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La locomotora del oeste

Jorge Simón Yapor: del norte libanés a la pampa húmeda (1ª parte)

   Jorge Simón Yapor llegó al país en 1910, procedente de Beit Mellat, poblado del norte libanés. Se casó con María Cura -“la abuela Julia”-, una argentina hija y hermana de libaneses. De esa unión nacieron Simón, Miguel, Juan José (Chichín) y Eduardo, los tres últimos fallecidos.

   Con sus 86 años a cuestas y una memoria prodigiosa, Simón comienza su relato recordando que “un día le pregunté: ‘Papá, ¿por qué cuando te dicen turco te sentís molesto? Siempre nos tuteaba, pero cuando nos quería hablar en serio o reprimir por alguna macanita que nos podíamos mandar como chicos, ya no nos tuteaba y nos trataba de usted. Me respondió: ‘Venga que le voy a explicar’. Y me explicó. El tenía ocho años y el padre y la madre lo llevaron al puerto de Beirut y lo último que oyó de sus padres cuando se despidieron de él fue: ‘Andate a la Argentina, que hay amigos que te van a recibir, antes de que te maten los turcos’. ‘¡Y vengo acá y me preguntan si soy turco…!’”, rezongaba don Jorge.

   Simón advierte que “acá muchas personas, inclusive escritores y literatos, los han llamado sirio-libaneses” y enseguida aclara que se trata de un error, porque “son sirios o son libaneses”. Más allá de la proximidad geográfica, una lengua común y costumbres similares, Líbano y Siria son dos países con identidades propias dentro del Mundo Arabe.

   Entre los libaneses que llegaron a esta localidad del oeste bonaerense, enumera a Huebbes, Antonio, Aré, Cura y Amara. “Inclusive había libaneses que no eran cristianos, sino musulmanes, como Salomón Ale, Pudi, Llaver y Nacer”, acota y celebra que “la rivalidad que había en su tierra de origen acá no se transmitió, porque se reunían periódicamente y traían gente para conversar. Cuando yo tenía 16 o 17 años, recuerdo que vino al Teatro Español Habib Estéfano, una persona muy capaz, un literato. Dio una conferencia y, si bien era libanés, la mayoría de los sirios fueron porque lo sentían como propio. Había familiaridad. A tal punto era así, que acá estuvo la gente del Club Sirio-Libanés y del Hospital Sirio-Libanés”.

Otra versión

   Sobre la expresión popular “perdido como turco en la neblina”, Simón aporta una interpretación diferente a la ya conocida: “Hay una cosa que fue inventada, no sé por quién ni con qué interés. Decían que porque venían de un país árido no conocían la neblina y se perdían en la neblina. Pero buscando, porque tengo la manía de buscar refranes, encontré una nota que decía que en España, después de la dominación árabe, a un borracho le decían que ‘se había agarrado una turca’. ‘¡Uh, tenía una turca bárbara!’. Entonces, para algunos, especialmente en Marruecos, hablar de turca es decir que está borracho o en pedo, como se dice vulgarmente. El refrán primero vino ‘como con una turca, perdido en la neblina’, que significaba ‘como borracho perdido en la neblina’ y se lo encajaron a los árabes”, explica.

B por p y viceversa

   La forma en que pronunciaban la letra p, su fonética, se ha convertido en un signo de identidad para los inmigrantes llegados de Medio Oriente. Desde la expresión “vende beine, beineta, jabón y jaboneta”, atribuida a los mercachifles, hasta la airada reacción del “baisano” llamado “Bedro”, que respondió con una sutil puteada cuando algún desprevenido le preguntó si su nombre empezaba “con b larga o v corta”.

   Estas cuestiones de la fonética también hicieron su parte en la historia de nuestra familia: “Papá era Yapor y los dos hermanos que nacieron después que él, José y Emilio, eran Yabor. Miguel, que nació siete meses después de la muerte de su padre, era Yapor porque lo fue a anotar papá. ¿Qué pasa? Por esa costumbre que tiene el árabe, al traducir al castellano cambia la p por la b y la b por la p. Venía el verdulero y mi abuela le decía: ‘La da un baquete de perro’ y el verdulero ya sabía que quería berro. Había un perrito en la casa paterna que hacía algunas travesuras y la abuela decía: ‘Ese berro de miércole’. El apellido nuestro, Yapor, está mal pronunciado para el árabe. Papá lo pronunciaba con un p suave y se escuchaba Yapbor. Cuando mi abuelo anotó a José y a Emilio, lo pronunció así y los anotaron como Yabor. Emilio vivió toda la vida como Yabor y murió como Yapor, porque cuando llevaron los documentos, en la cochería dijeron ‘acá está equivocado’ y pusieron en el aviso Emilio Yapor y en la lápida también lo pusieron así”, refiere Simón.

“…borque yo no lloré”

   En tiempos de la dominación turca, la violencia en sus más crueles formas era moneda corriente para los sufridos pobladores libaneses. Alguna vez, la madre de don Jorge, Juana Abraham, contó una historia conmovedora que Simón rememora de esta forma:

   “Mi abuela, una vez mirando a los nietos después de cenar, nos dijo: ‘Ustedes la están aquí borque yo no lloré’. Y nos quedamos mirando todos. Papá dijo: ‘Les voy a explicar lo que quiere decir la abuela’. Cuando se ponía serio, papá cruzaba los brazos sobre el pecho y  empezaba a hablar. Y nos dijo: ‘Les voy a contar la historia de Simón el molinero’. Simón Abraham, mi bisabuelo, era casado con Zelma Elías, pariente de los Elías que tenían el molino en Mataderos; por eso había un vínculo y siempre nuestra familia se trató con la de ellos como de la familia. Un día, los ocho o diez jornaleros que tenía llegaron al lugar y les llamó la atención que el molino estuviera cerrado. Cuando llegaban los jornaleros, Simón Abraham ya llevaba una hora de trabajo. Y vieron que las mulas que utilizaban para mover la tahona, se habían escapado y roto todo el jardín. Golpearon y golpearon, pero nadie abría. Oyeron que alguien estaba llorando. Forzaron la puerta, entraron y encontraron a Simón y Zelma degollados. Los habían degollado los turcos musulmanes, que entraron al molino no sé si por motivos de robo o religiosos, que era el drama de Medio Oriente. A mi abuela la criaron otros parientes y tenía razón, porque la abuela estaba en una habitación contigua. Y si hubiera llorado, los turcos musulmanes la hubieran matado, porque no había ningún problema y había que terminar con la familia. Así que estamos aquí porque la abuela no lloró. Y ustedes también…”, afirma Simón sin vueltas.

   A tono con el clima de dominación imperial, en aquellos años estaba vedada la educación al pueblo. El niño Jorge “fue a la escuela de los sacerdotes y, a los ocho años, sabía leer y escribir en árabe y conocía algo de francés. Porque El Líbano, después de la ocupación turca fue un protectorado francés, y pasaron muchos años hasta que se declararon república y le dieron la independencia. Papá contaba que se refugiaban en la montaña. Cuando nosotros le preguntábamos se ponía mal y mamá se enojaba, porque papá se ponía a llorar. Se acordaba que con un monje se refugiaron en la montaña y vieron cómo los turcos, con un cañoncito rudimentario, destruyeron la escuela. No era conveniente para ellos que la gente supiera leer o escribir”, asegura Simón.

Autor: José Yapor

 

 

Chivilcoy y su rica historia

   De acuerdo con los resultados del censo municipal, del mes de Septiembre del año 2009 el número de habitantes de Chivilcoy ascendía a 73.855 de los cuales, el 51.2% correspondía a mujeres  y el 48.8 % a varones. En 1852 el partido tenía 5.500 habitantes.

    El partido de Chivilcoy se creó el 28 de Diciembre de 1845, por el decreto número 1844 del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas y el 29 de Diciembre de ese año otro decreto designó a Don Lázaro Molina 1º Juez de Paz.

   El 22 de Octubre de 1854, se fundó el pueblo cabecera gracias a las gestiones de una comisión de vecinos, que presidió el Juez de Paz, Don Federico Soarez,  y un trabajo previo de Soarez, Villarino y Pastor Gorostiaga.

   El 20 de Julio de 1855, se aprobó el trazado del futuro pueblo de Chivilcoy confeccionado por Don Manuel Villarino, en base a los planos de la ciudad estadounidense de Baltimore enviados por Sarmiento.

   El 25 de Marzo de 1856 se constituyó el primer gobierno comunal de Chivilcoy bajo la presidencia de Don Federico Soarez.

   El 13 de Octubre de 1857, se sancionó en la legislatura de la provincia de Buenos Aires, la ley de tierras públicas, del partido de Chivilcoy, por iniciativa del senador Domingo Faustino Sarmiento. Dicha ley promovió el desarrollo económico de nuestra actividad agrícola, aunque Sarmiento se ajustó al pedido de un numeroso grupo de vecinos de Chivilcoy.

   El 11 de Septiembre de 1866, arribó el ferrocarril a Chivilcoy, procediéndose a la inauguración de la primera estación. En 1968 salió el último tren y se demolió en 1980.

   El 10 de Noviembre de 1866, la educadora y escritora Juana Paula Manso fundó en Chivilcoy la primera biblioteca pública, a la cual se le impuso el nombre de Domingo Faustino Sarmiento, como presidente electo, y pronunció su célebre discurso, en el que prometía “Hacer cien Chivilcoy, con tierra para cada padre de familia y escuelas para sus hijos”.

   El 18 de Marzo de 1875, salió a luz el primer órgano gráfico del periodismo local “La Campaña”. Lo fundaron los vecinos Carlos Augusto Fajardo, primer escribano de Chivilcoy, y Miguel Calderón. Cesó en sus ediciones en Octubre de 1876.

   En 1881, se efectuó desde Chivilcoy la primera comunicación telefónica a larga distancia en la historia argentina, estableciéndose un enlace con Buenos Aires. El Doctor Bernardo de Irigoyen, desde nuestra ciudad, se comunicó con el Presidente de la Nación, general  Julio A. Roca, en la Capital.

   El 10 de Abril de 1886, la compañía circense de José Podestá y Alejandro Sotti representó en Chivilcoy el “Juan Moreira” hablado; memorable acontecimiento que determinó el nacimiento del drama criollo y el teatro nacional.

   El 30 de Junio de 1886, se conformó el primer Concejo Deliberante de la historia de Chivilcoy y se designó al primer intendente, Don Saturnino López.

   El 27 de Agosto de 1892, por el decreto Nro. 257 del gobernador de Buenos Aires, Don Julio Costa, Chivilcoy alcanzó la declaratoria de “Ciudad”.

   Constituyen símbolos representativos de nuestra ciudad: El Escudo, aprobado en el mes de Noviembre de 1977, colocado en las dependencias y reparticiones oficiales desde 1978.

   El “Canto a Chivilcoy”, del poeta Ernesto Domingo Marrone y del músico Pascual Grisolía, estrenado durante los festejos del centenario, el 22 de Octubre de 1954.

   La Bandera de Chivilcoy, confeccionada en Octubre de 2008.

Autor: Proc. Juan A. Larrea

Bancamos a Correa

   Ante un nuevo intento golpista en el continente, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo ecuatoriano y nuestro más enérgico repudio a quienes encabezan esta aventura destituyente contra el gobierno de Rafael Correa.

   Estas acciones deben interpretarse en el contexto de la escalada de la derecha neoliberal en América latina, que tienen como tristes antecedentes el golpe contra el gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, la masacre de Puente Llaguno en Venezuela, los planteos secesionistas de “la media luna” boliviana y las proclamas golpistas que los argentinos sufrimos durante el conflicto fogoneado por las patronales sojeras.

   Por todos los medios, los grupos de poder de la región –montados en el éxito electoral de Sebastián Piñera en Chile- buscan disciplinar a los gobiernos que quieren conducir soberanamente los destinos de sus países, sin subordinaciones de ninguna clase. Y hablamos de Lula, Evo Morales, Hugo Chávez y Cristina Fernández.

   Así como en la Argentina quisieron pero no pudieron, tampoco pasarán en Ecuador, país devastado por las políticas neoliberales de los ’90, que hoy quiere volver a escribir su destino de grandeza junto a sus hermanos de Iberoamérica.  

   Una vez más, frente a estos abominables acontecimientos, la República Argentina vuelve a ser el epicentro de la solidaridad regional. Y no es casualidad que hayan arribado de inmediato a Buenos Aires mandatarios de países vecinos para analizar la situación y definir acciones conjuntas. No es casualidad y, a la vez, debe llenarnos de orgullo, porque desde 2003 el país abandonó la política de “relaciones carnales” y construyó una agenda común con sus hermanos de América del Sur. El máximo reconocimiento a ese cambio de paradigma fue el voto unánime que meses atrás coronó al ex Presidente Néstor Kirchner secretario general de la Unasur y, hace pocos días, a Cristina como máxima referente del Grupo de los 77.

   En cada país los pueblos deben ganar la calle y permanecer en vigilia el tiempo que haga falta, porque sólo la solidaridad internacional con el pueblo ecuatoriano puede cerrarles las puertas a estos aventureros golpistas, que quieren llevarse puestos a los gobiernos progresistas del continente.

   Es oportuno recordar las palabras de la ex secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice, cuando allá por 2005 manifestó: "Para que el Sur del continente pueda ser asimilado, éste debe alejarse de la figura de Perón. Sí, de aquel nazi demagogo llamado Juan Domingo Perón".

   Justamente, gobiernos como el de Correa han rescatado el legado del tres veces Presidente de los argentinos y hoy los enemigos del pueblo quieren gestar un nuevo septiembre de 1955, pero esta vez no podrán.

   Y con Evita les decimos que “a la fuerza brutal de la antipatria opondremos la fuerza popular organizada”.

   ¡Fuerza Ecuador! ¡Fuerza Rafael! ¡Viva la Patria Grande Latinoamericana que hoy, de pie, rescata la lucha de los Libertadores!

Autor: José Yapor

“El sistema ferroviario está destruido absolutamente”

Elido Veschi, vocal de Apdfa, evaluó la crítica situación del sector, habló del proyecto del “Tren para todos” y evocó la figura de Raúl Scalabrini Ortiz, uno de los principales referentes del pensamiento nacional

 

   “Mucha gente dice que, en la década del 90, el Estado estuvo ausente o no hizo lo posible para mejorar la situación. Yo creo todo lo contrario. Creo que estuvo muy presente para favorecer un proyecto que venía de la época del Proceso militar, ideado por los patrones de Martínez de Hoz y compañía”, sostuvo Elido Veschi, vocal de la comisión directiva de la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos y Administración General de Puertos (Apdfa).

   En la sede gremial ubicada en la calle Billinghurst de esta capital, el dirigente sindical recibió a “La locomotora” días antes del comienzo del segundo ciclo del programa que se emite durante los meses de verano por FM Local (103.7), de la ciudad bonaerense de Chivilcoy.

   Veschi, enrolado en Proyecto Sur –espacio que orienta el diputado nacional Fernando “Pino” Solanas-, condenó el denominado “Consenso de Washington, que consistía en desestructurar a naciones como la nuestra” y aclaró que “desestructurar quiere decir desintegrar las relaciones de solidaridad de la sociedad, las relaciones de producción, de desarrollo y crecimiento armónico. Para hacer eso era necesario pegar una embestida muy grande sobre los elementos que estructuran a esa Nación, como lo son la energía, el transporte, las comunicaciones, el comercio exterior y el manejo de la moneda”, puntualizó.

   Luego denunció que con la aplicación del programa neoliberal “el ataque al sistema ferroviario, principal eje estructurador del territorio nacional, se hizo manifiesto” y explicó que “lo que logró Cavallo en poco tiempo, en el gobierno de Menem –junto a los que votaron la Ley de Reforma del Estado, muchos de los cuales hoy están en el Congreso-, fue particionar las regiones del país de manera tal que fuera más parecido a Emiratos Arabes que a una Nación integrada. Para esto se desestructuró el ferrocarril y se armó este engendro de los ferrocarriles metropolitanos y los 30 y pico mil kilómetros restantes para los ferrocarriles de carga”, argumentó.

   “En ningún caso se puso por encima del negocio la integración del país, el manejo progresivo de una modernización e inversiones –opinó-. Tanto es así que los dos motivos básicos por los que se hizo ese crimen fueron reducir el déficit ferroviario, que pasó a llamarse subsidio, y modernizar la red ferroviaria. Basta ver lo que pasa para llegar a la conclusión que ninguno de los dos objetivos se cumplió. Al contrario, se agravaron todas las situaciones. Hoy puedo decir con toda tristeza, pero con toda responsabilidad, que el sistema ferroviario nacional está destruido absolutamente”, alertó.

   ¿Qué pasos se deben dar para revertir esta situación?

   Mucha gente dice que hay que estatizar esto. Yo, que soy un ferviente defensor del Estado para este tipo de economías estructurales, digo sí pero no olvidemos que de los 35 mil millones de dólares de patrimonio que tenían los ferrocarriles hoy no deben quedar más de 2.500 o 3.000 millones. Están destruidas las vías, las locomotoras y los vagones. Todo el sistema. La recuperación va a ser difícil y de largo plazo. El otro inconveniente enorme es que se ha cortado la generación de conocimiento, que venía por acumulación de varias generaciones. Esto pasó en la mayoría de las actividades que tenía el Estado, en las trece principales empresas del Estado, que producían el 16% del producto bruto nacional. Recibían por eso un subsidio del 3% del producto bruto en el peor de los casos. Entonces tenemos que cambiar la cabeza, porque hemos venido pensando en todos estos años con la cabeza del enemigo, del que nos destruyó. Es fundamental tener una visión cultural distinta. No quiere decir que uno tenga que ser un experto intelectual ni nada, sino empezar a aprender nuevamente lo que ya sabíamos hace 50 o 60 años, qué es lo nuestro y cómo lo tenemos que defender.

                                             “Tren para todos”

   ¿En qué consiste la propuesta de “El tren para todos”?

   El tren para todos salió en contraposición al disparate al tren de alta velocidad, más popularmente conocido como tren bala. En base a un estudio que había desarrollado mi querido amigo y compañero Jorge Contesti, que mostró desde el punto de vista técnico y económico en un libro muy conocido, que se podía reestructurar un sistema de 7.000 u 8.000 kilómetros de vías para pasajeros con velocidades racionales para la tecnología nuestra, a partir de ese momento hubo como una explosión y pareciera ser que a las sociedades en un momento le hace clic la cabeza y la gente empezó a entender que nos habían saqueado el sistema ferroviario nacional y que la vuelta a recuperar este sistema no pasaba por esta locura del tren bala y la supermodernización –que solamente terminaban en negocios- sino como racionalmente se puede reconstruir un sistema ferroviario, tanto para pasajeros como para carga. El tren para todos significa que la sociedad tenga nuevamente la visión que es propietaria de un sistema ferroviario que, a mediano y largo plazo, va a brindar no sólo la posibilidad de viajes personales y mejor distribución de la carga sino un plan de reindustrialización del país. Tenemos que volver a fabricar locomotoras, coches, vagones y vías. Hemos destruido la fábrica de vías que había en Somisa, en San Nicolás. Eso hay que reconstruirlo porque es un bien estratégico y si podemos dominar nuevamente la tecnología ferroviaria, podremos avanzar rápidamente en la modernización y la innovación.

   Un recordado periodista cipayo le decía a una tal “Doña Rosa” que, con sus impuestos, debía financiar el déficit de la empresa ferroviaria estatal: ¿Cuánto gasta el Estado hoy en subsidios a las concesionarias?

   Así como en petróleo teníamos una reserva de 15 años y ahora hablan de 6; en gas de treinta años y ahora de 7 u 8, en el sistema ferroviario nacional teníamos activos por más de 35 mil millones de dólares. Ahora esos activos no deben sobrepasar los 2.500 o 3.000 millones de dólares. Esa es la descapitalización que hemos sufrido. Vías por donde se podía circular a 120 o 140 kilómetros por hora, hoy no puede andar a más de 40. Esa diferencia de velocidad hace que haya una pérdida de activos descomunal. Como yo le decía a este Neustadt –que el diablo lo tenga donde lo tenga que tener- ‘la cacatúa del sistema’, a partir de que se transfieren al sector concesionario privado, no se habla más de déficit; se habla de subsidios. En el Presupuesto 2009, los subsidios del Area Metropolitana habla que por cada peso que pone el pasajero, el resto de los argentinos pone 6 pesos y eso sin contar las inversiones. Un despropósito absoluto. En la carga hay subsidios encubiertos. Cuando el gobierno dice que va a correr un tren a Tucumán, corre sobre vías de concesionarios de carga, como es el Nuevo Central Argentino del poderoso productor de General Deheza, el senador Urquía. Yo creí que era enemigo del gobierno porque votó en contra de la 125. En el último año, NCA recibió 524 millones de pesos de subsidios directos e indirectos, lo cual significa dos años y medio de facturación de esa empresa. Parece que no son tan enemigos a pesar de la votación. Ahora se encubre todo esto como subsidio y dicen ‘tenemos que seguir subsidiando porque si no el pasajero…’. Yo digo que el concesionario no tiene el menor sentido, porque lo único que hace es recibir su dinero, sacar su parte del negocio y administrar. Nada más. O sea que el Estado gasta una cantidad de pesos más un plus por tener un concesionario. Ahora bien, para poder recuperar el sistema nosotros proponemos dos cosas. Primero realizar los inventarios de todos los bienes entregados, porque no olvidemos que no es privatización sino concesión y los bienes son del Estado. Y después seguir la ruta de los subsidios para ver dónde fueron a parar. Por ahí nos encontramos con que fueron a parar a barrios privados. Si hacemos esas dos cosas iniciales tenemos recursos legales para empezar a recuperar algo de lo perdido.

                                               El gremio y la CTA

   ¿Cuántos afiliados perdió Apdfa tras la liquidación de Ferrocarriles Argentinos?

   Los cuatro gremios ferroviarios perdimos las mismas proporciones. Creo que dentro de todo este gremio es el que menos personal perdió en relación con el total. De cualquier manera nos vemos disminuidos a un tercio de lo que teníamos antes. Fue el único gremio que en la época de Menem planteaba su oposición frontal a todo el sistema de concesionamiento. O sea que no pasamos bien y hubo muchas maniobras para terminar con este gremio. Bueno, acá estamos vivitos… como dijo una persona: ‘Ustedes son chiquitos, pero son como la piedra del zapato: joden’. Parece que hemos nacido para joder al sistema.

   Apdfa es parte de la Central de Trabajadores Argentinos. Una de las demandas más fuertes de la CTA es el reconocimiento de la personería gremial. ¿En qué instancia se encuentra este reclamo, caracterizado por sus marchas y contramarchas?

   Tengo el orgullo de haber sido, con otros trece gremios, cofundador de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), un nuevo modo de ver la política gremial y hacer gremialismo. Estoy orgulloso por los compañeros que me han tocado, con quienes mantenemos una línea tratando de defender los intereses de los trabajadores. Creo que, como dijo De Gennaro hace poco, el tema de la personería es un paso jurídico que va a llegar. No tengo ninguna duda, ya se a  través de los gobiernos o de la Corte. De cualquier manera el reconocimiento a nivel nacional y a nivel mundial que tiene la CTA es de tal magnitud que hace realmente poco importante la personería. La personería sí sirve para estas cosas que ahora la Corte Suprema está normalizando, para que aquellos gremios simplemente inscriptos tengan la protección para que sus delegados y directivos puedan dedicarse a la defensa de los trabajadores. A mí me parece que tarde o temprano ese reconocimiento va a llegar. Aquí hay un movimiento de juventud impresionante. En la última reunión de la Constituyente Social, en Neuquén, entre las 4.000 personas que participaban calculo que había un 70% de gente muy joven y esto es muy alentador, porque eso no se ve en todos lados.

                                          El gran Scalabrini Ortiz

   En este 2009 que se está yendo se cumplieron 50 años del fallecimiento de Raúl Scalabrini Ortiz, figura emblemática del pensamiento nacional. ¿Cómo lo recuerdan desde el gremio?

   Primero, el orgullo de ser poseedores por voluntad de su esposa e hijos, de la biblioteca de Scalabrini Ortiz. Es increíble la cantidad de investigadores de todo el mundo que vienen a ver sus escritos. Tenemos los lápices y cuadernos de la escuela primaria. Se han hecho exposiciones donde casi toda la documentación salió de esta biblioteca. Lo que le atribuyo más que nada es la capacidad de haber sido absolutamente claro en su pensamiento intelectual y, como dijo Ortega y Gasset, dedicarse a las cosas. El enlazaba su capacidad intelectual para poder expresar determinadas cosas con su compromiso con esta Patria. Entonces, cualquier estudio que hacía y cualquier párrafo que escribía, tenía una potencia generadora de transformación enorme. Hoy, lamentablemente vemos en muchos intelectuales una jerigonza inexplicable. A veces para justificar cosas que no sabemos por qué se quieren justificar y una incapacidad de transformación. Creo que se ha perdido la capacidad de pensamiento crítico, que a Scalabrini le sobraba. Si en la Facultad de Ciencias Económicas, en vez de enseñar teorías idiotas sobre la economía que después hacen reventar el mundo –como pasó en esta última explosión financiera-, se enseñara el modo de razonamiento de Scalabrini y lo que él decía: ‘Si un economista te explica algo y no entendés, preguntale y si no lo entendés por segunda vez es porque  te están robando’. Es así de simple: todas estas teorías de la Escuela de Chicago, del consenso de Washington, fueron para el saqueo de las naciones, de las riquezas de las naciones. No hay explicación teórica. Hay un tipo que viene, roba todo lo que puede y se le da un marco teórico entre los tipos que se benefician con eso.

                                               Una mirada continental

   Algunos analistas hablan de un reposicionamiento de la derecha neoliberal en América latina. Se basan en lo que sucede en Chile, Colombia y también en Argentina luego de las últimas elecciones legislativas. ¿Qué avaluación hace del panorama político continental?

   Siguiendo lo que le escuché decir a Claudio Lozano hace un par de años, la emergencia de estos nuevos actores como el caso de Macri en Capital –que está en declinación absoluta-, pasa porque aquellos que se dicen progresistas no se animan a desarrollar políticas progresistas. Entonces la gente dice ‘ahí hay una estafa y voy a buscar por otro lado’. Cuando haya personas como Pino Solanas que dicen ‘vamos a legislar sobre la minería’ y cuando le toque estar al frente de la comisión va a tratar de hacerlo, vamos a ver los verdaderos alineamientos de esos que hablan todos los días por radio y televisión, van a encontrarse con lo que mismo que pasaba con Scalabrini Ortiz, con hechos concretos donde van a tener que decir sí o no. Ahí vamos a ver dónde se alinean los pingos. Para mí los timoratos que se dicen progresistas y no aplican políticas progresistas son los que le dan pie a los otros. Cosa que no pasa en Bolivia, en Venezuela ni en Ecuador, porque actúan de acuerdo a las palabras.

Autor: José Yapor

La historia de la familia Antonio

Eduardo Luis Antonio recordó a sus padres, Abraham y Catalina, su infancia en Chacabuco y la llegada de la familia a Chivilcoy, allá por los años `30

 

   Para los chivilcoyanos, el apellido Antonio está inconfundiblemente ligado a la industria metalúrgica y, dentro de ella, al rubro de productos galvanizados. La fábrica instalada en la avenida De Tomasso, en las inmediaciones del estadio del Club Gimnasia y Esgrima, es una de las pequeñas y medianas empresas familiares que ha logrado subsistir a los avatares de una economía cambiante. No es un dato menor en un país que soportó programas económicos decididamente desindustrializadores, con su secuela de desocupación, pobreza y exclusión social.

   La historia de los Antonio en la Argentina comenzó a escribirse allá por 1914, con la llegada de Abraham Engaibe y Catalina Zafatle, quienes inicialmente se instalaron en la vecina ciudad de Chacabuco. El era de Chadra; ella, de Zafito. Como muchos otros libaneses, llegaron a estas tierras del sur del continente americano escapándole a la miseria y la opresión.

   Eduardo Luis, el único sobreviviente de cinco hermanos, recuerda los principales acontecimientos de la historia familiar de esta manera: “Papá vino con dos hermanos más. Uno quedó en Brasil y los otros dos vinieron a Chacabuco, pero el hermano se volvió a El Líbano y papá se quedó solo. Mamá vino de polizonte, escondida -porque no podía viajar-, también de chiquita, a los 13 años. El viaje fue una odisea. Tardaban tres meses y se descomponían, porque el barco se zamarreaba para todos lados. Ya se conocían de allá y en Chacabuco se casaron muy jóvenes. Mamá vino con un hermano.    Al igual que otros paisanos decían que venían a ‘hacer la América’, con la idea de volverse. Pero no era tan fácil hacerse la América y han pasado las mil y una. El hermano que volvió a El Líbano vivió más de 100 años. Siempre le decía a nuestros primos que tenía dos hermanos que vinieron a América y nunca más tuvo noticia de ellos. Murió un poco antes del viaje que hizo mi hermano José, en 1975, para visitar a unos primos hermanos”.

Los Engaibe

   “El apellido nuestro era Engaibe –explica-. Cuando papá vino a la Argentina, en el Registro Civil le pusieron Antonio, no sé por qué motivo, si porque era muy difícil de escribir o pronunciar. Nosotros éramos cinco hermanos: María, Luis, José, Nélida y yo, el más chico, que fui anotado como Eduardo Luis Engaibe. Papá nunca me dijo nada y yo ignoraba que ése era mi apellido. Cuando cumplí 18 años, ya en Chivilcoy, para sacar la libreta de enrolamiento me pidieron la partida de nacimiento. Tomé el colectivo a Chacabuco y en el Registro empezaron a buscar en el libro, donde figuraban todos con el apellido Antonio, menos yo. El tipo me dijo: ‘Lo primero que tiene que averiguar es si es hijo legítimo de don Abraham Antonio’. Ni remotamente papá me lo había dicho. Me vine a Chivilcoy y le comenté a papá lo que había sucedido. Entonces papá me dijo: ‘Cuando salí de El Líbano dejé algunos bienes, algunas tierras, y pensé que algún día alguno de ustedes podría cobrar una herencia. Ese fue el motivo por el que te puse a vos como único heredero’. En aquel momento me costó mucho cambiar de apellido. Lo cambié y en el año ‘70 y pico mi hermano escribió varias cartas a la familia Engaibe, sin direcciones, sin nada. Nunca llegaba ninguna respuesta, hasta que un buen día llegó y se la llevó a Jorge Yapor para que la tradujera. Fue una alegría tremenda. Allá eran cinco hermanos, los cinco militares. Intercambiaron varias cartas y mi hermano decidió viajar. ¡Te imaginás el recibimiento que le hicieron! Una de las primeras preguntas fue si iba a reclamar la herencia que había dejado papá. Les dijo que no, que quería conocerlos a ellos y al pueblo donde había nacido mamá. Donde ellos vivían era una aldea con casas de piedra. Había un río donde lavaban la ropa. A los pocos días se armó una revolución y mi hermano tuvo que disparar. Después les perdimos el rastro”.

Almacén de esquina

   Don Abraham, apodado “Brajin”, tenía un almacén de ramos generales en Chacabuco. Por su trato diario con argentinos, con el paso de los años el hombre se fue acriollando a tal punto que “casi ni se le notaba que era árabe”. Diferente fue la historia de Catalina, quien a sus hijos les hablaba y enseñaba a rezar en su propia lengua. Además, les transmitió sus habilidades para la preparación de comidas y postres árabes.

“Papá se ofendía cuando le decían ‘turco’ y yo, cuando era chico, me avergonzaba. Pero ahora es muy común que a uno le digan ‘turco’ o ‘turquito’ –comenta-. El tenía un negocio muy lindo, muy grande en Chacabuco. En la esquina del Club Porteño nací yo y después papá se mudó enfrente. Era la época en que tenía el vino en bordalesa; la época de los conservadores y radicales y había unas disputas tremendas. Papá era muy bondadoso y por eso le fue como le fue. A veces, cuando hablan de crisis, yo digo que esos años fueron críticos, muy difíciles. Empezó a fiar y mamá le decía: ‘Brajín, no fíes…’. Claro, empezó a fiar y, como a la gente no le alcanzaba, cuando quiso acordar se fundió; no quedó con nada. Vivíamos a mitad de cuadra de la comisaría y creo que hasta el comisario lo embromó en aquella época”, agrega.

   Aquellas penosas circunstancias empujaron a la familia a replantear su vida, comenzando por una mudanza obligada al barrio del hospital, siempre en Chacabuco, cerca de otros miembros de la colectividad.

   “Nos fuimos a una casa y José, que ya era mayorcito, empezó a trabajar en una carpintería –relata Antonio-. Yo tenía 8 años y salía a vender a la calle escobas y cepillos que fabricaba un señor. Los domingos iba a la puerta de la iglesia con una cajita y vendía chocolatines, turrones y caramelos. Con una canasta también salía a vender frutas y me ganaba 10 o 15 centavos por día, que era lo que costaba un kilo de puchero más o menos. Para vivir…, para parar la olla; nada más. Eran años tremendos y la gente emigraba. Mucha gente de Chacabuco se fue a Buenos Aires y había casas desocupadas por todos lados. El maíz se quemaba porque no tenía mercado. Donde está actualmente la estación de colectivos, vos ibas con una bolsa de arpillera y te daban una bolsa de maíz gratis”.

De Chacabuco a Chivilcoy

   El primero en llegar a Chivilcoy fue José, tras su casamiento, y el resto de la familia siguió sus mismos pasos. No fue fácil abandonar la ciudad que los había acogido, pero aquí las perspectivas eran un tanto mejores.

   “Yo tenía 8 años y esa noche mamá y papá lloraron, porque en Chacabuco estaba toda la colectividad y ellos se desprendían –confiesa-. Tengo buena memoria de cómo era todo esto. En la avenida De Tomasso todavía no se había hecho el asfalto y tampoco estaba hecha la Ruta 30. Alquilamos un camioncito, cargamos los muebles y vinimos a vivir a la calle Salta. Mi hermano se vino con el sulkicito y el caballo. El entró a trabajar en una panadería y yo salí vender medias con una valijita que me dio mi cuñado, Agustín Posik, que tenía la tienda La Florida. Cosas de turcos, viste…”, explica Eduardo Luis apelando al buen humor.

   Como principal mandato de su padre, rescata que “siempre me decía que había que trabajar y ser buena persona en la vida. Cumplir con todo el mundo”. Fiel a esas enseñanzas, asegura que “siempre fui buscando hacerme un futuro y creo que el paso más importante lo di en el momento más oportuno. A veces le digo a la gente que, cuando se es demasiado joven, es muy difícil encarar una cosa y, cuando ya tenés una edad, también. Cuando me independicé tenía 27 años y pensé que si no iban bien las cosas tenía tiempo de volverme a emplear”.

   En su vida fue fundamental el acompañamiento de su esposa, Lidia Raele, y sus dos hijas, Liliana y Patricia. La primera de ellas comparte con su padre su tiempo en la empresa familiar; Patricia es odontóloga. Aunque desciende de italianos del sur, Lidia asimiló la cultura árabe y muy seguido expone sus cualidades para preparar keppe, yambora, fatay, labin y baclawa, entre otras delicias de la cocina de Medio Oriente.

   Con algo de resignación, Eduardo Luis Antonio comenta que “hace unos cuantos años intentamos formar una asociación, con Daude, Simón (Yapor), Abduca, Simón Cura, Salomón, los Posik que trabajan en el teatro, Chemes y el gordo Posik. Seríamos unos ocho o diez. Hacíamos alguna comida árabe y charlábamos. Empezamos a buscar descendientes por todos lados y éramos como doscientos. Había un solo nativo, un tal Moustafa. Después, no sé por qué motivo, fue una pena no seguir reuniéndonos aunque nunca pierdo las esperanzas”, concluye.

Autor: José Yapor 

 

La inmigración árabe en Chivilcoy

   La llegada a Chivilcoy de inmigrantes procedentes de El Líbano y Siria, y las circunstancias históricas en que ese proceso tuvo lugar, representa un fenómeno poco estudiado y escasamente documentado. Esa realidad, sumada a mi condición de nieto de un inmigrante del “país de los cedros”, me impulsó a buscar información sobre la historia de la llegada y el posterior arraigo de familias de Medio Oriente en una ciudad de la Pampa Húmeda.

   Fallecidos ya aquellos hombres y mujeres que entre fines del Siglo XIX y principios del XX arribaron a “La perla del oeste” en busca de un porvenir venturoso, sus hijos y nietos constituyen hoy la principal fuente de información. 

   Mi tío Simón, el único sobreviviente de los cuatro hijos de Don Jorge, me ayudó a armar la hoja de ruta para ubicar primero, y entusiasmar luego, a las personas encargadas de relatar tantas vivencias familiares que el paso inevitable de los años no ha podido borrar.

   Con la pretensión de volcar algún día todos esos testimonios en un libro, comencé a golpear puertas y grabar entrevistas. Primero hablé con el propio Simón y luego con Eduardo Luis Antonio, un conocido empresario metalúrgico. Quedan en lista de espera los Salomón, Amado, Cura, Abraham, Posik, Haz, Chemes, Abduca, Llamal, Aré, Alé, Sarkis y tantos otros “baisanos” que, a través de tantas décadas, han honrado la memoria de aquellos abnegados inmigrantes.

   Mis visitas espaciadas a Chivilcoy durante este 2010, que ya transita su fase final, no me han permitido contar con todo el volumen de material que hubiera querido. No obstante, aprovecharé al máximo mis próximas “idas” para poder avanzar decididamente en el proyecto.

   El nacimiento de este espacio en la red, mientras tanto, me permite difundir los testimonios logrados hasta el momento.

José Yapor

Hola amigos de La Locomotora

   ¿Cómo andan? Espero que muy bien y disfrutando de esta movida cultural que comanda José Yapor.  Quería contarles que en el programa original que se difunde por radio todos los veranos hay reservado un espacio que llamamos El Furgón de Cola, donde se abordan temáticas del área  educativa. Estos segmentos en el programa radial  tienen una duración de aproximadamente 10 minutos en los que se expone un tema por columna lo más exhaustivamente posible informando al oyente sobre autores y libros que fundamentan y basan la exposición.

   Es necesario explicar brevemente los conceptos de Educación y Cultura, que se encuentran presentes de una u otra manera en todas las columnas de las distintas audiciones:

EDUCACIÓN:                 

   Entendemos por Educación a aquel   fenómeno político, social, histórico y cultural, es decir la educación en sentido amplio , como un campo donde se desarrollan luchas de poder, por ejemplo raciales, de clase, de género, etc (El Lugar del Saber – A. Puiggros – 2003),  y que, de pronto, todo este gran aspecto  es el que contiene y condiciona a la pedagogía propiamente dicha, la del maestro, su quehacer diario, sus estrategias didácticas.  Para explicarlo con un  ejemplo, cuando hablemos de “Integración en la escuela” no nos detendremos tanto en las estrategias didácticas de los docentes; es decir, en la parte pedagógica propiamente dicha sino que problematizaremos este tema  a partir de preguntas tales como:

-¿ Qué consecuencias para nuestra organización política y social trae aparejada la tolerancia de una escuela que discrimina, vale decir, de una institución con un mandato social de suma importancia para el devenir de nuestra comunidad pero que a su vez ejerce una violencia simbólica (siguiendo el concepto de Pierre Bourdieu y J.Cl. Passeron– “La Reproducción”- 1979) de una crueldad inmensa sobre  vastos sectores sociales (no solamente los rotulados: DISCAPACITADOS, sino también inmigrantes, sobre todo, latinoamericanos, pobres, marginados, etc.)

   O También desde el siguiente interrogante:

-¿Sobre qué tipo de reglas, contrato social,  doctrinas  filosóficas..., ancla una comunidad que legitima con su silencio a la escolarización que discrimina?

CULTURA:                   

   También va ser útil para el oyente/lector referirnos al concepto de Cultura, es decir  qué entendemos por este término desde esta sección, y es en este campo donde encontramos varias posiciones e infinidad de matices.  Pero resumidamente podemos sostener que entre la noción de cultura digamos, más aristocrática, de elite, de alta calidad (¿quienes definen la “alta calidad”?), la de la selección para dejar “lo mejor” (¿quiénes deciden qué es lo mejor?); y otra idea de cultura más antropológica definida como la sumatoria del quehacer humano, de todos los hombres y las mujeres de este mundo... Bueno, nos quedamos con la segunda. Marcelo Caruso e Inés Dussel lo explican muy bien en su libro “De Sarmiento a los Simpson”, cuando asemejan la cultura a un puente de piedras debajo del cual corre un río. La cultura sería al puente lo que los hombres a las piedras, y más adelante se preguntan: -¿Cuál de todas las piedras tiene menos importancia?

   -¿Podemos quitar alguna piedra sin que el puente se desmorone? 

   Con esto no queremos decir que una ópera en el teatro Colón no sea un espectáculo relevante... pero no se maree,  cuando -choripán y vaso de vino por medio- sentado en el cordón de la vereda se encuentre paladeando un buen teatro callejero a la gorra o la práctica de la murga de su barrio, estará presenciando un hecho cultural distinto pero de igual importancia. 

   Y, dicho lo anterior, llegamos a la escuela que promovemos, totalmente inclusiva donde sólo halla lugar para un solo circuito  educativo para todos, donde no interese tanto el alumno/10 o el 9 o el 8 sino salvar a ese que está en el fondo, el que cada día se está por desbarrancar y salirse del sistema, el absolutamente maltratado por la vida, aquel que a duras penas y con mucho empeño institucional aprobará con lo mínimo. Y es crucial que esto sea así, sencillamente porque para construir nuestro puente necesitamos absolutamente todas las piedras.

 

   Así, desde esta perspectiva amplia  y “marco”, es desde la  que abordaremos los distintos temas del área, donde si bien tenemos una posición, una opinión tomada (que se evidencia en la selección de autores y textos) trataremos de evitar las afirmaciones contundentes y cerradas (de uso tan cotidiano en esta época) ya que nuestros seguidores probablemente no siempre coincidirán con el sentido y la forma en que tratamos los distintos temas. Sería también de suma utilidad que estas diferencias nos sean transmitidas y así poder iniciar algún tipo de debate o polémica, tan esclarecedor y fructífero, característico de las ciencias sociales en general. 

   Entonces vamos viendo que la intención de esta columna es, de esta manera,  modesta y humilde... simplemente que en el transcurso del “viaje” por La Locomotora (cada vez más interesante, por cierto) se detengan “un ratito” en el Furgón de Cola ( el mismo que se encuentra al final de todo el tren y donde el trabajador ferroviario descansa y conversa , distendido, con sus camaradas en los largas travesías) y así aprovechar ese tiempo y tirar sobre la mesa, entre mate y rodajas de salame casero, distintos temas relacionados con el sector de la Educación, que serán sólo presentados superficialmente y en sus tópicos más importantes y a su vez propondremos algunos autores y libros para que quien esté interesado, pueda profundizar esa perspectiva,

   Bueno, nos despedimos en esta presentación esperando satisfacer y estar a la altura de las expectativas de nuestros queridos oyentes y siempre aclarando y recordando  nuestro máximo respeto hacia el debate,  hacia la  otra opinión,  y desde la humildad de sabernos y reconocernos parciales, ideológicos y subjetivos en toda nuestra expresión política y cultural.

   Afectuosamente.

Autor: Marcelo Lobo

“Trabajamos para nosotros y hemos crecido”

Luis Peralta, presidente de la Cooperativa El General, destacó el éxito de la propuesta del restaurante temático ubicado en las puertas de San Telmo

 

   La Cooperativa El General es un emprendimiento creado por los trabajadores de un restaurante temático que resistieron al flagelo de la desocupación, ante un cierre que parecía inevitable. 

Por mandato de sus compañeros, Luis Peralta está al frente de esta experiencia de trabajo autogestionado, una de las más recientes de este sector que con dignidad lucha por mantener el empleo, crecer y desarrollarse.

   El local ubicado en Belgrano 350 -a pocas cuadras de Plaza de Mayo y en las puertas de San Telmo-, luce ambientado con la clásica iconografía del primer peronismo, que incluye fotos de Perón y Evita, símbolos partidarios, publicaciones de la época, discos, ceniceros, gorros, banderas y la inmortalizada imagen de “las patas en la fuente” de aquel histórico 17. 

¿Qué es la Cooperativa El General?

   Es un restaurante temático-cultural de Perón, que relata todo lo que fue la presidencia de Perón del ’45 al ’55, con todas las obras que ha hecho, todos los logros, los acontecimientos de esa época.

¿Cómo se inició el proceso de recuperación?

   Data de más de un año y medio atrás cuando, acá a doscientos metros –Belgrano 561-, era privada. Se utilizaba el restaurante para reuniones políticas y no como un emprendimiento gastronómico empresario. Se endeudó, no lo pudieron sostener y nosotros lo empezamos a sostener a partir de que ellos lo abandonaron. Recurrimos a todos los medios para tratar de mantenerlo abierto y tuvimos que constituir una cooperativa de trabajo. La gente del Inaes y Desarrollo Social, fue la que nos ayudó, nos capacitó y nos ha dejado en este momento como estamos. Alquilamos este local, lo refaccionamos con los compañeros e inauguramos un nuevo restaurante El General. Hace cuatro meses que estamos en el nuevo local y como cooperativa tenemos un año.

¿Qué evaluación hacen de la autogestión?

   Esto es un avance, una nueva propuesta. Somos más dueños de la casa, estamos en todos lados y no tenemos horarios. Nuestras familias están con nosotros; no están ayudando. Esto es otra cosa. Trabajamos para nosotros y hemos crecido en una magnitud tal que tuvimos que integrar a diez personas más a la flota. Ahora somos diecisiete.

A nivel gastronómico, ¿cuáles son las especialidades de El General?

   Acá tenemos una muy buena carta de pastas, pescados, mariscos, comidas salseadas y tenemos una muy buena parrilla que la denominamos parrilla al parquet, por un dicho de aquellos años que era que le daban casas a los humildes y levantaban el parquet para hacer asado. Pero tenemos un plato típico que es nuestro, que es el papel de papas.

Eso del parquet era una chicana de cierta clase media urbana que no se bancaba que el trabajador tuviera acceso a una vivienda digna…

Eso es verdad. Entonces acá reflotamos esa chicana dando una muy buena parrilla.

¿Cómo se llevan entre ustedes?

   Tenemos una relación de trabajo, seria y organizada, con sus tiempos, su dedicación y pautas necesarias. Cuando terminamos la jornada de trabajo nos dedicamos a ser compañeros y dueños de la cooperativa.

Hablando de la organización, justamente el general Perón decía que “la organización vence al tiempo”. ¿Lo leen a Perón?

   Sí, sí, esto es todo Perón. Nos hemos organizado y acá estamos para sostener las fuentes de trabajo y salvar este restaurante, el trabajo, los compañeros, la dignidad, la familia es todo.

¿Cómo califican la respuesta del público?

   Entramos a un mercado muy competitivo. Entramos como trabajadores, no como empresarios. Pero bien, la gente nos acepta, lo hacemos a pulmón, los muchachos están contentos, no tenemos horarios ni limitaciones y el pulmón y la fuerza es lo que nos interesa. Primero se cubren todas las necesidades básicas para el funcionamiento. Es importante que esto tenga funcionamiento, porque es para todos, y las ganancias son para todos los asociados por igual.

¿Cuál es la estrategia para seguir creciendo?

   Estamos apostando a que la gente reconozca la parte cultural que tenemos acá. Estamos de nuevo ante una apuesta: captar al turismo del interior que viene a Buenos Aires y estamos en la puerta de entrada a San Telmo. Estamos muy bien posicionados, en una muy buena esquina y en un muy buen local. Tenemos un gran apoyo de mucha militancia y muchos políticos, que quieren reunirse acá y se reúnen para recibir un buen servicio gastronómico. Apostamos a seguir creciendo, a seguir estables, no fracasar como fracasaron las personas que antes estuvieron, incorporar más compañeros, crecer, consolidarnos en el mercado e ir para adelante.

Autor: José Yapor