Blogia

La locomotora del oeste

Ahora que salió la ley, hablemos todos

   Era octubre y viernes. Atrás quedaban los ecos del Nobel de Literatura para la escritora rumana Herta Müller, mientras las primeras noticias de la jornada daban cuenta de que Barack Hussein Obama era el nuevo Nobel de la Paz. En Kraft continuaban las negociaciones por la reincorporación de los operarios despedidos. El fútbol, ¿cuándo no?, también era noticia: la noche anterior, Boca vencía a Racing en el Cilindro de Avellaneda, Caruso Lombardi renunciaba sin más vueltas a la dirección técnica de la “Academia” y ya se palpitaba el partido que un día después disputarían las selecciones de Argentina y Perú en el Monumental.

   Sin embargo, no era un viernes más. Era el día en que la democracia argentina tenía la posibilidad de saldar una de sus tantas deudas, después de veintiséis años de marchas, contramarchas, concesiones y claudicaciones en materia de legislación de medios audiovisuales. El día en que podía quedar atrás el Decreto Ley Nº 22.285, surgido de un poder ilegítimo y hecho a la medida de los intereses de las grandes corporaciones.

   Después de su paso por Diputados, donde se alcanzaron importantes consensos entre el bloque oficialista y diferentes expresiones del espacio de centroizquierda, la decisión estaba en manos del Senado. Ese ámbito donde suelen hacerse fuertes las expresiones conservadoras de la sociedad; donde cualquier iniciativa transformadora puede llegar a quedar en el camino, con muy pocas posibilidades de revancha. Donde cualquier eventual empate, es derrota segura…

   A pesar del optimismo que, en cuanto a los cálculos previos, mostraban los integrantes del bloque del Frente para la Victoria, ni el más osado analista se animaba a afirmar que en la madrugada del sábado el proyecto se convertiría en ley. A diferencia de lo que había ocurrido en la Cámara Baja dos semanas antes, la oposición anunciaba que no se retiraría del recinto y que intentaría modificar una serie de artículos para que retornase a Diputados.

   Afuera, en la Plaza de los Dos Congresos, una verdadera multitud se congregaba desde las cinco de la tarde para seguir las alternativas del debate, en respuesta a la convocatoria a una radio abierta realizada por la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Ese espacio de convergencia de 300 organizaciones de la sociedad civil, de donde surgieron los 21 puntos que la nueva normativa contempla.

   Alrededor de las diecinueve, el marco era imponente. Había columnas de partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, núcleos estudiantiles, grupos religiosos, radios comunitarias y pueblos originarios. Por los altavoces, la gente de la Coalición informaba que había más de 40.000 personas. Salvando tiempos y distancias, pero siempre en octubre, se respiraba un aroma al scalabriniano “subsuelo de la Patria sublevado”. Los bombos, redoblantes, pancartas y banderas aportaban  ritmo y color a un atardecer caluroso. En el escenario se sucedían artistas populares y oradores. Entre unos y otros, los locutores leían adhesiones de organizaciones y personalidades de la cultura, el arte, la educación, la ciencia, la política, el movimiento obrero y los derechos humanos.

   La madrugada, por fin, marcó la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (la mal llamada “Ley K” por Clarín y América), primero en general y horas más tarde en particular.

   La nueva normativa abre el espectro del sistema de medios audiovisuales para que participen nuevos actores: además del Estado y las empresas privadas podrán ser titulares de licencias las cooperativas, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, los pueblos originarios y los sindicatos.

   La aplicación estará a cargo de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, integrada por representantes del Poder Ejecutivo Nacional (2), el Congreso (3) y el Consejo Federal (2). Este último estará compuesto por representantes de cada provincia y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entidades empresariales y del sector social, universidades nacionales con facultades y/o carreras de Comunicación Social, emisoras universitarias, medios públicos, sindicatos de trabajadores de medios, sociedades gestoras de derechos y pueblos originarios.

   Una ley que prevé un rol activo del Congreso de la Nación, mediante el funcionamiento permanente de la Comisión Bicameral de Promoción y Seguimiento de la Comunicación Audiovisual. Una ley que impide las posiciones dominantes en el sistema, mediante el límite en la asignación de licencias.

   En fin, un instrumento legal perfectible, que debe entrar en vigencia en forma rápida para que la democratización de la palabra deje de ser un mero enunciado y se traduzca en una práctica concreta. Para que no tengamos que esperar otro cuarto de siglo.

Autor: José Yapor

Nota escrita en Octubre de 2009, tras la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en el Senado.

“Como socios, todos somos iguales”

María Pino contó la experiencia vivida por los trabajadores de la Cooperativa La Nueva Esperanza, empresa recuperada dedicada a la fabricación de grisines

 

   Grissinopoli forma parte de la larga lista de empresas de capitales nacionales desaparecidas, como consecuencia de las políticas recesivas implementadas hasta los primeros años de esta década. En el establecimiento ubicado en el barrio porteño de Chacarita, especializado en la fabricación de grisines, trabajaban poco más de 20 operarios. Hombres y mujeres amenazados por el fantasma de la desocupación, que un día decidieron plantarse frente una cruda realidad para intentar empezar de nuevo.

   María Pino, integrante de la Cooperativa La Nueva Esperanza, cuenta los pormenores de una historia recogida por el cine nacional, a través de un documental dirigido por Darío Doria con guión de Luis Camardella.

¿Cómo surge la experiencia de la cooperativa?

   El proceso comienza en el año 2000, cuando la empresa empieza a tener problemas financieros y deja de pagar los sueldos. La empresa va a concurso de acreedores, pero no consigue ningún acuerdo. El 3 de junio de 2002, nos debían varios meses y hasta años de sueldos. La gente pide un adelanto de dinero y le dicen que no hay plata; entonces, decide parar la producción y, además, quedarse en la fábrica. Esto lo hace la gente de producción. Cuando llegamos los de administración nos preguntan cuál es nuestra postura y decimos que aceptamos lo que ellos han resuelto, con la única condición –en el caso mío- que yo no me quedaría a dormir en la empresa. Vivo a seis cuadras de aquí, me iba a dormir a mi casa, pero venía todos los días. Sábados y domingos también.

¿Qué actitud tuvieron los vecinos con respecto a la lucha que ustedes sostenían en defensa de sus fuentes de trabajo?

   Cuando comenzamos la huelga estuvimos siete días encerrados y luego salimos a la calle con pancartas y carteles para dar aviso a la comunidad de lo que estaba pasando. Los primeros en acercarse fueron los vecinos y tuvimos mucha colaboración y apoyo. Acá no había plata, era pleno invierno, hacía frío y no teníamos comida. Los vecinos aportaron azúcar, yerba y pan. Además, acá cerca, en la avenida Córdoba, hay un supermercado que también nos ayudó con bolsas de comida. Luego se empezó a cobrar el seguro de desempleo y el gobierno entregaba cajas con alimentos, que algunos recibían. No todos, pero la mayoría recibía eso.

¿Cómo sigue la historia después de esos primeros pasos?

   Ahí comienza un proceso de reclamo. Los dueños anteriores habían perdido todo, al no conseguir el acuerdo. Ahí comienza un acuerdo con un abogado que nos asesora. El deseo nuestro era mantener la fuente de trabajo. Todos los que estábamos acá éramos gente grande y con mucha antigüedad. Nos tuvimos que ubicar un poquito de acuerdo a lo que era la situación económica del país en el 2002, después del crack de diciembre de 2001. Todo ayudaba para que uno no pudiera conseguir trabajo en otro lado. Cuando comenzamos la huelga éramos 24 personas. Después 8 se fueron porque creyeron que no iban a llegar a nada y se fueron a trabajar de cartoneros, un trabajo bastante difícil. Los 16 que quedamos, asesorados por el abogado Luis Caro, formamos la cooperativa. Mientras tanto, se fue hablando a los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires para que nos dieran permiso para trabajar. Queríamos que todo fuera legal. En noviembre de 2002 se consigue la Ley 910, por la que nos dan prestado (el establecimiento) por dos años para trabajar. El INAES también en noviembre nos otorga la matrícula. El 27 de diciembre de 2002 hacemos la inauguración oficial de la cooperativa.

Volver a empezar

No habrá sido una tarea simple comenzar a producir y vender grisines…

   Empezamos muy de a poquito, comprando 4 bolsitas de harina cada 10 o 15 días. Había que hacer un trabajo de hormiga para conseguir clientes. Primero para recuperar a los que habíamos perdido. Muchos habían desaparecido por la crisis y otros habían hecho acuerdos de exclusividad con la competencia. Ese fue el trabajo, sobre todo de la administración: ir formando la clientela de nuevo y, poco a poco, afianzarnos en el mercado. Los dos años que nos había dado la ley eran muy pocos para afianzarnos y poder seguir adelante. Antes de que se venciera el plazo de la ley, volvimos a visitar a los legisladores y, en noviembre de 2004, nos otorgan una ley con expropiación definitiva. Es la Ley 1.529. A partir de ahí ya estamos seguros de que esto está expropiado. La Ley dice que tenemos que pagar esto en 20 años, pero todavía no se reglamentó.

¿A quién le tienen que pagar?

   En la ley de concursos de acreedores hay un artículo que se llama cramdown. El gobierno le va a pagar una indemnización a la firma que le estuvo pagando a los acreedores y nosotros tenemos que pagarle al gobierno. En el 2008, tres veces vino gente del Banco Ciudad de Buenos Aires para hacer la tasación del edificio, pero hasta ahora no hemos firmado ningún acuerdo.

¿Cómo es la convivencia diaria entre los integrantes de la cooperativa, convertidos en nuevos dueños de la empresa?

   La parte humana es la más difícil de todas. Como socios, todos somos iguales; no hay categorías y del primero hasta el último cobramos igual por ocho horas de trabajo. Si alguno trabaja horas extras, va a tener un plus por esas horas extras. Lo más difícil es congeniar. En las asambleas se discuten los temas, se vota y lo que decide la mayoría se acepta.

   Comenzamos 16 y en este momento somos 14. Desgraciadamente la tesorera que tuvimos al principio metió la mano en la lata y hubo que destituirla, excluirla de la cooperativa. Otra persona falleció. Tenemos colaboradores de otras cooperativas que nos ayudan cuando tenemos más trabajo.

¿Qué características tienen los productos que fabrican?

   Fabricamos grisines malteados, sin sal, de salvado y cebolla. Tenemos el grisín de restaurante, que en Capital Federal está en muchas partes. Además, hacemos un producto para otra empresa, que se llama trabajo a fasón. Esa empresa nos trae toda la materia prima y el envase; nosotros fabricamos y cobramos el servicio de fabricación, pero no podemos comercializar ese producto. Es un producto creado por técnicos en alimentación de esa empresa. Son fajitas con sabor a pizza y a cebolla.

¿Con qué estrategias enfrentaron la crisis?

   El momento es muy difícil. Veníamos bastante bien, apuntando hacia arriba, pero este año (por 2009) las ventas bajaron. Hemos puesto vendedores en el interior y eso nos ha ayudado en las ventas.

Autor: José Yapor

“Todo evento lo que hace es unir a la gente”

Daniel Agustín Quinteros, el mago de la Línea D del Subte, asegura que “la palabra es lo que más transmite y comunica”. Siempre espera que su propuesta “logre gestar un buen estímulo entre la gente”

 

   No viene nada mal un poco de magia. Mucho menos si está acompañada de esas frases que, después de escucharlas, te dejan pensando por un largo rato. No viene nada mal. Más aún, si la propuesta tiene lugar en el viaje de regreso a casa, en algún vagón del subte de la Línea D y después de una agotadora jornada de trabajo.

   No es lo más común que en una gran urbe, donde a veces nos movemos como autómatas e ignoramos a los demás, un tipo proponga que mires al que tenés al lado y el otro haga lo propio con vos.

   Que en un mundo lleno de prejuicios, donde el individualismo parece estar a la orden del día y lo trivial ocupa el centro de la escena mediática, alguien te diga que “todo evento restituye el vínculo social” y que “cada uno de nosotros somos partes de ese rompecabezas de la vida”… ¿Qué querés que te diga? Para el escéptico que nunca falta –y a veces, por desgracia, abunda- quizás no sean más que frases hechas pronunciadas por alguien que “no tiene nada que hacer”. Pero para los que seguimos creyendo en los ideales de una sociedad más justa y en una humanidad más fraterna, con igualdad de posibilidades para todos… esas palabras son bastante más que una bocanada de aire fresco.

   Los andenes de la estación Congreso de Tucumán fueron el lugar elegido para la cita con Daniel Agustín Quinteros, el mago de la Línea D. Con el sonido característico de la llegada y partida de cada formación como fondo, el diálogo fue transcurriendo en un clima ameno, donde lo que menos importaba era eso que tan mal nos pone cotidianamente porque sentimos que casi siempre nos falta: el tiempo. Y fue así, nomás,  que Daniel comenzó hablando de lo que hace desde hace ya varios años.

¿En qué consiste tu propuesta de magia?

   Mi propuesta de magia consiste en un show que sociabilice, que logre gestar un buen estímulo entre la gente. Como es callejero, es un show no esperado, por lo cual tiene dos cosas: me da la libertad de hacer lo que yo pueda y le da la libertad al público para que se pueda bajar si quiere. Por suerte, nadie lo hace. A partir de las ilusiones de magia trato de generar buenos estímulos. A partir de cada ilusión trato que la persona no piense individualmente sino como un ser social. Todo evento hace lo mismo. En un recital, cuando llega la canción que está de moda, una persona se te acerca, te agarra del hombro y empieza a saltar. Y uno no va decir ‘no, no’. Todo evento lo que hace es unir a la gente y la gente siempre necesita la seguridad de la masa. O mejor dicho la aceptación de la masa, porque a partir de esa aceptación el ser humano puede desenvolverse tranquilamente. Si no es como que uno siempre se está escondiendo o tratando de encapsularse.

¿Y por qué nos pasa esto?

   Nadie sabe cómo ser, por lo cual no hay un modo de ser estipulado. Hay tantas maneras de ser como personas diferentes hay en el mundo. El miedo a la no aceptación hace que la persona se ponga como en un cuarto o se encapsule y ese encapsulamiento le da a su vez la seguridad de no ser visto. El ser humano desde que nace tiene angustias existenciales. Sabe que nada se vive todo y según cómo haya sido su por qué, le da estabilidad para ser o no ser. Cuando uno está en una masa o un contexto donde lo conocen, puede desinhibirse y hablar mucho más tranquilo, pero cuando a uno no lo conocen, se encapsula tratando de cuidar la forma. Esa forma es la forma en que uno se piensa. Uno cada mañana se levanta, se viste o se disfraza de lo que se piensa, porque quieras o no estamos en el teatro de la vida y cada quien se representa según como se piensa.

¿Cómo surgió esta idea tan original?

   Al principio no pensé en gestar un show. No me enseñaron a hacer un show y al poco tiempo fui a aprender teatro. Un día estaba haciendo magia, tenía una mesita y vendía juegos de magia por Florida y Lavalle; después por Once y después me dije que no me gustaba vender ilusiones. Veía que a la gente le gustaba lo que yo decía ‘acerca de’ que comprar la ilusión y me prometí no vender ilusiones, sino gestarlas a través del estímulo auditivo que es la palabra ayudado por el estímulo visual. La palabra es lo que más transmite y lo que más comunica. Eso fue el comienzo y después estuve como un año pensando ‘por qué no bajo al subte’ y un día bajé. Cuando bajé, había uno de seguridad del subte que me miró y me preguntó ‘qué andás haciendo’. Le dije ‘la verdad es que quiero hacer magia’. Le mostré un par de ilusiones de magia y le gustaron tanto que me dijo ‘¿por qué no subís en el próximo subte?’. Y ahí empezó todo. Empecé haciendo juegos de magia con instrucción y secreto. Si alguien quería llevarse un juego, las ilusiones que yo mostraba traían instrucción y secreto. Algunas personas no quisieron. En el siguiente vagón dije ‘si alguien se quiere llevar un juego se lo puede llevar o si no pueden hacer pueden hacer que aparezcan mágicamente monedas en el maletín o billetes en su defecto’. Toda la gente empezó a reírse y resulta que empecé a pasar el maletín, no vendí ningún juego, pero a la gente le gustó el show y todo el mundo puso plata en la gorra. A partir de ahí fui cambiando algunos juegos y otros no, pero empecé a nutrirme de esa espontaneidad, del hecho de poder gestar un show donde no te lo piden, del hecho de poder despertar una situación diferente. El viaje de por sí es un estado de cambio, según lo que dejaste y lo que vas a hacer. Uno siempre en el viaje está pensando en lo que dejó y en lo que va a hacer y entonces no tiene una forma definida. A partir de eso, empecé a jugar con las formas, con lo que era el show y con las palabras. Lo que había leído influyó casi en un 100% de lo que podía hablar. Uno puede reconocer y asociar sólo sobre lo que conoce y sabe y a la gente le empezó a gustar, porque se trataba de un show cándido. Cada palabra era como recitar. Si estuviésemos en otro tiempo sería una especie de juglar. Me pararía en una plaza y no hablaría, porque recito. No puedo dejar que un segundo la gente piense, tenga otra realidad o le pase algo porque sale de la ilusión. Es como que se desencantan. Recito en voz alta cada ilusión y cada frase y a la gente le va llegando y va reconociéndose en esas frases. Para la persona que no estaba viendo pero estaba escuchando es como un timbre para que levante la vista y se sienta. Es el despertar.

¿Recordás alguna situación que te haya marcado en alguno de los viajes?

   Una vez veníamos en el subte y más o menos por estación Carranza el subte se queda parado y se disminuyen las luces. Quedaron las luces de emergencias. Yo estaba haciendo el show y seguí haciéndolo y como la gente estaba viendo el show en ningún momento se percató de que el subte se había parado. Cuando se percató de que estaba parado, empezaron a mirar para los costados y yo les dije ‘es parte del show. Bajamos las luces y ahora sí, siéntanse en un teatro; vivan’. Una vez terminado el show se prenden nuevamente las luces y el subte empieza a arrancar. La gente en ningún momento despuntó malhumor.

¿Y alguna otra?

   Otra vez, me bajo en la estación Juramento y agarro la escalera. El show lo finalizo con un ‘mago volvé’. Al ‘mago volvé’ lo gesté porque uno nunca sabe si es bienvenido y si la gente te dice ‘volvé’ al otro día vás con otra onda. No sé si mi show está bien; yo lo expongo o lo presento y como nadie lo pidió lo pueden tomar bien o mal. Para gestar un vínculo social, cuando me bajo todo el mundo tiene que hacer lo mismo y al  participar de lo mismo sienten la seguridad de la masa. Cuando bajo riéndome, la gente me dice ‘mago volvé’ y como toda esa gente bajó en la misma estación, seguían gritando desde el anden y yo saludando desde la escalera mecánica mientras iba subiendo. Fue como una visión de haber gestado algo bueno, que esa gente volviera a creer en algo. La gente necesita volver a creer y a tener héroes. No digo que yo lo sea, pero alguien que le caiga bien, que pueda enumerar cosas que hacen al ser humano al que aspiramos. Cuando podés gestar un estímulo en alguien, para mí la devolución es el doble, porque puedo sentirme bien y así seguir gestándolo.

Vos decís que “cada evento restablece el vínculo social”¿Cómo traducís esa idea?

   El ser humano es un ser sociable. Por más que sea el más austero, necesita de la compañía de austeros. ¿Para qué? Para ser austeros con el mundo. Siempre todo el mundo trata de juntarse con la gente. Todo evento lo que hace es unir a la gente. Uno puede estar consciente o inconsciente de esa unión. Un viaje en subte une a la gente, pero a su vez es inconsciente. Si bien se sientan y están en un mismo vagón, nadie te ve, nadie se observa y tratan en lo posible de hacer como que no hay nadie más. Tratan de pensar que están viajando ellos y nadie más. Al ver eso, traté de ver cómo hacer que cambie y poder darles eso de reestablecer el vínculo por un momento. Que gente que no se conoce actúe en sociedad y actuar en sociedad es respetar al que está al lado y que haya una buena química. Si al principio de los tiempos la gente se hubiese unido y hubiera vivido en fraternidad, no se hubieran perdido culturas y sabríamos más de lo que sabemos. E inclusive yo haría un show mejor. Si esa gente se hubiera unido la sociedad sería otra. El mundo y la concepción del mundo, humanidad y sociedad es una idea que está implícita pero no aplicada. Si estamos hablando aquí y todo está tranquilo en otra parte del mundo se están bombardeando. Antes había guerras y soldados y ahora también; había grandes pestes y ahora también. Lo único que hay ahora y no había antes son más denominaciones. Y eso hace que la gente pueda clasificar un montón de cosas. Un nombre ahora se toma como un nombre y nada más, pero antes significaba algo. El poder denominar algo le da la seguridad al ser humano de algo conocido. Mientras vos lo conozcas, lo vas a poder denominar aunque te haga bien o mal. El hecho de no conocerse, hace que la gente se encapsule.

¿Estudiaste alguna carrera humanística?

   He leído y he vivido. Pude llegar al conocimiento a partir de vivenciar y darme cuenta de lo que pasa. Cuando terminé el secundario, me pasé como dos años leyendo todos los días. Me gustaba leer filosofía en ese momento. Todos los días juntaba frutas, agua mineral y libros en una mochila, me iba a una plaza y no necesitaba más. Después leía y sentía que podía navegar en esa lectura. Me sentía parte del libro y podía sentir que lo entendía. Después tuve un tiempo que no hablaba una sola palabra. Estaba como abstemio a la palabra. Cuando pude reproducir todo eso pude generar un show. Siempre me gustó leer filosofía y sociología. Apuntes, libros propios y también libros recomendados. Tampoco es que haya leído toda mi vida. Lamentablemente descubrí tarde. Pero nunca es tarde. El ser humano se activa a partir de los conocimientos que tiene y a partir de las cantidades de cosas que conoce puede denominar y asociar. Y a partir de esa asociación puede transformar y no simplemente adoptar lo que le dicen. Más que ser parte del contexto, hacerlo, generarlo o gestarlo. De uno depende hacerlo o no.

¿Quiénes son tus referentes?

   Nunca me había puesto a pensar en grandes referentes. Cada uno de los seres humanos tenemos un montón de vivencias por lo que podríamos representar a ese héroe o ese villano. Mucha gente tiene cosas para valorar. Todo aquel que pueda gestar un buen estímulo y ese buen estímulo sea reconocido y cause algo entre toda la gente y pueda unirnos en algo en nombre de… Me parece que está bueno. Nunca fui muy afín a esas cosas que nos van separando. Todo de por sí separa. El mundo está separado por continentes y de cada continente nos lleva a una propia visión. Esa visión que quieren que veamos. Dentro de ese continente hay países y dentro de esos países nos llega una pequeña visión de lo que pasa en ese país, de algo con qué asociarlo. Y dentro de esos países hay provincias y de esas partes de ese país nos llegan poquitas cosas. Y la misma gente lo que hace es renegar de ese país, de esos ciudadanos o conciudadanos. Y dentro de esas provincias hay ciudades contra ciudades. Fijate lo que pasa, ‘que nosotros estamos contra estos, contra aquellos’. Es lo que nunca pude llegar a entender. Si bien estamos viviendo en una sociedad, ¿por qué esa separación? Y dentro de esas ciudades hay barrios y siempre hay un barrio contra otro, ‘que no se aparezcan por acá’. Y dentro de esos barrios hay calles y siempre es una calle contra otra. Y dentro de esas calles hay edificios y siempre hay un vecino contra otro y la gente está buscando a aquel malo o a aquel bueno. Se trata de historias repetidas. ¿Por qué no forjar la historia verdadera? Cada persona tiene una pequeña cosa para agarrar y argumentar. Cada uno de nosotros somos partes de ese rompecabezas de la vida; nadie tiene la parte entera. Todo el mundo tiene una pequeña parte. Si pudiésemos unir eso llegaríamos a la idea en sí o por lo menos a la concepción de una idea, de una pequeña verdad. Porque no hay verdades sino mejores respuestas. En este caso la mejor respuesta es aquella que puedas entender o adoptar.

Una reflexión final…

   Me gustaría que estén despiertos a cada momento de la vida. Si bien cada segundo que pasa es un segundo que muere, por qué no vivirlo como el mejor de los momentos.

Autor: José Yapor

La Rica: el pueblo que tuvo dos ferrocarriles

Ismael Figueroa (“Yima”) recordó la época en que había 1.300 pobladores y dos estaciones: la del Midland (trocha angosta) y la del Oeste

    Ismael Figueroa, vecino de La Rica, recordó la época en que por la localidad del Partido de Chivilcoy “pasaban dos ferrocarriles: el Sarmiento y el Midland, que después fue el Belgrano” y relató que “con el Midland, junto con algunos muchachos, llegábamos a Puente Alsina, tomábamos el tranvía 9 y nos íbamos a la cancha de Boca. A la vuelta, salíamos a las 8 o tal vez un poco antes de Puente Alsina y llegábamos acá, a La Rica, a las 11 de la noche. Tres horas tardaba el tren y paraba en todas las estaciones. También estaba el lechero o ‘tren verde’, como le decíamos. Llegaba a la 1 de la tarde a La Rica y llevaba pasajeros, pero también levantaba la leche y toda la mercadería que había”, agregó.

   “Yima”, como lo llaman los parroquianos, precisó que “había dos trenes para ir a Puente Alsina. Día por medio venía un diésel que llevaba encomiendas a Buenos Aires. Había dos lechoneros, que carneaban muchos lechones. El tren pasaba a las doce de la noche y ahí mandaban los lechones. Ahora no hay nadie y antes era una romería. Por eso, dijo el poeta (Domingo) Behro que estaban las chicas paseando por el andén. Ahora no pasa nada”, comparó.

   La Rica está ubicada sobre la Ruta Provincial Nº 30, a mitad de camino entre Chivilcoy y Moquehua. Es una zona agrícola ganadera, donde –afirman los que conocen- están los mejores campos del partido. Al pueblo se accede por un callejón con mejorado de piedra, de un kilómetro de extensión. Sobre la calle principal y sus adyacencias están las casas, algunos comercios, la escuela, el dispensario, el club, la capilla y la placita de frondosa arboleda, donde cada tarde los niños se dan cita para jugar.

   De la estación del Midland sólo quedan algunos vestigios, mientras la del Sarmiento (ex Oeste) está tal como era y bien mantenida por sus actuales inquilinos. A pocos metros, sobrevive el monte de eucaliptus, justo en la curva del camino que va para San Sebastián.

   Testigo de un esplendor ferroviario perdido por las malas políticas, a unos dos mil  metros del casco del pueblo está entera la estructura del puente del Midland sobre las vías de trocha ancha del Sarmiento.

   Y ahí cerquita nomás, la llamada Estancia de López, convertida desde hace varios años en atractivo turístico.

   En una de esas mañanitas soñadas de verano, bien temprano y mate en mano, “Yima” y su esposa recibieron en su casa a La locomotora, días después del inicio del primer ciclo radial.

¿Cómo era el servicio del Ferrocarril Oeste?

   El Oeste venía a las 11 de la mañana y regresaba a la tarde hasta Once. Teníamos dos trenes para viajar y ahora no hay ninguno. Tenemos que ir hasta Chivilcoy y en Chivilcoy hay un solo tren. Parece que estuviéramos más atrasados ahora, porque antes había de todo.

   En Gorostiaga, el tren que venía de Chivilcoy enganchaba el coche y de ahí seguía hasta Once. Muy buen transporte. Para el 8 de diciembre, o a veces antes, venía desde Anderson un tren peregrino y nos íbamos a Luján. A las cuatro de la tarde volvía de Luján. Todos los creyentes íbamos a visitar a la Virgen de Luján. Algunos iban de joda también, porque era muy lindo pasear en tren.

¿Y los servicios de carga?

   Acá se cargaba mucha hacienda. Traían la hacienda caminando de muchas estancias y la cargaban en el tren especial. Todavía está el embarcadero, pero no pasa más nada.

¿Recuerda cuándo se levantaron los servicios?

   El ferrocarril se levantó cuando estaban los militares. En el Midland levantaron las vías y el Sarmiento no pasó más. También se llevaron la estación. Decían que era para una escuela, pero parece que estaba en Uribelarrea. Tengo un sobrino que vio cómo la habían tirado. No sé qué pasó con esa estación que arrancaron de acá. A la del Oeste no la pudieron sacar. Había tres galpones y a uno lo levantaron, pero no sé a dónde. En la estación hay gente que alquila. Está bien pintada y conservamos el monte. Lo vinieron a cortar, presentaron unos papeles que eran falsos, pero como nos opusimos unos cuantos parroquianos no lo pudieron cortar. En cambio en Henry Bell, como nadie se opuso, lo cortaron. Los terrenos del Midland quedaron para la Intendencia. Creo que van a hacer unas casitas y se hicieron unas callecitas.

¿Cómo está La Rica?

   Hay una comisión de Amigos por La Rica, donde están mi señora y mi hijo. Hacemos fiestas y choripanes a beneficio del pueblito. El delegado, Raúl Bolger, anda muy bien y el pueblito está limpio. Antes teníamos un regador y teníamos que regar sin que nadie nos pague, ad honorem. Ahora sí, hay cuatro empleados.

¿Cuántos pobladores hubo y cuántos quedaron?

   Llegaron a vivir cerca de 1.000 personas y ahora hay más o menos 130. Hay muchas casas desocupadas. Viene mucha gente de afuera a comprar pero no viven; solamente vienen los fines de semana. Han venido muchos de la Capital. Nosotros estamos acostumbrados a saludarlos con un ‘buenos días’ y se quedan admirados de cómo aquí mantenemos las buenas costumbres. Nos llevamos muy bien. No tengo enemigos.

¿Siempre estuvo en el pueblo?

   Yo nací aquí, en esta casa. Nunca me mudé. Nací un 30 de septiembre de 1932; así que este año cumplo 77”. Me crié en una fábrica de quesos que había acá. Después se cerró porque decían que no les convenía y me largué a pintar. Antes había mucho trabajo; la gente cargaba bolsas de trigo y maíz.

¿Cómo se componía su familia?

   Eramos nueve hermanos, cuatro varones y cinco mujeres. Murieron tres varones y una mujer. Yo soy el anteúltimo. Tengo una hermana en (Ramón) Biaus que es la menor y tenía catorce días cuando falleció mi papá. Yo iba a cumplir cuatro años. Era una vida dura. Mi vieja quedó sola con los cuatro más chicos y los cinco más grandes. Fui a la escuela pero no pude terminar, porque antes acá había hasta cuarto grado. Después pusieron 5º y 6º. La escuela es la número 57 y también tenemos el jardincito 910. Nosotros tenemos la llave del jardín por si alguna maestra se la olvida. También tenemos las llaves de la capilla y el dispensario. Somos muy católicos y no le hacemos el mal a nadie. Fuimos y somos muy amigos del padre Camilo Latapie. Cuando podía, venía a comer algún asadito. Venía a mi casa todos los domingos, porque hacía misa un domingo en San Sebastián y el otro en La Rica.

Autor: José Yapor

Poeta de tierra adentro

Dedicada a Alberto Cortez

 

¿Y ahora que vas a cantar,

poeta de tierra adentro?...

 

Si le cantaste al camino

y a la bravura del viento;

a aquel abuelo inmigrante,

que un día llegó a buen puerto

y al loco de los castillos,

que al aire lanzó sus sueños.

 

Si le cantaste al misterio

de tu Pampa y su llanura

y hasta al herrero harapiento

de penosa sepultura;

al ausente sembrador

y a la olvidada ternura.

 

Si le cantaste a la vieja

de maternidad frustrada,

que llenó con cien muñecos

esa despoblada cama…

y consumió su vejez

en el banco de una plaza.

 

Si le cantaste a la vida

y al aire de las mañanas;

al amor de rosas negras,

que era todo y no fue nada

y a aquel duende de la calle

que la vida se cantaba.

 

Si le cantaste al velero

que en altamar navegaba

y al río que no era río

sino “una cinta de plata”;

al buen vino y a la copla

que estalla de madrugada.

 

¿Qué más te puedo pedir?...

¡Que siga latiendo tu alma!

 

José Yapor

(Buenos Aires)

27/09/07

Publicada en el sitio www.albertocortez.com

Gorrión eterno

A Juan Di Marco (Tacuara), personaje de Capitán Sarmiento

 

Más que las chapas frías del invierno

y las vías vacías a la vista,

o ese vino que embriaga y no da pista,

¡tu vida vale más, gorrión eterno!

 

Sos eterno gorrión de bajo vuelo,

lento peregrinar, siempre de viaje,

pájaro audaz, urbano personaje

que en andar vagabundo busca el cielo.

 

Y te han llamado Juan y las tacuaras

inspiraron tu apodo a cada paso;

desde el alba temprana hasta el ocaso

tu canto nos despierta y nos ampara.

 

¿Qué será de las calles y el paisaje

si el vuelo de repente se termina?:

el recuerdo andará por las esquinas

y abundarán palabras y homenajes.

 

Y seguirá la historia en tu guarida,

que otrora fue refugio de catangos

y serán las gramillas junto al fango,

testigos solitarios de tu vida.

 

Más que las chapas frías del invierno

y las vías vacías a la vista,

o ese vino que embriaga y no da pista,

¡tu vida es mucho más, gorrión eterno!

 

José Yapor

Junio/04

Carguero

Al país que perdió el tren

 

De tanto en tanto un carguero

p’amortiguar la nostalgia.

Es cierto, no hay pasajeros

ni señales ni campana

y el tren pasará de largo

con barreras levantadas.

 

De tanto en tanto un carguero,

¡no es lo que el pueblo esperaba!

Porque hubo tiempos mejores,

de partidas y llegadas,

que unos poblados andenes

sigilosos contemplaban.

 

De tanto en tanto un carguero

para encender esa llama,

de un pasado productivo

con población ocupada

y trenes surcando rieles

por los Andes y las Pampas.

 

De tanto en tanto un carguero,

es mejor algo que nada.

Convoy de treinta vagones

se perderá en la distancia,

volverá cuando Dios mande,

total... ya no hay cronogramas.

 

 

De tanto en tanto un carguero,

en verdad es casi nada.

Los desgastados durmientes

despiertan de siesta larga,

pero no hay telegrafistas,

catangos, jefes ni guardas.

 

De tanto en tanto un carguero

p’alimentar la esperanza,

del renacer ferroviario

y el despertar de la Patria.

De pueblos que sobreviven

al olvido y a la infamia

y a reaccionarias teorías

del mercado y las finanzas.

 

De tanto en tanto un carguero,

¡no me quiten la esperanza!

¡Yo sé que el tren volverá!...

La ilusión la tengo intacta.

 

José Yapor

7/9/03

Quiénes somos

   “La locomotora” es un programa de radio, que se emite todos los veranos por Radio Local FM 103.7 de Chivilcoy – Buenos Aires – Argentina.

   La idea  surgió en diciembre de 2008 y sólo medió una comunicación telefónica breve con el director de la emisora, Ismael Aronne, para llegar a un acuerdo.

   Con el desafío de encarar una propuesta periodística que reflejara hechos y situaciones que suelen ser invisibilizados por los grandes medios, en pocas semanas llevamos al aire testimonios sobre empresas recuperadas, economía social, ferrocarriles, educación, historia, medio ambiente, cultura y la vida en los pueblos de campaña.

   Nos propusimos salir del molde localista, porque consideramos que otros programas abordan durante todo el año –y en muchos casos muy bien- los temas que a diario suceden en la comunidad y ocupan la atención de los vecinos.

   Así empezó a rodar la idea, hasta que fue tomando forma, salimos al aire, nos conocimos con los oyentes y logramos una respuesta ampliamente satisfactoria.

   Lo pongo en plural porque “La locomotora” es un equipo de trabajo. Desde los inicios del ciclo, me acompañan en esta aventura Juan Larrea y Marcelo Lobo, especialistas en historia chivilcoyana y educación, respectivamente.

   Con Juan habíamos compartido las tardes de radio de “La banda dominguera”, allá por los primeros ’90 en la desaparecida emisora de amplitud modulada Eco. Con Marcelo fuimos compañeros en el secundario, en la centenaria Escuela Normal.

   A pesar de la distancia que impuso mi traslado desde 1997, por cuestiones laborales, nunca rompí el lazo con una comunidad de la que me sigo sintiendo parte. Tampoco con mis dos compañeros. Aunque nos veíamos a las perdidas, en cada encuentro departíamos largamente sobre todo aquello que juzgábamos interesante. Juan y Marcelo apenas se conocían y la radio fue algo así como el disparador de una relación que crece con el tiempo. Eso también es parte de la “magia” de este medio de comunicación que llega a tanta gente.

   Para sumarlo al proyecto, con Juan bastó una charla simple dos días antes de nuestra salida al aire. Y así fue como reeditó su “Viaje al Chivilcoy de antaño” con formato renovado. Marcelo se sumó al cabo de dos o tres programas con su micro “El furgón de cola”.

   A fines de 2009 encaramos el segundo ciclo y hoy estamos trabajando para arrancar con el tercero, posiblemente el último fin de semana de este 2010.

   La idea de que el material de producción con que contamos no quedara en el olvido, nos llevó a armar este blog, un ámbito ideal para que la propuesta crezca y sume la opinión de todos nuestros visitantes. Porque creemos que el intercambio enriquece la comunicación, más aún cuando transitamos por una época de cambios, con una nueva ley de medios que justamente se propone sumar nuevas voces y nuevos actores, en contraposición con los discursos unidireccionales y hegemónicos de los monopolios mediáticos.

   Esta es nuestra breve historia y estos nuestros desafíos de cara a los tiempos que vienen.

José Yapor

 

-Juan Larrea: fue director del Museo Histórico “Francisco A. Castagnino” y director-fundador del Museo Social Español, ambos de Chivilcoy. Escribió libros sobre la historia de Chivilcoy y participó en ciclos de radio. Es el inspirador, además, de la Biblioteca “Gaspar J. Astarita” -dedicada al tango-, que funciona en la Confitería La Perla, en pleno centro de la misma ciudad.

-Marcelo Lobo: es estudiante avanzado de la carrera de Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires. Está al frente de Dekalube, una empresa familiar que funciona en el Parque Industrial Chivilcoy, dedicada a la fabricación de productos de higiene para tambos y frigoríficos.

-José Yapor: periodista y docente. Trabajó en medios gráficos y radiales de Chivilcoy y Capitán Sarmiento. En docencia, dio clases en escuelas de nivel medio de Capitán Sarmiento y actualmente lo hace en Campana. Desde hace casi dos décadas se desempeña en una empresa distribuidora de energía.