veinticinco alumnos. Después se fueron dos o tres matrimonios, que eran los que más chicos tenían, y la escuela quedó con siete u ocho”, puntualizó.

   “Me encanta el campo y la tranquilidad”, confía, aunque admite que “a veces uno piensa que los chicos están aburridos,  tienen derecho a salir y tienen la ilusión de ir a Chivilcoy; pero hoy en día es imposible”.

   “Todo, de a poco, se va deteriorando”, lamenta y luego afirma que “gente joven no queda en el campo. Son contados”.

   En Indacochea no hay sala de primeros auxilios y sus pobladores deben ir hasta Chivilcoy para realizar cualquier consulta, curación o tratamiento. No es tarea sencilla en una localidad que también perdió “La Confianza”, aquella empresa de colectivos de coches color violeta y letras blancas bordeadas de rojo, que a diario cubría el recorrido Chivilcoy – 25 de Mayo. Si el camino está en buenas condiciones, se puede viajar en auto, pero cuando llueve todo se complica. “Tengo que recurrir a Mirri, que está acá en la esquina, o al campo de mi suegra. O sea que, hasta que mi marido va a buscar el tractor y me saca a la ruta…, depende de la descompostura que uno tenga… Uno piensa en eso también. Por camino real, si está normal, tenés media hora”, grafica Paola, quien cuenta que frente a cualquier problema de salud, recurre “al hospital (de Chivilcoy) o, cuando hay que vacunar a los chicos, a la salita de Achupallas”.

   Paola Jover también habló del estado en el que se encontraba la estación cuando junto con su familia decidió irse a vivir allí. “Esto era desastroso. Estaba todo tapado de yuyos y, en una de las salas que hicimos dormitorio, le faltaban maderas al piso. Pusimos treinta vidrios y había un criadero de murciélagos. No sabíamos qué hacer, si entrar o salir, si quedarnos o irnos. Es una construcción impagable. Faltan cosas, como una mano de pintura más, la pintura de puertas de puertas y ventanas. Lo que pasa es que todo es a fuerza de sacrificio. Costó al principio, pero ahora da gusto”, ilustra Paola.

   Pese a todo, esta joven mamá no pierde las esperanzas y reclama que las autoridades hagan algo para que la gente que queda no decida emigrar. Porque, al fin y al cabo, “es una lástima que se pierdan estos pueblitos”, concluye.

Autor: José Yapor

 

Lácteos Silvia: la fábrica que “le dio vida” a San Sebastián

Se especializa en la elaboración de quesos y muzzarella. Sus dueños planean lanzar una línea propia de dulce de leche. Con 26 operarios, es la principal fuente de trabajo para los lugareños.

 

 

   Lácteos Silvia es la principal fuente de trabajo para la comunidad de San Sebastián. La empresa tiene su planta principal en Luján y se especializa en la fabricación de quesos y muzzarella.

   Lucas Larroque, hijo del propietario, destacó que “esta es la principal fuente de trabajo. Además de gente de acá, también vienen de Chivilcoy y Suipacha. Cada uno se siente parte de la fábrica, están con la camiseta bien puesta para que la fábrica vaya adelante y siempre dándose la mano entre todos para que la empresa siga creciendo”, enfatizó.

   Larroque comentó que la dotación de personal se compone por “unos 26 empleados”, al tiempo que adelantó que “estamos viendo si este año (2010) empezamos a hacer dulce de leche y si podemos agrandar el número de personal, así seguimos creciendo”.

   Recordó que Lácteos Silvia llegó a San Sebastián porque “necesitábamos seguir creciendo” y expresó su orgullo al asegurar que “pudimos darle vida otra vez al pueblo”.

   Consultado sobre la gama de productos que la firma elabora, Lucas indicó que “trabajamos toda la línea de quesos: cremoso, port salut , barra, reggiano, sardo y provolone. También hacemos muzzarella y ricota al vacío y a granel”, especificó.

                                               Maestro quesero

   Julián Zaccardi es un joven nacido y criado en San Sebastián, que pudo regresar a su pueblo a partir de la reactivación de esta industria láctea.

   “Esto le dio vida al pueblo –resaltó Zaccardi-. Hacía años que me había ido y estaba trabajando en otra fábrica de quesos. Esto se había convertido en un pueblo fantasma. Desde hace seis años, con la reapertura de la fábrica, empezó a haber más movimiento y expectativas laborales. Cambia, se reactiva el pueblo. Había cerrado en el ’96. La había comprado un empresario para vaciarla, para venderla por partes y justo apareció Larroque, que compró lo que quedaba. Tuvo que hacer una inversión muy grande, porque se estaba viniendo todo muy abajo”, señaló.

   Al referirse a su formación profesional, Julián Zaccardi explicó que “mi oficio es maestro quesero, desde los 17 años. Tengo 36. Es un oficio lindo, que se está perdiendo. Estamos siendo reemplazados por las máquinas. Las grandes fábricas no trabajan más con mano de obra humana, digamos. Los quesos son hechos por una máquina; se trabaja más con un mecánico que con un quesero. (Así) se pierde el encanto que tenía esa profesión”, lamentó.

   Afirmó que “a nivel fábrica es complicadísimo conseguir leche. No se puede salir a pagar un precio muy de locos, porque después no dan los números. Por la poca leche que hay, se produce una competencia entre las fábricas para ver quién paga más. Un centavito menos es mucho para la producción diaria”, evaluó.

   Luego, Zaccardi contó cómo es la vida diaria para los pobladores de San Sebastián: “La vida es muy tranquila, muy distinta a la ciudad. Uno va al trabajo y trabaja ocho o nueve horas todos los días. Después, se acostumbra a juntarse un rato a la tarde entre amigos. Después se termina el día y son muy escasas las posibilidades. Tenemos el Club Social, que se ha reabierto con un Plan Volver que ha dado la Municipalidad. Se abrió un buffet, donde se puede ir a tomar algo los fines de semana. (También) hay unos barcitos, unos pubs, unos bodegones para ir a tomar algo. Vivir acá es tranquilo. La delincuencia es muy baja y los chicos pueden andar jugando tranquilamente por la calle. Tienen colegio. Se complica cuando tienen que ir al secundario, por el acceso de tierra. Es complicadísimo para cualquier emergencia”, concluyó.

Autor: José Yapor

 

El legado de los vascos tamberos

San Sebastián perdió el tren a fines de los ’70. Años atrás reabrió sus puertas la fábrica de quesos y el pueblo “nació de vuelta”. Dos caras de la realidad de una localidad de campaña que lucha por seguir existiendo.

 

   San Sebastián es una localidad del partido de Chivilcoy, que reconoce sus orígenes en la llegada y arraigo de inmigrantes vascos dedicados a la actividad tambera.

   Ubicado a 40 kilómetros de la ciudad cabecera y a unos 20 de la Ruta Nacional 5 –bajando por un camino de tierra desde las proximidades del acceso a Gorostiaga-, hoy el pueblo tiene como principal fuente de trabajo a una fábrica de quesos que concentra la producción lechera de la zona.

   Bien temprano, una mañana de enero de 2010, con la compañía del historiador chivilcoyano Juan Larrea, La locomotora dialogó con un grupo de parroquianos congregados en la carnicería de Néstor Capelletti.

   Walter Iriarte recordó que llegó a San Sebastián, procedente de Ramón Biaus, “en el 40 y pico” cuando “tenía cinco años”.

   “Mi papá tenía un ómnibus viejo. Viajaba de San Sebastián a Chivilcoy, de lunes a viernes”, apuntó.

   Señalando el sur, indicó que “estaba allá la fábrica de (Francisco) Huber” y, marcando el norte, “allá la Unión Tamberos. Yo trabajaba en tambos y entregábamos la leche en lo de Huber”, comentó.

   Néstor, del otro lado del mostrador, manifestó haber escuchado “un comentario que pasaron por la televisión sobre la historia de los quesos, que había empezado con la fábrica acá”, en referencia al establecimiento fundado por el inmigrante alemán.

   Carlos Giorello, nacido y criado en San Sebastián, relató que don Huber “empezó en un rancho; en un ranchito, con el suero criaba los chanchos. Después se fue a Alemania, vuelve otra vez, habrá traído más plata y ahí empezó con la fábrica. Con los tamberos hacía un trato. El que podía estar mejor económicamente, por ahí le dejaba un mes adentro y entonces él iba evolucionando. Dicen que es así como empezó él”, agregó.

   “Es la fábrica vieja que está ahí, donde ahora está la chanchería”, amplió; es decir, en el camino que lleva a La Rica, que corre paralelo a la desaparecida traza del Ferrocarril Midland.   

                                             La fábrica de quesos

   La otra fábrica, que reabrió sus puertas luego de algunos años de inactividad, fue adquirida por la empresa lujanense Lácteos Silvia y tiene su propia historia: “Primero fue Unión Tamberos San Sebastián. Nació como cooperativa y luego fue una sociedad anónima. Llegaron a entrar a la fábrica 150 tambos. La fábrica trabajaba y había mucho movimiento. Después se vende a Gesagro y Gesagro va a quiebra”, precisó Giorello.

   “Primeramente se vendía la leche a La Serenísima. Nace como una enfriadora. Al último los quesos salían con marca propia. En Chivilcoy había un local de venta en la calle Frías”, continuó.

   Néstor Capelletti afirmó que, con la reapertura de la fábrica, San Sebastián “nació de vuelta” y señaló que “habíamos quedado muy pocos y no había nada, nada de laburo”.

                                               Trocha angosta

   En el improvisado diálogo, la historia del tren de trocha angosta ocupó un lugar destacado. Cada vecino aportó su testimonio sobre el desaparecido servicio de transporte, que vinculaba al poblado rural con Capital Federal y el oeste bonaerense.

   “Llegaba el (tren) lechero, que venía a buscar la leche a la fábrica”, contó Walter Iriarte, quien recordó que allí “había cambio de personal en ese tiempo. Habría 20 o 30 ferroviarios, porque acá cambiaban el personal. Muchos eran de afuera. Los maquinistas y los guardas bajaban acá, cambiaban y seguían los otros. Cuando andaba el ferrocarril fue cuando más fuerte estuvo San Sebastián”, destacó Iriarte.

   Carlos Giorello recordó que el tren lechero “venía con un vagón de pasajeros. Cuando se iba, venía el otro que era mixto, llevaba la leche de vuelta y tenía dos vagones. Había un diesel, que pasaba todos los días e iba a Carhue. Si queríamos ir a Buenos Aires, teníamos esos dos trenes mixtos y aparte el diesel. Había tres trenes por día. En el ’79 se levantó. La decadencia más grande empieza cuando levantan el ferrocarril”, subrayó.

                                               Los tiempos cambian

   En aquellos buenos años, “había más gente en el campo. Había cancha de paleta, banco, de todo. Había mucha gente y ahora en el campo no quedó nadie, porque es todo siembra. Antes era una zona de muchos tambos y el tambo trae más gente, más familias. Una persona que tenía 50 o 60 hectáreas, capaz que tenía su tambero. O sea que eran dos familias y eso sumaba también”, analizó Giorello.

   Cuando preguntamos cuántos habitantes tiene San Sebastián en la actualidad, Capelletti estimó que “en el casco habrá 150 o 200 pobladores” y, con referencia a los problemas de accesibilidad, dijo que “esto es muy lindo cuando el camino está seco, pero cuando agarramos épocas de lluvia, se complica”.

   Este pueblo de tamberos cuenta entre sus instituciones a la Delegación Municipal, la Escuela Nº 47 “Francisco Elosegui”, el reabierto Club Social y el dispensario, donde trabaja una enfermera y un médico concurre una vez por semana.

   En relación con el origen del nombre que identifica a la localidad de campaña, en la conversación aparecieron dos versiones diferentes: “Isidora Ca, que donó los terrenos, tenía un hijo que murió joven y se llamaba Sebastián”, refirió Giorello. Juan Larrea, por su parte, dijo haber escuchado otra historia: “Como había muchos vascos, fue en memoria de la ciudad vasca de San Sebastián”.

   Meses antes de nuestra visita, la comunidad celebró el centenario. El 15 de junio de 1909, procedente de la estación Puente Alsina, arribó por primera vez una formación compuesta por una locomotora y cinco vagones.

   Se había preparado para la ocasión de los cien años una gran fiesta popular, pero las inclemencias del tiempo impidieron su realización. “Para la fiesta del pueblo se mataron tres vaquillonas, pero se tuvo que suspender porque llovió justo el sábado a la noche”, finalizó el veterano Iriarte.

Autor: José Yapor

 

 

 

 

Gorostiaga: un pueblo que sobrevive, pese al éxodo constante

 José Antonio Pernigotti, autor de un libro sobre la historia lugareña, opinó que “Gorostiaga no es una isla y sufrió las consecuencias de la desaparición del ferrocarril”

 

   Gorostiaga es una localidad del partido de Chivilcoy, ubicada sobre la Ruta Nacional Nº 5, a la altura del kilómetro 140. Desde su antigua estación, los pobladores pueden abordar diariamente los servicios de la estatal Ferrobaires, ya sea con destino a Buenos Aires como a ciudades del oeste bonaerense.    

   Su cercanía a la ruta y el mantenimiento del servicio ferroviario, aunque con menores frecuencias que en décadas anteriores, le han permitido zafar de la situación de aislamiento que padecen centenares de poblados del interior del país.

   José Antonio Pernigotti, autor de un libro sobre la historia lugareña –que entre otros temas aborda la historia familiar de los Gorostiaga-, le contó a La locomotora cómo fue cambiando la vida de los vecinos con el paso de los años.

   “Gorostiaga, como tantos otros pueblos, nació a la vera del ferrocarril. En su momento tuvo su importancia porque el tráfico ferroviario era otro; no existía la Ruta 5 y todo se autoabastecía por el ferrocarril. Lamentablemente, por el proceso que ha vivido el país en treinta o cuarenta años para acá, Gorostiaga no es una isla y sufrió las consecuencias de la desaparición del ferrocarril, que hoy prácticamente no existe o es una lastimosa muestra de lo que era. Si bien la ubicación lo salvó de desaparecer, en los últimos años muchísimos vecinos se han ido a Chivilcoy, por el estudio de los hijos, comodidad o trabajo”, relata Pernigotti.

   Entiende que “desde Chivilcoy se practica cierto centralismo. A veces acusamos a la capital con respecto al interior y creo que es lo mismo”. Mucha gente me comenta –y yo siento lo mismo- cómo ha ido creciendo Chivilcoy, que está muy linda, pero también pensemos que Chivilcoy es partido, no ciudad de Chivilcoy. El centralismo es tan marcado que uno escucha los discursos políticos y vos fijate que nadie habla del partido de Chivilcoy, sino de la ciudad de Chivilcoy. Periodistas, políticos… está tan arraigado el centralismo que es así. Sin embargo, es un partido que tiene localidades. O tenía… no sé cómo llamarlo ahora”, analiza.

   Al abordar la cuestión de la relación que debe existir entre la Nación, las provincias y los municipios, nuestro entrevistado sostiene que “el país está armado para que sea en escalas. Un municipio solo no puede hacer maravillas. Si bien tendría que reclamar todo esto que estamos hablando que falta. Pero tiene que haber una interrelación; por lo menos, a nivel provincial y municipal. Eso sería una especie de razón de Estado que, obviamente, no existe porque si no los resultados serían otros. Uno lo que ha visto en los últimos años son políticas que tienden a hacer desaparecer a los pueblos. No me pueden convencer de lo contrario porque a las pruebas las tenemos a la vista. Han desaparecido pueblos, en vez de arraigar a los pobladores, y se crean los medios como para que la gente se dispare”, denuncia.

                                                       Despoblamiento

   Pernigotti rescata las investigaciones desarrolladas por la Fundación Responde, que dan cuenta de la existencia de más de 600 poblados en vías de extinción en todo el país.  “Por lo que he visto en el país, creo que se quedan cortos –advierte-. Me da la impresión de que son muchas más. Buenos Aires es muy particular. En Santa Fe la Constitución Provincial permite que los parajes tengan presidentes de comunas, que se ocupan de los problemas de los pueblos así tengan veinte habitantes. Acá tenemos pueblos de trescientos o cuatrocientos habitantes, que a mi criterio están librados a su suerte. No es el hecho solamente de llevar cosas materiales. Me da la impresión que se está alumbrando un cementerio: tiene buena luz pero no tiene habitantes”, ilustra.

   Estima que en otros tiempos “entre el pueblo y el campo, donde vivía mucha gente”, Gorostiaga “puede haber llegado a tener cerca de mil habitantes y hoy se habla de trescientos y algo. Así como la ruta trae, también lleva y ha llevado mucha gente. En las condiciones actuales, donde en el futuro creo que va a pasar el Acceso Oeste, una localidad como Gorostiaga está condenada a terminar siendo un country, con gente que compre para quintas de fin de semana. Porque con las condiciones que tiene actualmente, habitantes no se arraigan. Al contrario”, asegura.

   Cuando le preguntamos cuáles son las principales fuentes de trabajo, comenta que “en este momento hay una metalúrgica, talleres de confección de ropa, algunas pymes familiares, changas y trabajo en el campo. Pero no hay cosas que arraiguen a la juventud, sobre todo en la parte educativa. No todo el mundo puede mandarlos todos los días a Chivilcoy para que vayan al secundario. Entonces, eso termina provocando que las familias busquen arraigarse en Chivilcoy”, puntualiza.

   A pocas cuadras de la estación, junto al paso a nivel, funcionó durante muchos años una usina láctea. José recuerda que “la usina tenía vías que entraban a la fábrica, donde entraban los vagones que llevaban la leche. Era de La Serenísima. Creo que había más o menos veinte personas y los ferroviarios eran otros tantos. Había cuadrillas del ferrocarril y empleados en la estación. O sea que ahí había cuarenta o cincuenta sueldos que desaparecieron”.

                                                    Patrimonio histórico

   Pese a que el servicio de trenes se mantuvo, el edificio de la estación está en desuso y no se le ha dado un destino específico. “El proyecto completo era armar un centro cultural para tratar de atesorar la rica historia que tiene Gorostiaga y dejarlo en condiciones –señala Pernigotti-. El proyecto se empezó, pero ahora quedó parado. El edificio tiene una parte de mantenimiento buena. Se insistió porque debe ser el edificio más antiguo del partido de Chivilcoy, porque dentro del edificio actual –que fue reformado en 1910- está la estación original, que es de 1866. Fue inaugurado junto con el edificio de la estación Chivilcoy Norte. Al desaparecer Chivilcoy Norte, no sé si en Chivilcoy habrá algún edificio de 1866. Posiblemente los que están frente a la terminal de colectivos”, agrega.

   Sobre la conservación del edificio y de la cabina de señales que se encuentra a metros del andén principal, José Pernigotti cuenta que “hace un año y pico, más o menos, tiré una idea en Chivilcoy para conservar el edificio y que sea declarado de interés histórico municipal. En manos de la concejal Fernanda Pommarés (Unión Chivilcoyana), excedió un poco mis expectativas porque se pidió que fuera declarado patrimonio histórico nacional. El 10 de septiembre, que es la fecha del pueblo, funcionó el Concejo Deliberante en Gorostiaga y, en esa sesión, fue aprobado este proyecto. Habría que averiguar cómo va el trámite, porque la idea era avanzar a través del municipio para lograr este objetivo. Porque, aparte, pertenece a una época fundacional, cuando el ferrocarril avanzaba hacia Chivilcoy”, resaltó.

                                               Ramal Gorostiaga-Anderson

   Otro ícono de la historia ferroviaria de Gorostiaga lo constituye el ramal agrario que, partiendo de esa localidad, se extiende hasta Anderson, en el deslinde de los partidos de 25 de Mayo y Alberti. El principal paso a nivel está ubicado en la propia Ruta 5, a unos mil quinientos metros del acceso a Gorostiaga, en dirección a Chivilcoy. Los servicios de pasajeros corrieron hasta los ’70, mientras que los últimos cargueros anduvieron por allí hasta los primeros años de la década del ’90.

   “Imaginémonos en 1910, cuando los medios técnicos no eran los de ahora, y se decidió abrir ese ramal –retoma Pernigotti-. La idea era extenderse hacia el sur, precisamente hacia Bahía Blanca. Si uno mira el mapa, se va a dar cuenta de que falta un pequeño trayecto desde donde termina el ramal hasta 25 de Mayo. Si se conseguía unir a 25 de Mayo, se llegaba al puerto de Bahía Blanca con carga, hacienda y con lo que sea. Hoy, realmente es un ramal en el olvido. Hace casi treinta años, desde la sociedad de fomento de Gorostiaga, fuimos a hablar con el gerente del Ferrocarril Sarmiento porque se estaban levantando algunos ramales. Nuestra preocupación fue por ese ramal y pedimos que no se levantara. No está en uso, pero no se levantó tampoco. Deben estar en muy mal estado las vías. Inclusive alguna vez surgió una idea del Ferro Club Chivilcoy de inaugurar, aunque sea hasta La Rica, una especie de ramal turístico, pero debe ser muy elevado el costo, por lo cual la idea no prosperó”, recordó.

   José Antonio Pernigotti lamenta que en Chivilcoy no haya trascendido el rol que tuvieron los Gorostiaga –descendientes de vascos asentados en la provincia de Santiago del Estero- en la fundación de la ciudad. “No me explico por qué Chivilcoy no tiene detalles de ese tipo, cuando uno de los Gorostiaga –creo que fue Patricio- mandó la primera nota para que se fundara el pueblo. Sin embargo, en el Monumento a los Fundadores no se lo menciona. Creo que fueron movidas políticas que hubo en toda época, pero sería un resumen de lo que le pasa a nuestro país: las movidas políticas impiden hacer lo principal, que es hacer un país realmente. Por eso, creo que no lo tenemos todavía”, concluye resignado.

Autor: José Yapor